JESÚS SIN HOGAR

La cantidad de personas sin hogar en México es un tema complejo y difícil de cuantificar con precisión. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2020 había 5,778 personas sin hogar en todo el país. Sin embargo, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) la cifra podría llegar a 14 millones.

En la Ciudad de México, el conteo de personas en situación de calle 2023-2024 reportó 1,124 personas, lo que representa un aumento del 20.6% en comparación con el período 2019-2020. La mayoría de estas personas son hombres (86%), y el 55% se concentra en la alcaldía Cuauhtémoc. Las cifras son aproximadas, pues no existe un censo confiable.

Timothy P. Schmalz (Canadá, 1969) es un escultor y católico devoto. Tiene un profundo interés manifiesto en figuras religiosas y en obras para espacios públicos. Su obra que más destaca es Jesús sin hogar, un intento de hacer visibles a las personas en condición de calle. De ideas religiosas, ve en el arte un medio para hacer patente su gran espiritualidad.

La escultura es realmente impresionante. Mueve sentimientos y emociones en torno a las enseñanzas de Jesús, y se revela como una obra de arte religioso de enorme belleza y simbolismo. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Jesús sin hogar representa a Jesús viviendo en la calle, durmiendo en una banca de un parque. Su rostro y manos están ocultos bajo una manta, pero las heridas de crucifixión en sus pies revelan su identidad; es como una traducción visual del pasaje del Evangelio de Mateo en el que Jesús les dice a sus discípulos unas palabras que llegan al corazón:

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”. Y ellos les contestaron: “Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”. El Rey les respondió: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. Mateo 25.35-40.

La inspiración para crear esta escultura llegó al autor cuando observó a una persona sin hogar durmiendo en una banca durante la época navideña de 2012 en Toronto, Canadá. Schmalz se sintió conmovido por la situación y creó esta obra que refleja la realidad de las personas sin hogar y, a la vez, recuerda a los espectadores la enseñanza de Jesús.

La escultura original se instaló en el Regis College, una escuela de teología jesuita en Toronto, en 2013 y a la fecha ha sido replicada en más de 100 sitios alrededor del mundo, incluyendo el Vaticano, donde fue bendecida por el Papa Francisco en 2013. La obra es de tamaño natural, es decir, mide casi 1.70 metros, la estatura promedio de un hombre.

Está hecha de bronce, por lo que tiene un peso considerable, aunque no existe un dato al respecto. Jesús sin hogar ha tenido gran impacto en la conciencia de los espectadores y ha generado reflexión sobre la importancia de la solidaridad y el cuidado hacia los más necesitados, recordando que cada acto de bondad hacia los demás es un acto para Cristo.

La escultura también ha sido objeto de debate y reflexión en diferentes partes del mundo, generando una conversación sobre la situación de las personas sin hogar y la necesidad de encontrar soluciones reales y concretas para abordar este problema, pues prácticamente en todas las grandes ciudades del planeta existen personas que no tienen dónde vivir.

Una réplica de la escultura Jesús sin hogar está en este país. Se encuentra en el Patio de Canónigos de la Catedral Metropolitana, en la Ciudad de México. Fue develada en 2020 por el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, como parte de una idea para crear conciencia sobre la triste situación de las personas en condición de calle.

Algunos admiradores de esta obra incluyen al Papa Francisco, quien bendijo la escultura en el Vaticano en 2013 y la consideró una representación conmovedora de la presencia de Cristo en los marginados. Los fieles católicos veneran las réplicas que han sido instaladas en iglesias y catedrales, y la visitan para reflexionar sobre esta situación.

La obra de Schmalz ha sido elogiada por numerosos artistas, por su inmensa capacidad para transmitir un mensaje poderoso y conmovedor. La escultura se ha convertido en un símbolo de esperanza y dignidad para muchas personas sin hogar, quienes se sienten vistas y reconocidas en la representación de Jesús, aunque eso muy poco alivia su pena.

Jesús sin hogar es una pieza de arte religioso que tiene una gran importancia por varias razones: es una crítica a la sociedad que margina a los vulnerables; recuerda la enseñanza de Jesús sobre la importancia de tratar a los demás con compasión y respeto; simboliza la presencia de Dios en los marginados, y recuerda que Jesús sí se identificó con ellos.

La escultura de Timothy Schmalz es una representación de Jesús, pero no es una imagen tradicional de él. La identificación de la figura como Jesús se basa en varios elementos, como las heridas de crucifixión en los pies y las manos de la figura, y aunque el rostro de la figura está cubierto, la fisonomía es similar a las representaciones comunes de Jesús.

La cédula que explica la trascendencia del mítico episodio bíblico está al pie de la escultura. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El rostro de la figura no se ve, pues la cabeza está cubierta con una manta o tela, lo que oculta el rostro y enfatiza la anonimidad y la vulnerabilidad de la persona representada. Esto también permite al espectador proyectar su propia imagen o emoción en la figura, lo que puede hacer que la obra sea más impactante y personal. Realmente emociona verla.

Compasión, reflexión, culpa o vergüenza, sorpresa o asombro y esperanza son algunas de las emociones y sentimientos que la escultura pone a flor de piel del espectador. Jesús sin hogar es una obra que busca (y lo logra muy bien) provocar respuestas emocionales en quien la observa. La obra es producto de una experiencia personal y de la fe cristiana.

La escultura llegó a México en 2020, cuando fue inaugurada en el Patio de Canónigos, como una iniciativa de la Orden de Malta, organización laica fundada en 1099 con sede en Roma, que se dedica a proyectos sociales, humanitarios y médicos. La orden también busca con esta escultura sensibilizar a la población sobre la situación de los indigentes.