LA VICTORIA DE SAMOTRACIA EN MÉXICO

—¿Oye mamá, por qué ese ángel no tiene cabeza?
—No sé hijo, yo creo que es una escultura muy antigua y ya se rompió.
—Pero es de piedra y se ve que es muy dura, no creo que se haya roto solita; yo creo que es era ángel malo y se la cortaron para que ya no hiciera mal a nadie…
—Puede ser hijo, pero mira, mejor luego investigamos. ¿Te parece?
—Bueno má.

La joven madre (30 años, aproximadamente) y su inquieto hijo (más o menos siete años) se dedicaban a mirar con curiosidad la enorme escultura fechada entre los años 220 y 190 ac. Pertenece al periodo helenístico y está realizada en mármol blanco tallado y pulido. La original está en el Museo de Louvre, en París, Francia. Mide 2.75 metros de altura.

Una réplica se encuentra en el patio de la Academia de San Carlos y otra en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, ambas instituciones en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Pero no es un ángel, ni le cortaron la cabeza a propósito. Se trata de Niké, quien más que una diosa, era la personificación de la “Victoria” en la antigüedad.

Versión de la famosa figura en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. (Fotografía, Graciela Nájera Sánchez)

Se representa con alas y ataviada con un quitón (prenda de vestir de la antigua Grecia, semejante a una túnica usada tanto por hombres como por mujeres) ceñida a su figura. Esta obra se erigió en la isla de Samotracia, para celebrar una victoria naval. Niké se posaba en un pedestal en la proa de un trihemiolia (buque de guerra de la isla de Rodas).

La Victoria de Samotracia es un icono atemporal del arte occidental. Fue descubierta en un santuario de la isla de Samotracia, Grecia, donde los grandes hechizos protegían de los peligros del mar. La posición de la estatua, expuesta celosamente en el Museo de Louvre en Francia, revela que se esculpió para ser vista desde tres cuartos por el lado izquierdo.

Aunque no es museo, la Antigua Academia de San Carlos, plantel de la actual Facultad de Artes y Diseño (FAD), cumple esa función con visitas abiertas al público. El emblemático sitio exhibe varias y hermosas esculturas del arte griego-romano clásico y renacentista, además de impartir clases, cursos y diplomados de diversas manifestaciones artísticas.

Al entrar al recinto centenario, lo primero que ve el visitante es una copia de la Victoria de Samotracia, la diosa griega Niké, la de la victoria, cuyo original, carente de brazos y cabeza, fue rescatado del fondo del mar. En la antigüedad fue la preferida de marineros para colocarla en la proa de todo tipo de embarcaciones, sobre todo usados en la guerra.

Como otras de gran formato que están en el patio central de la Academia, la también llamada

La réplica que posee la Academia de San Carlos es objeto de actual limpieza. (Fotografía, Graciela Nájera Sánchez)

“Victoria alada” es una reproducción en yeso. Las originales fueron trabajadas en mármol y se encuentran en museos europeos, como el Louvre. Antaño era permitido sacar copias de estatuas originales. Algunas llegaron a México, para fines de enseñanza.

Arribaron a territorio nacional en tres lotes. El primero en los años iniciales de la Academia, alrededor de 1791. Así, brazos, manos y pies, en formatos pequeños, fueron utilizados por Manuel Tolsá como modelos para impartir clases, pues él fue uno de los principales profesores de esa institución, además de constructor de grandes palacios.

El segundo, de esculturas en gran formato, como la de Baco, dios del vino (también en el patio central), llegó a mediados del siglo XIX, época coincidente con el auge económico de la Academia, en gran parte por las rentas de la Lotería Nacional. Esa bonanza permitió a algunos alumnos estudiar en Europa y que profesores foráneos vinieran a dar clases.

El tercer y último lote fue traído al país a principios del siglo XX por el arquitecto Carlos Lazo, profesor de esa entidad y colaborador cercano del director de entonces, Antonio Rivas Mercado, personaje que terminó la construcción de la majestuosa Columna de la Independencia que desde hace más 100 años luce imponente sobre Paseo de la Reforma.

Otras esculturas adornan el patio principal de la centenaria academia. (Fotografía, Graciela Nájera Sánchez)

Las últimas reproducciones en yeso son conjuntos funerarios que se pueden observar en el patio central; tres de un lado, e igual número del otro. Son copias de las esculturas de Miguel Ángel, cuyos originales se hallan en la Basílica de San Lorenzo, en la ciudad de Florencia, Italia. Todas esas esculturas, sin excepción, son de una belleza inigualable.

La original fue descubierta en 1863 en la isla de Samotracia (Samothraki, en griego) por el arqueólogo y cónsul francés Charles Champoiseau, y la réplica que posee el Museo Nacional de las Culturas del Mundo se halla en una sala que explica al visitante que, por comercio o por guerra, el Mediterráneo fue surcado desde la más remota antigüedad.

Andrea Imaginario, especialista en artes, literatura e historia cultural, asegura que, de la Victoria de Samotracia, Niké de Samotracia o Victoria alada de Samotracia, no se sabe a quién fue su autor, aunque se cree que pertenece a la escuela de Rodas. Desde su descubrimiento, en el siglo XIX, es parte de la colección de antigüedades del Louvre.