ANDREA LÓPEZ POLO: RESCATAR PARA EDUCAR, EDUCAR PARA TRANSFORMAR

El mismo día que entrevisté a Andrea López Polo, el mundo perdió a Jane Goodall. Y mientras una voz se apagaba, otras, más jóvenes, libran sus propias batallas y toman fuerza para recordarnos que los animales sienten, son seres vivos en estado de indefensión ante el ser humano y merecen respeto.

Muchas de las historias de quienes dedican su tiempo, sus recursos y su vida al rescate de animales inician desde la infancia, de ahí la urgencia de acercar a los niños a estas experiencias para concientizarlos. Porque, a fin de cuentas, hacer sufrir a un animal, abandonarlo sin culpa, ser testigos indiferentes del maltrato siendo parte de la raza “civilizada” del planeta… ¿en qué nos convierte?

Andrea López Polo es fundadora de Kanitos – Educación Canina, instructora en actividades de formación y rescate, que complementa con adiestramiento y servicios para mascotas.

Andrea López Polo empezó a rescatar animales desde niña, como puede apreciarse en la imagen, a sus 9 años con uno de sus perros. 

“Empecé a rescatar animales desde niña con la complicidad de mi padre y mi abuela paterna. Ellos siempre me apoyaron para poder recibir animales. Hubo de todo en su casa: perros, gatos, ardillas, aves, serpientes y demás animales”.

Estar en contacto con animales desde temprana edad despierta la conciencia y el amor hacia ellos. Ahora, Andrea apuesta por la impartición de charlas, talleres y conferencias para sentar las bases de una mayor responsabilidad y respeto.

“A los animales rescatados se les ofrecen cuidados de salud, se les esteriliza, vacuna, desparasita y se trabaja con ellos a nivel emocional para que puedan irse a una familia sin ser un riesgo”.

Hoy sabemos que los animales también requieren cuidados para su salud emocional. Muchos, tras sufrir abandono o maltrato, manifiestan el terror con rechazo, agresividad o infinita tristeza. De ahí la importancia de la labor de los rescatistas, en su mayoría independientes.

A menudo creemos que cuentan con grandes apoyos institucionales, pero no es así. La realidad es que ponen su propio tiempo, dinero y esfuerzo, con el respaldo solidario de veterinarios que aceptan atender a los animales y dejar el pago pendiente.

“Formo parte de varios grupos de apoyo, pero los rescates los resuelvo con mis propios recursos. A veces hay gente que dona algún apoyo (que siempre prefiero sea en especie), pero es muy limitado en comparación con lo que se invierte en cada rescate y su manutención, hasta que logran ser adoptados”.

El problema se multiplica porque no hay cultura de esterilización: las mascotas abandonadas se reproducen sin control y las manos que ayudan nunca alcanzan. A esto se suman los animales que sí tienen dueño, pero viven en condiciones indignas: encerrados en azoteas, patios o abandonados en la calle.

Por eso Andrea, especialista certificada en educación canina e integración de familias multiespecie, y miembro de grupos como México sin Toreo, da un paso más: educar a la sociedad.

“Pasé del rescate a la educación porque me di cuenta de que no hay manos ni medios suficientes para la cantidad de animales maltratados y abandonados. Me parece que en donde mayor atención debemos poner, y lo que mayor beneficio puede traer a largo plazo, es enseñar en qué consiste la tutoría responsable, la importancia de la esterilización y el nexo con los animales de compañía para disminuir el abandono y el maltrato”.

El rescate conlleva un agotamiento físico, emocional y mental. Entre el silencio y la indiferencia, las historias pueden ser muy crudas y dolorosas.

“Situaciones frustrantes hay muchas, pero creo que la peor es que la gente a tu alrededor, que te ve batallar con la situación actual de los animales, no esté consciente de su papel como tutores responsables: no esterilizan, dejan vagar a sus perros, siguen comprando animales de raza en vez de adoptar. Y la apatía de las autoridades, sobre todo, para actuar en estos casos”.

Rescatistas y voluntarios que mueven cielo, mar y tierra para salvar vidas se convierten en héroes anónimos, desafiando carencias, distancia y falta de recursos.

“Me alienta que haya veterinarios experimentados que me digan que les he enseñado cosas para el manejo de los animales. O la beca que me otorgó Tudoridge Seminarios Caninos para ir a Canadá para mi especialización en comportamiento canino”.

Como en todas las luchas, cuando son reales y honestas, siempre hay luces de esperanza: manos extendidas que alientan al rescatista a seguir adelante. Pero no siempre hay finales felices, a algunos animales solo se les puede ayudar brindándoles una despedida digna. Y, aun en los casos exitosos, no hay suficientes adoptantes: los grupos de rescatados crecen ante la impotencia de sus salvadores.

“Quienes rescatamos no lo hacemos porque seamos millonarios o contemos con un refugio, sino porque somos personas comunes con sensibilidad ante el dolor de los animales. Todos podemos ayudar de algún modo: rescatando, siendo hogar temporal, donando, esterilizando, adoptando, vacunando, denunciando el maltrato y, particularmente, exigiendo a las autoridades que actúen. Como sociedad debemos resolver un problema que tiene muchas aristas a nivel de salud, social y emocional. El aprendizaje es lo más valioso que tenemos, así que hagamos uso de ello”.

Por eso Andrea busca acercarse a la gente, motivarla y sembrar en los más jóvenes el respeto por la vida.

“Creo que hay esperanza, pero se requiere involucramiento de la sociedad en todos los niveles, iniciando con las autoridades locales. Se requiere considerar la esterilización masiva como camino para cambiar la realidad de los animales. Después, como sociedad, educarnos para ser tutores responsables y estar conscientes de que todos los animales de compañía merecen un hogar, pero no todas las familias pueden tener uno”.

En distintos escenarios, Andrea ha compartido su experiencia para generar reflexión.

“Mi experiencia como ponente siempre ha sido positiva. Confrontar ideas permite analizar la información y convencernos de argumentos que quizá no habíamos tomado en cuenta. En alguna universidad me tocó que jóvenes que se consideraban ‘taurinos’ terminaran replanteándose su entretenimiento en esa práctica”.

Andrea López Polo es fundadora de “Kanitos – Educación Canina”, y además es instructora en actividades de formación y rescate, adiestramiento y servicios para mascotas.

Todos podemos ser rescatistas en mayor o menor grado. Todos deberíamos serlo. Así habría menos seres inocentes que mueren sin conocer jamás una caricia.

“Para ser parte de este círculo hay que escuchar, analizar, atender y finalmente aplicar las ideas de que somos parte de un todo junto con las demás especies con las que compartimos la tierra”.

Y entonces surge la pregunta inevitable: quizá no podamos salvar a miles, pero ¿qué pasaría si cada uno de nosotros decidiera salvar al menos a uno? Ese gesto puede marcar la diferencia entre el abandono y la esperanza.