DEL CALLEJÓN CHILITO A LA CALLE MARKTSTRABE Y LA PIAZZALE SANTUARIO

La historia de Goqu, un artista cuevanense autodidacta que pasó del grafiti al arte, premiado en Alemania e Italia

La lluvia azota la vieja ciudad minera y el Callejón del Chilito no tarda en convertirse en río abajo. Los muros grafiteados intensifican su color con la humedad y ven pasar a Goqu, ese chavo del barrio que pisa el adoquín y que con esos pies pisó calles de Alemania e Italia para darle a México triunfos gracias a su obra Madonnari y su Street art.

Es Antonio González Quintero, Goqu, joven cuevanense de 27 años que ganó en el Art Fest Whilhelmshaven, Alemania, y a los pocos días repitió el éxito en el festival de arte Madonnari más importante a nivel mundial: el 51º Incontro Nazionale del Madonnari, realizado en la Piazzale Santuario de Grazie di Curtatone, Italia.

Fueron triunfos de un artista autodidacta, guerrero de mil batallas de color y formas, pero más allá de esa noticia, apasiona más escribir de un chico de callejón, hijo de un cerrajero, chamaco que detuvieron por hacer grafiti en la calle, adolescente cafenauta que vendía café y té a los comerciantes, al que el acompañamiento de artistas le dio madurez creativa y que fue estudiante durante sólo unas semanas en una universidad donde él ya pintaba mientras a sus compañeros les enseñaban dibujo básico.

Su cuarto-estudio mide poco menos de tres por tres metros. Sus muros son murales tapizados de obra terminada y obra en proceso. Premios al fondo, cama tendida, cuadros que dan vida a la habitación y un caballete donde el artista realiza su siguiente obra.

Obras con las que Goqu triunfó en Europa: Madonna de Luján, en Italia; la señora rodeada con los animales, en Alemania.

Vocación desde el callejón

Manuel González Quintero nació en 1998 y desde niño tuvo gusto y vocación por el dibujo en una familia que sobrevivía del comercio y el oficio. Mientras que calle abajo el laberinto de callejones remata con la imponente figura de la Alhóndiga de Granaditas, el niño Goqu adquiría puntillas y lápices de colores y se adentraba en el mundo del ánime para hacer de las caricaturas y personajes de programas de televisión su universo en el papel. En concursos infantiles mostró sus dotes con dibujos de El Quijote, en temas como el niño y la mar y poco a poco comenzaba a profundizar en el mundo del arte, mientras su padre lo empujaba a aprender el arte de la cerrajería y dedicarse a algo que implicaba un ingreso seguro, sin esperar a ganar premios en competencias o vender cuadros.

Goqu hizo caso más a su pasión por la expresión plástica y siguió con su formación en un entorno donde el arte está en las pintas que marcan territorio, en apostarse a la vera del callejón para pedir “un aliviane”, un “móchate siquiera con diez varitos”. El siguió: primaria concluida y entrada a secundaria, donde vivió una experiencia que alcanza a muchos chavos de su edad: lo sorprendieron cuando grafiteaba en una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad.

Y ahí la insistencia familiar de dejar esos sueños y poner los pies en la tierra, la cerrajería o algún otro oficio. Goqu, empero, no cejó y siguió en su empeño. En 2013 mostró su talento con el madonnari y el mundo comenzó conocerlo más. Se enroló en el mundo del grafiti y el arte urbano, con Ignacio de Jesús, Cuco el Mosh, Mané Reina, Víctor Segoviano, David Granados. 

Goqu, en tanto, desde su barrio del Terremoto aprovechó ese mundo de comerciantes “donde todo mundo se conoce” para convertirse en un personaje en sí ya contrastante: un cafenauta. Por las mañanas llenaba su tanque con café o té, acomodaba los vasos desechables y bajaba a la zona del Mercado Hidalgo para vender calor con sabor a cafeína a los madrugadores.

