SANTUARIO DE GUADALUPE EN GUANAJUATO: UN TEPEYAC EN CERRO DE RAÍCES CHICHIMECAS

La Santísima Madre María de Guadalupe convivía en el siglo XVII con Nuestra Señora de Guanajuato, que había sido traída a la ciudad el 9 de agosto de 1557. Sería el siglo XVII el que diera al culto guadalupano un espacio para su ejercicio. Como émulo del Tepeyac, a la Virgen Morena se le asignó una parte alta, ubicada entre las minas y la Villa de Santa Fe, con una calzada que se convertiría en emblema e identidad de una urbe de profundo arraigo religioso católico.

La advocación local

La imagen de la advocación santafesina, tallada en madera de cedro y policromada, tenía una similitud con la guadalupana: ambas eran símbolo de la lucha contra la invasión mora a la península ibérica. Ambas habían sido escondidas por los cristianos para prevenir una profanación musulmana.

El simbolismo de la advocación guanajuatense no era menor: Fernando de Aragón e Isabel I de Castila fundaron y construyeron un campamento de Santa Sede, desde donde asediarían a Granada, para su recuperación en 1492. En el campamento tenían una imagen de virgen que recientemente había sido recuperada, le construyeron su propio templo, donde los españoles, imploraban el éxito de su misión.

Calzada de Guadalupe en 1950. (Fotografía: Archivo General del Estado de Guanajuato)

Era el campamento de Santa Fe, sede de las negociaciones y donde se firmaron los acuerdos de capitulación de los árabes, firmados por el sultán Mohamed Boabdil con el nombre de “Capitulaciones de Santa Fe”, mismo que entregó las llaves de Granada a los Reyes Católicos.

De ahí se inspiraría años después Carlos I, sucesor en el segundo reinado después de los de Castilla, para donar una imagen tallada en cedro, policromada y estofada de 1.15 m de altura, la cual tiene al niño en los brazos, en la zona de Andalucía, por un escultor cuyo nombre se desconoce, y así fue como dispuso que se enviara al naciente Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, esta imagen de la Virgen María fue la base de la fe católica guanajuatense desde 1557.

Su hermana guadalupana

Ya para entonces existía una creciente veneración en el reino de la Nueva España de la imagen que representaba a una virgen María inspirada en una advocación de Extremadura, España: Nuestra Señora de Guadalupe.

La versión mexicana de la extremadureña surgió a partir de que se atribuyó su aparición en el monte del Tepeyac, en la capital novohispana y ahí se le erigió un centro de veneración. Durante el siglo XVI hubo renuencia de las autoridades eclesiales. El arzobispo Alonso de Montúfar, por ejemplo, pedía no alentar el culto en la capilla del Tepeyac ante el riego de cometer idolatría, ante la sospecha de que había disfrazado culto a la antigua diosa Tonantzin (Madre de los mexicanos).

Pese a todo, la devoción guadalupana avanzó y ya para 1661, ante las versiones de milagros concedidos, hubo un importante pronunciamiento a favor de la doctrina de la Inmaculada Concepción y la veneración guadalupana tuvo reconocimiento pleno.

Fue en ese siglo cuando la versión de las apariciones, que no se plasmaron en los documentos oficiales del siglo XVI, tomó fuerza en publicaciones que se remitían a ellas.

Santuario de Guadalupe en 2025.

El cronista de la ciudad de Guanajuato, Eduardo Vidaurri Aréchiga, escribió:

“Al iniciar el siglo XVIII, en 1700, el culto había crecido enormemente y, por iniciativa de Francisco de Aguiar y Ceijas, se demolió el antiguo santuario guadalupano en México para construir uno nuevo que fue concluido en 1709. En el año de 1723 la Congregación de Ritos de Roma otorgó el 12 de octubre como el día de la fiesta a nuestra Señora del Pilar en Zaragoza”.

La guadalupana en Guanajuato

Así lo relata el historiador Vidaurri:

“En Guanajuato, justo en ese año de 1723, el clérigo don Antonio García Zerratón del Obispado de Guadalajara se propuso edificar, a expensas suyas, una capilla templo dedicado a la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe y lo hizo, además, muy rápido; para ayudarse a sufragar los gastos fundó una capellanía con $4,000. El propósito de la capilla templo y de la capellanía era, naturalmente, propagar el culto a la guadalupana entre los vecinos, pedir por las ánimas de los fieles difuntos y celebrar un novenario en el día de su aparición el 12 de diciembre”.

