EL JINETE SIN CABEZA
Existió en la calle del Rosario número 83 en el barrio de La Candelaria, en la Ciudad de México, una vecindad con 11 viviendas, una portería, un tendajón de madera que luego hicieron de ladrillo y cemento, una gran pileta con nueve lavaderos, y una accesoria. Fue edificada, tal vez, en el último tercio del siglo XIX, o acaso en la primera década del XX.
Para los años 60 la vecindad estaba en ruinas y de la mayoría de las viviendas nada más escombros quedaban. No tenían las puertas de entrada, las ventanas eran huecos que por la noche daban miedo, y en lo que fueron las salas y las recámaras, sólo cerros de tierra y hierba de cuando los techos se vinieron abajo. Yo vivía con mis papás en el interior 1.
En 1968, año olímpico, yo tenía 8 años. Las viviendas de la 2 a la 11 eran vestigios de un bullicio de niños y adultos que seguramente existió décadas antes. No recuerdo quién ni por qué, me dijo que por las noches “El Jinete sin Cabeza” salía del 7 y se metía en el 10. Me dijo que el caballo era negro y muy grande, y el jinete estaba vestido como charro.

Con una imaginación infantil desbordada, imaginé a ese personaje con lujo de detalles. Casi podía ver a ese ser fantasmal con traje y guantes negros, botonaduras de plata, botas boleadas y espuelas que hacían ruido vertiginoso. Al caballo lo visualizaba tan negro que brillaba azulado, a paso lento yendo del 7 al 10, cuya distancia era de unos de 10 metros.
Pronto descubrí que ese espectro a caballo estaba también en la cabeza de algunos de mis hermanos y hermanas y que hasta los vecinos de la accesoria sabían de su existencia. Sin embargo, saber eso nada más sirvió para que mi miedo creciera al grado de ya no querer salir de noche al patio de la vecindad, donde la pileta y sus lavaderos permanecían en pie.
Pasó el tiempo y “El Jinete sin Cabeza” seguía viviendo en mi imaginación. Hasta que, a los 14 años, todavía viviendo en esa vecindad, descubrí que ese personaje pertenece al mundo de la literatura. La vecindad fue derrumbada en 1976. Hay muchas versiones de ese personaje de miedo. Una de las más antiguas viene desde la Edad Media, como parte de las mitologías Celta y Germánica.
Sin embargo, la versión más conocida actualmente es la que se popularizó alrededor del mundo a partir de 1820, a través de un cuento corto escrito por Washington Irving bajo el título “La leyenda de Sleepy Hollow”, cuya traducción al español de México se titula “La leyenda del Jinete sin Cabeza”. Ese relato está salpicado de romanticismo y mucho terror.
Irving ambientó su historia en 1790, en un valle llamado Sleepy Hollow de Tarry Town (Tarrytown, Nueva York), conocido por sus historias de fantasmas y ambiente tétrico que durante décadas influyó en la imaginación de la gente que vivía allí, de los visitantes, y del turismo que llegaba seducido y ávido de conocer esas historias de la tradición oral.
“El Jinete sin Cabeza”, dice el relato, era el fantasma de un antiguo soldado hessiano al que alcanzó una bala de cañón en la cabeza durante alguna cruenta batalla de la guerra de Independencia de Estados Unidos. Irving añade que cada noche cabalga hacia la escena de la batalla en una infructuosa búsqueda de su cabeza. Aunque es ficción, asusta mucho.
La leyenda narra el relato de Ichabod Crane, un supersticioso profesor de escuela de Connecticut, quien se enamora de la joven de 18 años Katrina Van Tassel, hija única y heredera de Baltus Van Tassel, un adinerado granjero del pueblo. Crane se enamora también de su dinero, pero el joven y rudo Abraham “Brom Bones” Van Brunt también la pretende.
Una plácida noche el ambicioso docente va a una fiesta en casa de los Van Tassel. Baila, disfruta del festín y escucha los macabros relatos que narran Abraham y el resto de los asistentes, aunque su único propósito es declararse a Katrina después que los invitados se marchen. Tras una insatisfactoria declaración, Ichabod sale furioso de la casa anfitriona.