Con esos ingresos aportaba a su casa, compraba lo necesario para hacer pinturas, dibujos y grafitis y poder llegar a cumplir su anhelo de ser artista plástico.

Desde un cuarto-estudio de allá por el Chilito, el mundo de Goqu. Al centro, premio ganado en Alemania: triunfos recordados con felicidad.

La academia no fue lo suyo

El siguiente paso era la universidad y fue a la de Querétaro, donde no le admitieron. Lo intentó en la de Guanajuato y ahí sí logró ingresar, pero aquello no fue lo esperado: mientras que a sus compañeros les enseñaban “palitos y bolitas” sobre el arte plástico, él ya era artista con concursos en su haber y varios premios ganados. Sus maestros reconocieron que andaba en otro nivel, pero le dijeron que debía seguirse en la disciplina escolar porque no podían salirse del plan de estudios. Entonces él se salió de la universidad.

Allá afuera, en el mundo real, alejado de la solemnidad y formalidad cuadrada de la Colmena, vieron talento en ese chamaco y ese reconocimiento lo llevó a tratar con dos consagrados: el cuevanense Javier Hernández “Capelo” y el internacional irapuatense Salvador Almaraz, el último grande del muralismo. Ellos lo apoyaron con conocimientos y consejos, le apoyaron con material y lo motivaron para que se convirtiera en creador plástico y demostrar a sus padres que se podía vivir del arte.

El cafenauta y ayudante de cerrajería se convertía en un artista plástico versátil, que aborda temas variados, que puede ir del hiper realismo al arte abstracto, que puede pintar para personajes como Santa Fe Klan y Franco Escamilla, para Grupo Salinas Pliego  o ilustrar al Mercado Hidalgo para tener conciencia en torno a la prevención ante el Covid 19, que lo mismo da forma a su manera, a los espacios de su ciudad natal que plasma obras donde mezcla pintura con escultura, que maneja técnicas variadas, que pinta en caballete, muros o banquetas.

Un artista con conciencia social, de amor por la naturaleza y por la identidad cultural. Por eso su propuesta en Alemania fue la de una de sus vecinas, mujer mayor, que posó como modelo, a la que vistió con huipil bordado —identidad mexicana— y la rodean animales en peligro de extinción o ya extintos. Sintetiza su mensaje con un “con respeto y amor haremos un mundo mejor para nosotros y los animales”.

Sus cuadros plasman mensajes de espiritualidad y de conciencia social, como el cuerpo de una niña que tuvo destino fatal o la niña que abraza palomas y que representa a la madre que espera el encuentro con sus hijos desaparecidos, a hijos ausentes que han dejado el nido. “Me gusta hacer arte que aporte a la sociedad”, dice con la sencillez de alguien que quiere expresar su sentir a un mundo de violencia y desigualdad.

El amor por lo propio marca esas enseñanzas de Capelo; el arte como conciencia social es voz de Almaraz llevada a ese joven moreno que luce arete y que parece tímido, pero que da cátedra de vida y arte. En cada explicación muestra que las obras no son sólo gusto, pasión y talento: detrás de cada una de ellas hay una visión social, una interpretación ideológica y un trabajo de investigación.

Obra para Santa Fe Klan y Cuadro que plasma la historia de una niña que tuvo una muerte trágica. 

Profeta también fuera de su tierra

Faltaba la internacionalización. Había recibido desde niño invitaciones para asistir a festivales de Colombia, Estados Unidos y Alemania y otros países. Subía trabajos a redes sociales y le insistieron. Vio que los costos para asistir eran altos y sus compañeros artistas lo animaron como reconocimiento a su calidad. En enero de 2024 envió solicitud para asistir a los festivales. Solicitó ayuda al municipio para ir a competir a Europa y no la tuvo y con esfuerzo y el apoyo de sus amigos, vecinos y los comerciantes del mercado juntó dinero para inscribirse por fin en los concursos en los que desde hace años quería participar y por fin lo logró. Fue con la gobernadora y le dijeron que sólo podían pagarle los viáticos. Él ya había adquirido los boletos y no pudo recibir más recursos.

