SANTA CATALINA LLEGÓ A MÉXICO Y SE CONVIRTIÓ EN SANTA CATARINA
La parroquialidad de la iglesia de Santa Catarina (para los mexicanos) o Santa Catalina (para los europeos) data desde remotos tiempos, es una de las más antiguas de la Ciudad de México en cuanto a su asignación, y por lo que respecta a su edificación, fue levantada dos veces. Se encuentra en la orilla norte del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Respecto a lo primero, es una de las primeras parroquias para españoles fundada fuera de la traza de la ciudad. En cuanto a lo segundo, primero se edificó como parte del hospital del mismo nombre, fundado en el siglo XVI, pero el actual edificio se construyó hasta el siglo XVIII, muy cerca de la zona de mercados del barrio comercial de La Lagunilla.
Ocupa la esquina que forman las calles República de Brasil y República de Nicaragua, y de acuerdo con los habitantes de la zona, sin lugar a duda es el principal templo religioso del barrio, pues allí comenzaba la ruta hacia la Basílica de Guadalupe. Su fiesta patronal es el 25 de noviembre, y fue declarado Monumento Histórico el día 9 de febrero de 1931.

En su interior existe un retablo en el que se alcanza a leer que los primeros pobladores hispanos que entraron a la ciudad, ganada en guerra, fundaron una cofradía bajo el título y la advocación de Santa Catarina Mártir de Alejandría, y posteriormente pensaron hacer “una casa con hospital, y su iglesia, para que en él curaranse de sus enfermedades”.
A pesar de la pátina que el tiempo le ha dado, el retablo que narra su devenir histórico revela que, elevada la petición correspondiente, en cabildo del día 12 de enero de 1537, se les dio a los solicitantes “un solar pasando la acequia puesta de la otra parte del monasterio de Santo Domingo, en el camino que va al tianguis de Tlatelolco”.
El terreno, “junto a una cruz que allí está como vamos por la calzada sobre la mano derecha. Es el tercero solar pasando la pontezuela de dicha acequia sobre el lado derecho y allí se fundó su hospital, y junto a él, en la esquina, una capilla con culto público, dedicado a su Santa Patrona, haciéndose el estreno de ambos edificios el año de 1538”.
Treinta años después, en 1568, quedó la capilla erigida en parroquia en virtud de que ya era muy populoso el vecindario que habitaba esa barriada. Siendo una de las primeras parroquias erigidas en América junto con la de la Santa Vera Cruz (frente a la Alameda Central). De ahí se le conoce con el nombre de Santa Catarina Mártir de México.
La Inundación de 1629, que tantos estragos ocasionó a la ciudad, deterioró seriamente a la capilla, y fue indispensable reedificarla, aunque pasados varios años, con fondos que para el caso dio la caritativa dama doña Isabel de la Barrera viuda de don Simón de Haro, estrenándose dicha Iglesia el 22 de enero de 1662 en medio de solemnidades y regocijos.

“Algunos señores virreyes hicieron objeto de distinción a esta parroquia, entre ellos don Juan de Leyva y de la Cerda, Marqués de Leyva y Conde de Baños, y don Melchor Portocarrero Laso de la Vega, Conde de la Monclova, quien regaló un magnífico carruaje para el Sagrado Viático, que sacó un costo de 1400 pesos, aparte del tiro de mulillas”.
El retablo: “Bien fuese que la Iglesia no tuviera la amplitud requerida, o porque su construcción no reuniese solidez suficiente, se procedió a derribarla y fabricar otra nueva, que es la que existe en la actualidad, dedicándose con solemnidad el 21 de febrero de 1740, quedando mucho más amplia que la primera, bien decorada y harto suntuosa, pues que solo el altar mayor costó más de catorce mil pesos”.
El retablo principal, en los comienzos del siglo XIX, fue cambiado por un ciprés, trasladándose éste a la capilla de Balvanera en el Templo de san Francisco el Grande, en donde actualmente se encuentra. “Este templo poseyó varias pinturas de reconocido mérito artístico, las cuales se encuentran diseminadas en algunos templos de esta capital”.
Existen tres capillas laterales en su interior: la dedicada a la Virgen de los Dolores, al Sagrado Corazón de Jesús y la de la Preciosa Sangre de Cristo, con una reja de hierro forjado al frente, y un hermoso púlpito o cátedra en madera tallada muy interesante, que al parecer perteneció al colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, destaca el mismo retablo.
En 1861 contaba con 8 fincas de su propiedad, cuyo valor ascendía a la suma de 351 mil pesos. A esta Iglesia Parroquial pertenecieron las de Santiago Tlatelolco, Santa Ana, San Francisco de Tepito, y la Basílica de Guadalupe, la cual se desprendió en 1702. Hoy, pertenecen los templos y ex conventos de Santo Domingo y Nuestra Señora del Carmen.

Los días 14 y 15 de mayo de 1634 estuvo en esa parroquia la Imagen Original de Nuestra Señora de Guadalupe, que había estado en la Catedral a causa de la inundación de 1629. El 15 de agosto de 1770 recibió en esta parroquia el sacramento del bautismo Mariano Matamoros, sacerdote y héroe de la Independencia, quien había nacido un día antes.
Sandra Ferrer Valero, escritora apasionada por la historia de las mujeres, cree que Catalina de Alejandría ha sido envuelta, por su santidad, en un halo legendario que arroja dudas acerca de la veracidad de su historia, la de una virgen noble quien gracias a su cultura y erudición fue capaz de enfrentarse a grandes filósofos y al mismísimo emperador.
Señala que su gran inteligencia fue cultivada gracias a su familia, quien le facilitó el acceso a los estudios principales de ciencias y letras. Convertida al cristianismo por una visión de Cristo en la que le prometió la consagración de su vida a Dios, aprovechó la visita del Emperador Maximiano a sus dominios meridionales para conseguir de él su conversión.
La osadía de la joven cristiana le costaría el martirio. Incapaz de rebatir a Catalina en sus sabios argumentos, el emperador puso frente a ella un gran número de filósofos y sabios que intentaron convencerla del error de sus palabras. Lejos de conseguirlo, muchos de ellos fueron incluso convencidos por Catalina y convertidos de inmediato a la fe cristiana.
Incapaz de vencer a la joven y viendo amenazado su prestigio y poder, el gran emperador no podía quedarse de brazos cruzados. Y como no pudo vencer con la palabra, lo quiso intentar con la fuerza. Maximiano se dispuso a iniciar el martirio de Catalina usando una rueda con navajas, pero al entrar en contacto con la joven cristiana, se rompió.

Desesperado, Maximiano acabó con ella ordenando que la decapitaran. Al pie del Monte Sinaí se encuentra la tumba de Santa Catalina. Parece ser que unos monjes que vivían en el monasterio del monte sagrado hallaron el cuerpo de la mártir en una gruta cercana. Creyendo que unos ángeles la habían traído hasta ellos, la enterraron en su cenobio.
A partir de las Cruzadas la historia de Santa Catalina se extendió por Europa y se iniciaron las peregrinaciones a su tumba. Aunque no hay evidencias históricas de los hechos acaecidos a la santa, su relato supone una bonita historia que ensalza las virtudes de una mujer sabia que se enfrentó a los poderes terrenales en defensa de su propia fe. Lo cierto es que Santa Catalina de Alejandría está inscrita en el martirologio romano.

