ANDREA RIVERA Y LA CONQUISTA DE LA TRAMOYA EN GUANAJUATO
Entre los siglos XVI y XVII se vivía el Siglo de Oro del teatro en España, y en Inglaterra genios como William Shakespeare estrenaban sus obras ante un público masculino. Los hombres incluso actuaban los roles femeninos porque, para entonces, la mujer debía limitarse a ser musa y a servir.
En algunos teatros, las damas podían ver las obras, pero solo desde la denominada “cazuela”, un espacio en la primera planta y al fondo del patio. Era imposible pensar que alguna de ellas participara en el montaje, la iluminación o la tramoya.
Y así pasaron los años. Y al fin llegó este tiempo: el tiempo de Andrea Rivera.
“Tengo especial gusto por el diseño y el manejo de la iluminación escénica. Me fascina la ciudad con estos jardines, calles y terrazas que me han visto crecer, por eso soy una guardiana de sus memorias a través de la cocina, las historias y la música que me enseñó mi abuela”.

Ella nació entre los festejos cervantinos de una ciudad desbordante, donde el bullicio, la gente, la música, el performance y el teatro se respiran a cada paso. Tal vez ahí nació su gusto y su pasión por el diseño y el manejo de la iluminación escénica… y … solo tal vez, las luminarias teatrales y las personas con luz interior estaban destinadas a brillar una al lado de la otra.
“La labor técnica escénica, de manera resumida, se ocupa de realizar los montajes necesarios para que todo concierto, coreografía, obra de teatro o cualquier propuesta escénica pueda llevarse a cabo. En extenso, es identificar, reunir, colocar, probar y utilizar todo el equipo y materiales necesarios para una presentación escénica en cualquier tipo de foro (teatro, museo, calle, etc.). Esto abarca la iluminación escénica, el audio, la tramoya, el video y otras áreas que lleguen a ser necesarias. Es un trabajo previo, durante y hasta después de que la función termina: días y horas de preparación, montaje, presentación y desmontaje”.
En mayo del 2023, Andrea Rivera, licenciada en Artes Escénicas por la Universidad de Guanajuato, estudiante de diseño de interiores, practicante de baile swing, francoparlante y amante de los gatos, ingresa a la plantilla de técnicos del Teatro Juárez y el Teatro Cervantes. Es la primera mujer que trabaja como técnica en estos recintos. Ella no solo mueve cables; ella pinta con haces de luz, creando atmósferas que sostienen la magia de la escena
“Personalmente, ser la única mujer que trabaja como técnico en el teatro es un logro compartido del cual estoy muy orgullosa, algo que me hubiera encantado celebrar con mi abuelita, que supiera que trabajo en mi teatro favorito, joya de nuestra ciudad y además uno de los más bellos de México (y me atrevería a decir del mundo). Pero al mismo tiempo, en algunos momentos se ha sentido como un camino solitario, desconocido, un andar a tientas en un teatro donde los fantasmas del «estás en un lugar de hombres» o «¿no que las morras tramoyistas lo pueden todo?» se aparecen para intimidar e invalidar”.
Cuando se toman caminos poco explorados o vírgenes en algún sentido, siempre se libra una batalla de conquista: ésa en la que es necesario domar el terreno agreste para hacerlo más amable. Ella no ha sido la excepción. Defender su espacio y su lugar en una labor destinada a los hombres (sin ninguna razón para que una mujer no pudiera realizarla) ha sido una constante en su día a día.
“Para apaciguar esos y otros fantasmas hay cosas que me ayudan a resistir: saber que no soy la primera ni seré la única mujer y disidente preparada, capaz y dispuesta a estar aquí; pero sobre todo saber que cuando una hace lo que le apasiona procura hacerlo lo mejor que puede, una se abre paso y encuentra por el trayecto a personas igualmente dispuestas a colaborar, forja amistades y, por qué no, hasta contactos que comparten aprendizajes sobre otras maneras de intervenir en este campo laboral. Muchos de esos contactos también son otras mujeres igualmente especializadas en el área, en este y otros países”.
Y es que el talento y la determinación no conocen de géneros. En casos como los de Andrea, la valentía, la resiliencia y el poder transformador de quienes desafían las normas establecidas son un triunfo silencioso que, sin embargo, derriba barreras. Su determinación no solo redefine su propia vida, sino que abre oportunidades para las generaciones futuras.
“Ante los cambios, una de las maneras con las que se enfrenta lo que se percibe como amenaza es la violencia. Una se desanima cuando estos actos rebasan un sistema que no sabe cómo atender y proteger a quienes laboramos en él, pero peor sería darles el punto de gane. Por eso yo he seguido en lo mío, con tropiezos y a veces solo cinco pesos de ganas de seguir, pero como ya dije, esto sigue siendo una carrera de resistencia. Yo me quedo con mi trabajo, mis aprendizajes, los varios logros que han sido aplaudidos y reconocidos, y las demás morras técnicas junto con las que ya camino”.