Tuvo el apoyo de otros compañeros para viajar. Al llegar a Europa se reunió con un artista llamado José Méndez y de ahí se fueron a Alemania y empezó la odisea por el triunfo. Ahí estuvo del 1 al 3 de agosto pasado. Fue una experiencia de estrés porque llovió y sólo llevaba una sombrilla. Ahí le proporcionaron una lona para cubrir su obra, mientras que otros creadores habían instalado carpas. La lluvia le impedía terminar su obra. Tuvo que vencer el obstáculo del agua hasta el último momento del último día:

“Dije: no me puedo regresar sin haberlo dado todo, con la cara agachada, que siempre no gané nada; por lo menos de estar orgulloso de mi trabajo. Entonces, a lo mexicano: amarré la lona con un mecate y me puse a armarla así como si fuera un tianguis. Y todos me veían y así como que se reían, hasta los mismos mexicanos echando la carrilla, la burla de que ‘ya armaste tu tianguis, ¡llévele, llévele!’. El último día pude avanzar”.

Mural de Goqu en el mercado Hidalgo para generar conciencia en torno a la prevención ante el Covid 19. En la siguiente imagen: Piazzale Santuario.

Finalmente pudo hacer su propuesta de la señora mayor rodeada con los animales y aunque le faltaba parte del dibujo y temía no ganar, con ese trabajo logró el primer lugar, recuperó parte de la inversión del viaje y lució la bandera mexicana, flanqueado por un italiano y un alemán. 

De ahí se fue a Italia al 51º Incontro Nazionale dei Madonnari que se celebró en Grazie di Curtatone, Italia, los días 14 y 15 de agosto de 2025, como parte de la Antichissima Fiera delle Grazie. Durante este evento, más de 100 artistas de todo el mundo crearon obras de arte efímeras sobre el suelo del santuario, transformando el lugar en una galería a cielo abierto.

Ahí ganó con la propuesta de un hombre que abrazaba a la Madonna de Luján, Argentina, la advocación de la Virgen María. Es tierra de bandera tricolor, pero la del ganador tiene al centro un águila que sobre un nopal devora a una serpiente en el concurso de madonnari más antiguo e importante del mundo. Sus raíces datan de los siglos XV y XVI, cuando pintaban con carbones vírgenes en la plaza, para agradecer que los soldados llegaban con bien de la guerra.

No podía quedar mal: en esos concursos siempre hay mexicanos en los podios y son de los competidores a vencer. 

Rumbo a la Alhóndiga de Granaditas

Los triunfos de Goqu son los de artistas que lo valoran, de familia que al fin reconoce su profesión de artista, de comerciantes que lo vieron crecer, de vecinos que fueron compañeros de juegos y fiestas en los callejones.

Recuerda los patrocinios para acudir a concursos de la región hasta llegar al momento de contar con su portafolio y ser requerido por personajes de reconocimiento social.

Imagen de los ganadores en Alemania, y de la victoria de Goku en Italia.

La lluvia y la noche obligaron a terminar la charla en una estudio-cuarto de una casa inserta en callejones, con un joven de sencillez de barrio, generoso con una historia sin autoadjetivarse, sólo narrada con la honestidad de alguien que pasó del “rayoneo por hacer la maldad” a “crear obra de arte que aporte a la sociedad”.

La bajada por el callejón que se vuelve arroyo ofrece la oportunidad de escuchar más sentires del entrevistado. Se llega al destino final: Callejón de Terremoto y Alhóndiga de Granaditas. El sonar de la lluvia hacía eco con lo escuchado minutos antes: “No sabía que alguien podía vivir de dibujar ni que se podía dedicar al arte”.