Cabalga a casa a través de los espeluznantes bosques entre la granja de los Van Tassel y Sleepy Hollow. Según va pasando por los supuestos lugares encantados, su imaginación se ve abrumada por las historias de miedo narradas en la fiesta. De pronto, el Jinete se le aparece. El ruin profesor azota a su caballo para que corra veloz hasta casi volar ligero.
Cabalga hacia el puente cercano al cementerio de la antigua iglesia del valle, donde se decía que el Jinete se desvanecería en un destello de llamas y azufre. Ichabod apura de manera desesperada a su caballo hacia la parte baja del valle. Pero el macabro espíritu alcanza el puente, encabrita a su caballo y arroja su decapitada cabeza a la cara de Crane.
A la noche siguiente, Crane desapareció misteriosamente, dejando que Katrina se casara con “Brom Bones”, de quien se decía que sabía algo más sobre los hechos cuando se narraba el relato de Ichabod en el pueblo; lo único encontrado tras la desaparición del profesor fue su caballo, su sombrero y una calabaza destrozada en ese mismo sitio.
Aunque la naturaleza del Jinete queda abierta a la interpretación, la historia insinúa que el jinete era en realidad “Brom Bones”, ágil y experimentado jinete, disfrazado. A pesar de sus orígenes que se pierden en el tiempo desde la Edad Media, la historia de “El Jinete sin Cabeza” tiene variantes mexicanas, sobre todo en Tamaulipas y el Valle de Mexicali.
En Tamaulipas se cuenta que un Jinete, a menudo asociado con la traición, recorre todas las noches de luna llena cerca de la estación de tren en Ignacio Zaragoza, Tamaulipas; en Mexicali se cuenta que un campesino llamado Carmelo encuentra al Jinete, identificado como Joaquín Murrieta, quien le ofrece un tesoro enterrado en el Valle de Mexicali.
La leyenda ha sido adaptada en México incorporando elementos locales como el traje de charro, lo que le otorga un sabor propio. Por ejemplo, otra versión señala que en la época de la Revolución Mexicana, un soldado, llamado José Delgado pero conocido como “El Cañón”, murió en batalla. Su cuerpo fue decapitado y su cabeza nunca fue encontrada.
Según esta leyenda, José Delgado había hecho un pacto con el diablo para obtener la victoria en la batalla, pero el precio fue su alma. Después de su muerte, su espíritu se convirtió en “El Jinete sin Cabeza”, condenado a cabalgar por las noches en busca de su cabeza perdida. Él era un hombre valiente y temido, pero también muy supersticioso.

Antes de partir a la batalla visitó a una bruja, quien le dio un amuleto para protegerlo. Sin embargo, no funcionó y José murió en la batalla. Su cuerpo decapitado fue encontrado al día siguiente, pero su cabeza nunca apareció. Los soldados que lo enterraron dijeron que, en la noche, se escuchaban los cascos de un caballo y una voz que gritaba: “¡Mi cabeza!”.
Esta leyenda ha sido contada en diferentes formas, pero no hay pruebas concretas de que haya sucedido realmente. La historia, que sigue siendo popular en México, se ha llevado al cine en varias ocasiones, como la película Sleepy Hollow (“La leyenda del jinete sin cabeza en América Latina”) de 1999, dirigida por Tim Burton y actuada por Johnny Depp, quien interpreta a Ichabod Crane.
Otra versión es la película mexicana de 1957 El Jinete sin Cabeza, dirigida por Chano Urueta y protagonizada por Luis Aguilar y Flor Silvestre. Esta cinta es una adaptación de la leyenda de “El Jinete Sin Cabeza”, a la que Urueta imprimió un toque nacionalista y muy mexicano, por lo que tuvo un gran impacto en la sociedad mexicana de la época… tal vez allí nació mi miedo.