¿Por qué quedarse en un sitio en el que todos dudan y donde todo es luchar y demostrar? Andrea es clara: fallarse a una misma no es una opción.
“Estar aquí me ha abierto el panorama a nuevos sueños: motivar a futuras aspirantes y compartir lo poco o mucho que yo sé (y no a golpes, como dice la vieja escuela); poco a poco labrar un terreno más seguro y digno para nosotras y para todas las personas dedicadas al área técnica: una labor de fuerza física, de resistencia y habilidad mental, de largas jornadas, a grandes alturas; en fin, un trabajo de riesgo que procuramos hacer con los cuidados necesarios, muchas veces protegiéndonos entre nosotros mismos”.
Cuando el centro está en lo que dicta el corazón, las piedras son herramientas para construir puentes y los conflictos se vuelven desafíos.
“No hay que dejar de lado que nuestra labor es uno a uno todo el tiempo: requiere diálogo constante, desde el primer enlace con el grupo o persona que hará uso de los foros para conocer sus necesidades hasta que el foro se vacía y las luces se apagan. En varias ocasiones ayudamos a aterrizar ideas. El ingenio siempre se hace presente; a veces esta labor parece un tanto alquímica y otro tanto mágica cuando por fin se abre el telón y las muchas piezas que preparamos en equipo muestran el rompecabezas completo. Mi trabajo me ha llevado a conocer varios festivales y foros nacionales e internacionales”.
Y así, las frustraciones son la leña que aviva el fuego y entibia el orgullo de quien sabe que está en el camino correcto, a pesar de los obstáculos que intentan bloquear su andar.
“Entre los retos a los que me enfrento está el hacer un trabajo que de por sí es pesado y que, sin aviso, se te aparezcan los fantasmas que te dicen que estás ocupando un lugar de hombres; que te miran feo o te ignoran aunque les estés hablando; los que te dan tratos paternalistas; los que dudan de ti; los que hacen notar más tus errores que los de otros compañeros. En fin, la casita del terror del machismo y la misoginia. Pero también lo relegada que está la labor de técnico: creo que debido al desconocimiento y poco interés por saber qué implica nuestro trabajo, muchas veces laboramos en condiciones precarias e inseguras. Aunque uno de los mayores retos ha sido la resistencia al cambio de algunos colegas, eso creo que es eje angular de varios de estos retos”.
Sin embargo, no será por siempre. Cuando se observa el horizonte, se descubre que más cerca de lo que se piensa el mundo comienza a ser un lugar más luminoso, feliz y justo.
“Desde el FIC 52 ya habían llegado mensajes que decían: «He oído muy buenos comentarios del equipo de trabajo del Cervantes. Qué chingón que ustedes estén involucradas aquí. Sigan así». Pero en esta edición 53 del Cervantino me sentí muy honrada de formar parte y además poder liderar al primer equipo de iluminación del Teatro Cervantes conformado en su mayoría por mujeres. Gaby, Dany, Vianey, Isaac y yo, junto con el apoyo de toda la plantilla del Teatro Cervantes, nos encargamos de llevar a cabo los montajes de iluminación para todos los espectáculos programados este año durante la fiesta cervantina. Todas las personas del equipo rotamos eventualmente de actividad: mientras una estaba en consola grabando cues, otras estaban montando, afocando, revisando o reparando. Sin importar que dos de nuestras integrantes estuvieran ahí por primera vez, la disposición e interés por ser partícipes fueron siempre más grandes, y creo que les ayudaron a aprender muy pronto lo que tenían que hacer. Los grupos, compañías y colaboradores que pasaron por nuestro foro nos hicieron saber que estaban satisfechos con la forma tan precisa y veloz con que trabajamos en equipo. Me hace muy feliz saber que logramos cumplir con todo lo que el trabajo nos demandó, que lo hicimos con gusto, que lo disfrutamos, y que las risas, los ratos ligeros, las pláticas serias y profundas, así como las fotos al final de cada montaje, no faltaron”.
Y entonces, cuando los aplausos cesan, las luces se apagan y el silencio se apodera del teatro, solo queda Andrea y su luz propia en un palacio del arte que al fin duerme después de la gran función.

“Estos teatros cargan historias y energías desde muchas décadas atrás. Algunos de los vestigios que hemos procurado usar para inmortalizar memorias son los pergaminos: pinturas y escritos que cubren paredes del Juárez y del Cervantes, y que nos permiten recordar otros tiempos. Año con año encierran los nombres de quienes estuvimos trabajando juntos durante los Cervantinos y otros proyectos. Estos pergaminos están en áreas a las que solo quienes estamos tras bambalinas podemos acceder, donde podemos platicar sobre esos momentos, sobre nosotros y sobre esas personas que ya no están aquí, pero que en su momento también nos enseñaron los tejemanejes de esta labor. Son nombres de personas que hemos seguido sosteniendo la magia que se ejecuta en estos lugares y que, con gusto, sé que seguiremos compartiendo a nuevas generaciones”.
Porque, aunque el atrio de cada teatro y sus puertas majestuosas se muestren imponentes ante los transeúntes, dentro, muy dentro, la luz de un fueguito interno sigue encendida, brillando. En espera de sumar un día más.
“Gracias por abrir diálogo sobre esta labor tan importante, que a propósito debe ser invisible dentro de la escena, pero para nada debe ser invisibilizada. Gracias por el espacio para voces que también suelen ser invisibilizadas por otras razones, pero que, a paso firme y constante, seguimos resistiendo”.

