EL MISTERIO DE LA CAJA DEL 2 DE NOVIEMBRE

De repente, el frío arreció. El cielo se nubló y la tarde se puso más oscura y ya no era posible sacar mejores fotos de tumbas y gavetas en el panteón de Santa Paula. Si fumara, habría encendido un cigarro —pensé— y en esa reflexión me encontraba cuando escuché una voz de un hombre mayor, con acento de hombre formal: 

—Buenas tardes, caballero, ¿qué hace a estas horas por aquí? Va a estar fuerte el frío. 

La penumbra impedía ver bien su rostro, sólo se percibía que era de tez clara y tenía una cara afilada, con ojos negros insertos en ojeras y arrugadas.

—Buenas tardes. Vine a tomar unas fotos. No todo en Santa Paula son las momias. Hay tumbas interesantes —le contesté.

—Aquí está medio Guanajuato —me dijo. 

—Más los que se encuentran allá abajo —apunté en dirección al panteón de las momias.

Antigua fotografía de Guanajuato con el Panteón de Santa Paula en una de las cimas. La segunda imagen pareciera ser de principio del siglo XX, con el “entrevistado”.

—Por fortuna ya no habrá más —comentó—. La última fue desenterrada en 2003. A partir de ese año, se prohibió la exhumación de más cuerpos  

—Así es —secundé—: a diferencia de las primeras momias encontradas en el siglo XIX, el nombre y los detalles sobre la última no se han hecho públicos, probablemente para proteger la identidad de la persona fallecida. 

Mi interlocutor comenzó a ilustrarme:

—Detrás de la exhumación de las primeras momias fue una ley de 1865, que exigía a los familiares pagar una cuota por el derecho a mantener a sus difuntos en el panteón. Al dejar de pagar, los cuerpos eran desenterrados. Si se encontraban momificados, eran guardados en una bodega y más tarde exhibidos. 

—Cierto: el Museo de las Momias de Guanajuato exhibe una colección de más de 100 cuerpos momificados que fueron encontrados en el Panteón. 

El hombre de cara seria añadió:

—Este panteón fue construido en 1853 el 13 de marzo de 1861. 

—Su construcción es de estilo neoclásico —le dije. 

—Es el que está de moda —respondió.

Solté la risa ante su sarcasmo. Él continuó: 

Imágenes del Panteón de Santa Paula, posiblemente de la década de 1950.

—El 9 de junio de 1865 fue exhumado el cuerpo momificado del médico francés. Remigio Leroy, en el nicho 214 de la primera serie del Panteón y así empezó eso de exhibir a la gente como si fuera ganado. 

Y le añadí:

—En 1971 fue rodada la película Las momias de Guanajuato y la cinta, donde aparecen los luchadores Tinieblas, Blue Demon, Mil máscaras y El Santo, abrió el camino para que estos cuerpos se convirtieran en atracción casi circense.

—Eso es una vergüenza —agregó, con indignación, el hombre.

—Así es —proseguí—: se han convertido en gran negocio. En los periódicos hemos escrito mucho sobre ese tema.  

—¡Así que usted es periodista! —dijo con mirada de asombro.

—Sí, mi amigo.

—Yo siempre quise ser periodista, pero ya ve, mejor me dediqué a la abogacía.

—Nunca es tarde, puede abrir su página de Facebook y ahí publicar lo que guste.

—Yo no sé de eso. A mí me gusta sentir el papel y ver letras y fotos.

—A mí también. 

Con el tiempo las gavetas se fueron terminando y el panteón se extendió a tumbas en su patio. En la primera imagen: enterradores del panteón en época porfiriana.

Entonces mostró una pequeña caja de madera forrada con fieltro negro:

—Por ejemplo: me hubiera gustado ver estas fotos publicadas.

Abrió la caja y explicó:

—Son fotos de este panteón, que tomé ya hace tiempo. 

—¡Eso está de poca madre, para un buen reportaje!

—Se las regalo —dijo el hombre mientras cerraba el cofrecillo. 

—Cómo cree, estas fotos son unas joyas. 

—Usted sí las puede publicar.

—Pues sí. 

Charlamos otro rato y nos cayó la noche. Fue entonces que el hombre se despidió y se fue rumbo a las gavetas, para bajar por una escalerita de metal que, hasta donde yo sabía, era la antigua entrada al Museo de las Momias y ya tiene rato cerrada.

Así exhibían originalmente a los cuerpos áridos.

Supuse que el hombre era cuidador del panteón. La puerta del mismo estaba abierta y pude salir sin ningún problema.

Al llegar a casa abrí el cofrecito que me diera aquel buen hombre. Era material ideal para publicar el 2 de noviembre.

Se trataba de fotos antiguas del Panteón de Santa Paula. Algunas estaban en decolorado sepia o presentaban roturas. Mostraban gavetas que estaban ocupadas en por lo menos un 80 por ciento y lo que ahora es el campo lleno de tumbas estaba casi vacío. 

En una de ellas aparecía una figura de hombre que vestía un traje negro y cubría su cabeza con un bombín del mismo color. Era innegable: su silueta era la del donador de las fotos.

Aquello sacudió la racionalidad de un investigador universitario. La explicación científica es que el tema de los muertos, aparecidos, ánimas y fantasmas son una construcción social alimentada por el imaginario colectivo. Ante la incertidumbre, planteé el tema a la IA. Su respuesta fue contundente:

Remigio Leroy, primer cuerpo exhumado como “momia”. Mujer supuestamente enterrada viva. Y antiguo osario en el panteón de Santa Paula. 

“No existe evidencia científica que confirme la existencia de fantasmas, y el consenso científico es que no son reales. Muchas de las experiencias asociadas a los fantasmas se pueden explicar por fenómenos naturales como la pareidolia (ver caras en objetos) o alucinaciones causadas por condiciones como la falta de sueño, el cansancio extremo o la exposición a sustancias como el monóxido de carbono. 

Explicaciones científicas: La ciencia explica las apariciones fantasmales como percepciones erróneas, alucinaciones o fenómenos psicológicos”.

Yo volví a mirar la foto y busqué en el archivo del teléfono celular la más reciente grabación y ahí estaba la voz del hombre que horas antes había entrevistado. Miré simultáneamente la foto que ya había escaneado y exclamé:

“¡Ay, güeyyy!”.