Y en ese tenor, don Juan de Ávalos donó dos pinturas de la guadalupana que tuvieron un costo de $3,844. En 1729 Sebastián Gómez y Nicolasa Muñoz testaron otras imágenes para la capilla templo. Esto es: Nuestra Señora de Guanajuato era la principal, pero no la única advocación mariana venerada en el Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato.

Entre 1731 y 1732, el contador Real Agustín de la Rosa financió el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, con motivo del bicentenario de las apariciones. El terreno escogido fue un camino que llegaba también a la mina de Guadalupe, cerca de Rayas, en un terreno propiedad de don Antonio Duarte.

Templo de Pardo, de los más antiguos donde se veneró a la Guadalupana.

Cuando el templo estaba muy avanzado, comenzó a habilitarse un camino que uniera al santuario con la Villa de Santa Fe de Guanajuato. El 30 de noviembre de 1733 se concluyó y se dedicó solemnemente el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. De ello consigna don Lucio Marmolejo en sus Efemérides. Sin embargo, la obra requería de algo más excelso: un digno altar mayor.

La Virgen de Guadalupe tomaba fuerza en una ciudad minera donde no podía faltar una leyenda guadalupana, que consigna también el cronista:

“El dueño de la mina de San Lorenzo, don Tomás Gorostiaga, encontró entre las piedras de plata de la mina una que tenía perfectamente figurada la imagen guadalupana. El acontecimiento generó reacciones diversas, por una parte el sabio matemático don Ignacio Bartolache se burló del hallazgo, pero otros testigos como el sacerdote José Joaquín Sardaneta confirmaron el suceso y manifestó también que algo similar había ocurrido en la mina de Cata, que se llamaba mina de Nuestra Señora de Guadalupe”.

No era el único espacio con esa identidad: había una hacienda de beneficio de metales denominada “de Nuestra Señora de Guadalupe”, que había propiedad de don José Pardo y Moscoso, quien la heredó a su hija María Ana de Pardo. Ahí existía una capilla donde se presume también estaba dedicada a la guadalupana.

Calzada de Guadalupe en 1940, antes de su primera remodelación. (Fotografía: Archivo General del Estado de Guanajuato)

La veneración guadalupana se extendía cada vez más por la Nueva España y en 1754 el Papa Benedicto XIV la nombró patrona del reino, concediéndole su misa y fiesta el 12 de diciembre. La información histórica disponible indica que en 1756 hubo grandes fiestas por el patronato, explica Vidaurri, especialmente en la mina de Cata donde se prolongó por ocho días con iluminación y extendiéndose los festejos por toda la ciudad.

La capilla de Pardo fue convertida en 1757 en centro de veneración para la Virgen Morena por iniciativa de la hija de don José Pardo Moscoso, pero ya para entonces la veneración principal estaba en el monte cercano al Cerro del Cuarto. Al templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe se llegaba por un camino que fue modernizado y ampliado, de tal manera que en 1775 se convirtió en Calzada hacia el Santuario guadalupano.

El 27 de noviembre de 1831 se concluyó el altar mayor del Santuario, una obra que fue iniciativa del sacerdote Manuel Méndez, para celebrarlo la imagen de la Virgen fue bajada al centro de la ciudad y luego fue conducida desde la parroquia (Basílica) hasta su altar en el Santuario ubicado en la cima de la Calzada de Guadalupe.

Entre dos tradiciones

El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe es de estilo neoclásico. En 1950 y 1954 fue remodelado

En el templo dedicado a Tonantzin, suplido por la Basílica de Guadalupe, donde solían hacer muy solemnes sacrificios y que venían a ellos de muy lejanas tierras, la tradición de las peregrinaciones tomó forma.

En el caso de Guanajuato, templos como los de Valenciana o Cata, construidos en cerros, remiten a la antigua tradición chichimeca de hacer de cuevas ubicadas en partes altas, un centro de ceremonia.

Santuario de Guadalupe en la primera mitad del siglo XX. El empedrado fue removido en la década de 1950. (Fotografía: Archivo General del Estado de Guanajuato)

Así, la ubicación del Santuario, construido en una parte elevada, identifica a la tradición guadalupana que alude al Tepeyac, pero también remite al sentir de un Mo-o-ti que veía en las alturas el espacio más cercano a los dioses.

La vestimenta de “inditos” remite a la identidad postmexica; a la guadalupana guanajuatense le falta una danza propia, que honre a las cuevas ocupadas por chichimecas, otomíes y purépechas, pero también que sea la demostración de una cristiana fe, de una Santa Fe.