JOSÉ MANUEL AMÉZQUITA, 50 AÑOS DE MÚSICA CAMINADA
Cuando se visita Guanajuato por primera vez, además de su arquitectura, su historia y su herencia cultural, el encuentro con la estudiantina impacta. Ese paso apresurado de los tunos que, con instrumentos en mano, recorren callejones y plazas seguidos de la gente, colorea el entorno de sonidos y alegría. Tiñe el aire de música en medio de una estampa viva que palpita.
De esta tradición han surgido figuras que han bordado la historia cultural de la ciudad a golpe de pandero. Uno de ellos es el maestro José Manuel Amézquita Huerta, con más de cincuenta años de trayectoria y representante de la Estudian-tuna de Guanajuato.
Quienes viven en esta ciudad lo reconocen al verlo pasar, casi siempre con el traje de tuna que lo ha acompañado tanto en las callejuelas guanajuatenses como en escenarios internacionales: Roma, donde tocaron para el Papa Francisco; Japón, en el Festival Internacional de las Flores de Hiroshima en 2018 y 2024; o festivales como Cruzando Fronteras en 2013, junto a artistas de Italia, México y Estados Unidos. La bohemia viaja con ellos con la misma naturalidad con la que se instala en casa.

“Ha sido un honor ir por Castelletto, Italia; marchar y evadir a los policías en Pisa y en la ciudad de Romeo y Julieta; cerrar la gira del Vaticano junto al Santo Padre Francisco el 18 de septiembre de 2019; compartir el escenario representando a Guanajuato-México y conectar con todos los presentes mediante la música de Don Quirino Mendoza y la de nuestro orgullo de Dolores Hidalgo… Dormir en casa de la embajadora de Canadá, con residencia en Ottawa; ejecutar La Llorona y cantos de Día de Muertos en Toronto; saludar a los madrileños; tocar junto a la playa de Valencia; sentir la gélida noche en Valladolid y, al siguiente mediodía, actuar en la casa del autor de Don Juan Tenorio. No puedo llevar un orden cronológico, pero sí resaltar momentos como lo ocurrido en el XXII Certamen Internacional de Tunas y Estudiantinas, donde Angélica Amézquita Fuentes (actualmente Angélica Infante), soprano de profesión, obtuvo el Premio al Mejor Solista”.
El vínculo del maestro Amézquita con la música comenzó temprano. Tenía catorce años:
“Estando con los amigos del barrio en una casa ubicada en la placita del Santuario de Guadalupe, veíamos todos los domingos los partidos de fútbol de don José Zamarripa y su linda esposa, a quien él llamaba La Chula. Una de esas tardes ingresó un minero de nombre Cipriano, quien le enseñó un bajeo a don Pepe Zamarripa. Para ello descolgaron una guitarra que estaba en la pared y le tañó cuatro sonidos que hicieron que me interesara ese fantástico instrumento. En ese tiempo yo vivía con mis padres en Puquero 25; al llegar esperé la llegada de don Epifanio para pedirle que me regalara una guitarra, lo cual ocurrió a los quince días, y de ahí en adelante comencé el autoaprendizaje”.
“Me considero lírico y empírico”, explica. “Tengo carrera trunca en piano en la Escuela de Música de la Universidad de Guanajuato. A lo largo de dos semestres, el maestro Rodolfo Ponce Montero, pianista concertino y formador de muchas generaciones, fue mi profesor. La maestra de vocalización y canto fue Carmen Sordo Sodi”. Aun cuando no llegó a la meta académica, la música ya había encontrado sus propios caminos para arraigarse y florecer.
Uno de sus recuerdos más nítidos es la primera noche como parte de una estudiantina:
“Nunca olvidaré la noche del martes 8 de octubre de 1974, entrando al edificio central de la Universidad de Guanajuato para apostarnos en el Auditorio General y esperar la llegada del Gran Maese Tunae Emilio Ortiz García, quien condujo durante treinta años a muchas generaciones. Nosotros emigramos en el 83”.
Y entonces, cuando el final de una época llegó, comenzó el inicio de otra. La Estudian-tuna de Guanajuato nació el 7 de abril de 1983.
Cinco décadas se dicen fácil; sin embargo, implican cientos de jornadas en las que el talento, la disciplina y el honor sostienen una fraternidad forjada con el paso de los días y las experiencias compartidas.
“Lo complejo de sostener esta hermandad se erradica desde el momento en que la música es el principio y el fin de todas las cosas. Eso, a la ligera, supera cualquier situación de conflicto, ya sea académico, musical o de índole personal. Afortunadamente, la mística de esta agrupación ha sido entregar nuestras capacidades y virtudes en un solo ensamble; por ello se genera empatía y conectividad emocional, espiritual y operativa”.
Hoy existen muchas estudiantinas, pero la Estudian-tuna de Guanajuato se distingue por su historia y por el reconocimiento ganado a lo largo del tiempo. Más allá de los títulos que la nombran Ilustre, Legendaria o Intercontinental, su verdadero valor está en el aprecio de quienes la escuchan.
Para el maestro José Amézquita Huerta, la pertenencia no se concede: se ejerce. “Ejecutar la música con garbo y orgullo guanajuatense” es la única forma de ser parte.
A lo largo de los años, la estructura de la Estudian-tuna ha evolucionado sin perder su raíz. Musicalmente se conservan los instrumentos que definen la tradición: guitarras que sostienen el cuerpo sonoro; bandurrias y mandolinas que dibujan la melodía; laúd y tololoche que aportan profundidad; y la pandereta, símbolo de alegría, desparpajo y libertad.
En diciembre de 2025, el colectivo Manos Unidas de Guanajuato reconoció al maestro Amézquita por su capacidad de unir a las personas a través de la música y la bohemia. Un reconocimiento que no cierra una historia, sino que confirma una vocación sostenida.

“Agradezco a este rinconcito de América el haber nacido en esta ciudad de antiguos hombres y mujeres ilustres; a mi madre, Ma. Guadalupe Huerta Reveles, de quien heredé la pasión y vocación de ser profesor y catedrático —actividad desempeñada durante 33 años oficialmente y los demás que seguimos ejerciendo por iniciativa propia—; y a mi padre, por cobijarme con su sabiduría innata. Haber nacido en Guanajuato ya es una ventaja para conducirme con orgullo y altivez”.
Más allá de los escenarios, los viajes y los aplausos, la estudiantina sigue siendo música caminada, compartida, vivida. Y Guanajuato, su casa sonora.
“Leyendo y escuchando testimonios orales de fundadores y participantes de esta gran experiencia, me queda claro que la estudiantina nace de la grandeza de metas y de proyectos eternos, donde incluso la reina Isabel de Inglaterra deja su presencia como referente de la plusvalía mundial de mi bella ciudad”.
Y es que la estudiantina, en su andar, ha elevado ese canto que reafirma que Guanajuato, entre sierras y montañas, es el dueño de todos nuestros amores.

