JOSÉ VILLANUEVA, EL OLVIDADO ARTISTA DOBLADENSE DEL PINCEL

El casi único dato que existe sobre José Alfredo Villanueva Ruiz afirma que pintó en la década de 1930 los cuadros que son parte de la estética visual del Templo Expiatorio de León. Son 13 obras donde el artista plasma un realismo envuelto en misticismo, que evidencian a un artista de las expresiones clásicas y a un hombre de fe. En las monografías de Ciudad Manuel Doblado, donde nació, sólo se indica “José Villanueva, pintor”. Incluso, en varios reportajes aparece como leonés. Se formó en París, se fue a radicar a León, pero no nació ahí.

Donó sus obras pero no hay mayor rastro de él. No existe una foto que recuerde su imagen. Ante ese panorama, se abre la primera tanda de preguntas:

¿Cuándo nació? ¿Qué y dónde estudió? ¿Por qué se quedó en León? ¿Qué otras obras realizó? ¿Cómo se puede valorar lo que hizo, más allá de lo existente en el templo Expiatorio? ¿Cuál era su visión del mundo? ¿Cuándo murió?

Las preguntas quedan al aire y como inicio de la inquietud, se reproduce el texto de una entrevista que el periodista Arturo González le hizo y se publicó en la revista Participación, número 16, año 2, el 2 de noviembre de 1986:

El pintor José Alfredo Villanueva representa la señal de la cruz ubicando de manera horizontal a la sagrada familia y vertical a la santísima trinidad. Este mural se encuentra en la parte inferior sobre la entrada principal del santuario Expiatorio de León.

“Cada día son más escasos los pintores que hacen arte verdadero; que tienen el suficiente talento para captar las sensaciones artísticas y realizar su propia personalidad sin desfigurar la vida”.

Este pensamiento vino a nuestra mente cuando una vez más, y después de mucho tiempo, volvimos a visitar a nuestro buen amigo y gran pintor guanajuatense José Villanueva en su tranquila mansión de la Calzada de los Héroes.

Es que en verdad pocos artistas hay como él; hombre sencillo, modesto, parco en el hablar especialmente cuando se trata de su arte y de su personalidad, emotivo al añorar sus años mozos cuando su arte era elogiado por la crítica europea al exhibir sus óleos en exposiciones montadas en las más famosas galerías de Roma, Venecia, Dusseldorf, Berna y París principalmente.

Villanueva es de cierto uno de los contadísimos pintores que aman el arte por el arte mismo. Plasma en el lienzo la naturaleza y transmite sus formas inalterables dando una vida casi real al paisaje; en las pinturas donde se expresan acciones y movimiento, las figuras parecen escapar del cuadro… ¡Vibran solamente contenidas por el sentido de lo irreal!… Pero la imaginación les da vida por la perfección de las formas y la belleza del colorido.

Los retratos parecen ser figuras reales que nos observan y que nos comunican su pensamiento, mientras el silencio que reina en el lugar, nos transporta a un mundo de paz, de tranquilidad y de belleza… ¡Es el mundo del arte puro y de la belleza verdadera!

Otra de las 13 obras del pintor José Villanueva en el Templo Expiatorio.

Toda la mansión es una extensa galería consagrada al arte pictórico que sólo conocen las pocas personas que recuerdan al artista y que son los pocos amigos que de cuando en cuando lo visitan, tanto de París, como de Italia, de España y de otros lugares, mientras que en León en particular y en Guanajuato en general, la mayoría de sus amigos, lo mismo que los artistas y el sector oficial, lo han olvidado.

“Amo profundamente a mi Guanajuato y en especial a Ciudad Manuel Doblado donde nací”, nos dice, y agrega: “Por eso he preferido permanecer aquí para siempre, no obstante que con frecuencia por los magníficos y sinceros amigos que dejé en París, entre los cuales se cuenta mi apoderada la Condesa de Van Parys quien adquirió toda mi obra de espátula y la exhibe permanentemente en su propia galería de Verenne, en donde me comunica a través de frecuentes misivas, que tiene un estudio especialmente esperándome”.

“Sin embargo, no abandonaré León. Por el contrario, he decidido donar todo esto que queda de mi obra a este pueblo laborioso y culto como una aportación modesta para el fomento del arte”.

Al efecto nos dice que previendo el futuro ha dispuesto la integración de un patronato para que se haga cargo de todo lo relacionado a la conversión de su mansión, en un museo.

Debemos aclarar que además de los muchos cuadros que adornan las paredes, todas y cada una de las salas de la mansión lucen bellísimamente decoradas con mobiliario y enseres auténticos de antiguas épocas de esplendor aristócrata.

Los cuadros de José Villanueva fueron hechos entre 1933 y 1934.

Manifestó su plena disposición de abrir su mansión al público para que propios y extraños puedan conocer lo que él considera su modesta obra pictórica, para lo cual sólo exige que se haga cargo de la organización y vigilancia, alguna institución de reconocida seriedad y responsabilidad y en determinadas fechas como pueden ser las fiestas de enero, el festival cervantino y cuando se efectúen congresos y reuniones de carácter científico, industrial o comercial.

Así mismo, siempre tendrá las puertas abiertas de su galería a estudiantes universitarios y a agrupaciones artísticas y culturales.

Casi al final de la amable charla accedió a contestar la obligada pregunta: “¿Cuál ha sido tu más grande satisfacción en tu vida artística?

Guardó silencio durante unos segundos y dejando traslucir en su rostro una expresión de mística y amor sin límites, respondió:

“Dos igualmente bellas: La primera cuando la marquesa de Arax, ilustre descendiente de la aristocracia francesa durante el reinado de Luis XV, me distinguió con su amistad y me permitió hacerle un retrato al óleo, cuadro que figura actualmente en la colección del Museo del Louvre en París”.

“Después, una inspiración sublime y hermosa me llevó a plasmar en el lienzo la figura del Ser más grande de la tierra: Jesús, cuadro que titulé Cristo de la Paz y que fue merecedor de un lugar especial de la biblioteca particular de su Santidad el Papa Paulo VI, quien lo recibió personalmente por conducto de una asociación de religiosas, por cuyo conducto me envió el Santo Padre una especial bendición y felicitación”.

Doña Gregoria Ruiz, madre del pintor dobladense José Alfredo Villanueva Ruiz, autor de los murales del Templo Expiatorio de León, Guanajuato.

Mucho aún puede decirse de José Villanueva, pues su vida bohemia transcurrió entre la pompa y el esplendor de la aristocracia europea, lo mismo que tuvo amistad con integrantes de la más alta sociedad mexicana y aún norte y sudamericana, ya que incursionó por gran parte del mundo como mensajero del arte nacional. Quizá algún día escriba sus memorias o algún biógrafo nos lo describa mejor.

Ahora vive solo acompañado de sus recuerdos y de las pinturas que quiso conservar. Cuando alguna persona amiga lo visita se muestra amable y feliz, porque comprueba así que, aun cuando su ostracismo voluntario ha hecho que el mundo del arte le haya olvidado, aun hay quienes se identifican con él y con su arte.

Esta joya de entrevista-reportaje que hizo don Arturo González queda como punto de arranque para la historiografía leonesa que celebrará en 2026 los 450 años de su fundación. Queda de tarea.