LAS METAMORFOSIS DE LA ESCULTURA

Sobrevivientes de la antigüedad clásica han llegado hasta hoy dos obras literarias de gran importancia. Aunque de diferente autoría, género, estilo y temporalidad, usan la palabra Metamorfosis. Plubio Ovidio Nasón escribió su canónico texto Metamorfosis, poema en latín dividido en 15 libros, en el siglo I d.c. Por otro lado, Apuleyo escribió en el siglo II d.c. Las Metamorfosis, también conocidas como El Asno de Oro.

El primero comienza narrando los inicios del mundo. Múltiples relatos de héroes y dioses inundan las Metamorfosis de Ovidio, quien de forma cíclica narra hechos históricos y mitológicos ligados a historias de cambios y transformaciones; Apuleyo escribió esta obra que ha sido clasificada como una novela que narra la metamorfosis de un mercader llamado “Lucio”, quien vive aventuras a lo largo de los once libros.

El prestigio de ambas obras ha sido punto de referencia y eco de inspiración para diversos artistas, entre ellos los escultores. Con la idea de pensar en las metamorfosis, el Museo Nacional de San Carlos presenta actualmente una mirada a un corpus de esculturas de su colección que tienen alguna relación con las obras de Apuleyo y de Ovidio. La variedad de esculturas presentadas muestra algo de capital importancia.

El Museo San Carlos presenta una nueva exposición donde conviven literatura y escultura.

Es decir, el interés que tuvieron los artistas del siglo XIX en estudiar y recuperar temas de la Antigüedad Clásica grecolatina y el valor que tuvieron en su formación. Ya fuera desde el estudio formal, pero también desde el conocimiento de temas mitológicos e históricos, los escultores demostraron sus habilidades y talentos a través de la observación, copia e invención de temas de ese pasado remoto.

En el entendido de resignificar el trabajo escultórico y ornamental de la colección, la exposición Las metamorfosis de la escultura brinda dicha lectura. Así, episodios históricos y mitológicos sirvieron de inspiración a los artífices de las piezas expuestas en relieve y en bulto. Por supuesto que el nombre de la muestra hace homenaje a los textos clásicos que fungen como referencia para las piezas seleccionadas.

También alude a la metamorfosis como palabra que significa el cambio de un estado a otro. Así como los personajes de las obras literarias tuvieron cambios y mudanzas, también en algún momento la piedra, el barro y el yeso se transformaron en las obras maravillosas que el público puede conocer en la planta baja del recinto localizado en Av. México-Tenochtitlan 50, cerca del Monumento a la Revolución en la CDMX.

Paris y Helena. Siguiente imagen: San Sebastián.

París y Helena. Gracias a la intervención del profesor de escultura Manuel Vilar, en la década de 1850 la Academia de San Carlos adquirió un grupo en mármol ejecutado por el artista español Antonio Solá durante su estancia en Roma. Se trata de la escena del rapto de Helena. La pieza describe el episodio en el que el príncipe troyano Paris llega a la corte de Agamenón y se enamora de Helena.

Ella no puede resistirse a sus encantos seductores, por lo que es raptada y alejada de su esposo Menelao, hecho que desencadena la Guerra de Troya. Solá representa el momento de seducción en un cruce de miradas íntimas y en el que la pareja sale huyendo. Varias fuentes y autores de la antigüedad remiten a este episodio, entre ellos Ovidio en Las Metamorfosis cuando en el libro XII menciona la escena del rapto.

Cabeza de jabalí. El relieve en friso de Pierre Louis Rouillard se inscribe en la producción escultórica de los llamados animaliers, concepto que empezó a utilizarse en Francia en la década de 1830. Primero, de forma despectiva para referirse a la producción del escultor francés Antoine Louis-Barye. Luego, el término fue revalorizado para designar al arte de producir esculturas de animales domésticos y salvajes.

Corona de laurel, seguida de Mercurio. Por último: cabeza de jabalí.

Muchos escultores y ornamentistas tenían como parte de su estudio representar animales, y la Academia de San Carlos lo apoyó. El friso de yeso que forma parte de la exposición representa la cabeza de un jabalí de perfil. El escultor francés reparó en acentuar rasgos como el pelaje, los colmillos y su largo hocico. El jabalí es un mamífero con fuerte presencia en varios episodios de Las Metamorfosis de Ovidio.

Corona de laurel. Parte fundamental de la enseñanza en la Academia de San Carlos era la copia y la representación de elementos florales y vegetales. Sin duda de los preferidos fue el laurel, por su multiplicidad de significados asociados a las iconografías mitológicas, clásicas, civiles y heroicas. El laurel es una planta de hojas verdes que aparece referida en el canónico libro de Ovidio.

El episodio más significativo se cita en el libro I. Cupido, enfurecido con Apolo, lanza dos flechas, una con punta dorada que provoca el enamoramiento y una con punta de plomo que lo ahuyenta. La primera atraviesa a Apolo y la segunda a Dafne, por lo que el dios queda irremediable, delirante y perdidamente enamorado de la bella ninfa hasta perseguirla enloquecidamente.