MUSEO NACIONAL DE LA CRUZ ROJA
Como un tributo a todas las personas que han hecho posible el legado y el crecimiento de esta noble institución, el Museo Nacional de la Cruz Roja Mexicana fue inaugurado en la Ciudad de México el 21 de febrero de 2025, como sitio para honrar su pasado y motivo para construir un futuro lleno de esperanza, bajo la filosofía de “seamos todos hermanos”.
Lo primero que descubre el visitante (el acceso y las visitas guiadas son gratuitos, aunque hay una urna transparente que recibe donativos voluntarios) es que el fundador de la Cruz Roja, a nivel mundial, fue Henry Dunant. Nacido en Ginebra, Suiza en 1828, creció en el seno de una familia devota al calvinismo que le inculcó un fuerte sentido de compasión.
Inspirado por el ejemplo de sus padres, desde joven Henry se involucró en las actividades caritativas y sociales. En 1885 participó en la fundación de la Asociación Cristiana de Jóvenes (Young Men’s Christian Association/ YMCA). Sin embargo, su vida dio un giro radical en 1859 cuando presenció la sangrienta e inservible batalla de Solferino, en Italia.

Ese fue un evento que lo marcó profundamente y lo impulsó a escribir el libro Recuerdo de Solferino, publicado en 1862, en el que propone la creación de sociedades voluntarias de socorro para atender a los heridos en tiempos de guerra. En el año 1863, con Gustave Moynier y otros colaboradores, Dunant fundó el Comité Internacional de la Cruz Roja.
A pesar de vivir sus últimos años en soledad y en circunstancias muy humildes, su legado humanitario lo llevó a compartir junto con Frédéric Passy el primer Premio Nobel de la Paz en 1901. Henry Dunant falleció en 1910, pero su visión de ayuda humanitaria sigue viva a través del trabajo realizado por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, como una huella indeleble dentro de la historia de la humanidad.
La idea de Henry era una entidad dedicada a dar ayuda humanitaria y sin discriminación. Su propósito tomó forma en Suiza con el surgimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja y el establecimiento de la Convención de Ginebra, un acuerdo que sentó las bases del Derecho Humanitario moderno y dejó una huella global que pronto llegó a México.
Este país no permaneció ajeno a estos ideales, ya que, inspirados por la labor de Dunant, Luz González Cosío y Fernando López se dedicaron a consolidar la Cruz Roja Mexicana en 1910, un periodo marcado por retos políticos y sociales significativos. El anhelo de aliviar el sufrimiento humano trascendió fronteras y encontró en México terreno fértil.
González Cosío y López, movidos por su compromiso con la nación, lograron el apoyo del gobierno de Porfirio Díaz, quien promulgó el decreto que dio origen a la Cruz Roja Mexicana. Desde entonces, esta institución ha adoptado los principios humanitarios de la Convención de Ginebra, ajustándolos a las necesidades de toda la sociedad mexicana.
La Cruz Roja Mexicana nació no sólo como extensión de un movimiento internacional, sino como un reflejo del espíritu solidario y resiliente que caracteriza desde siempre a los mexicanos. Su creación marcó el inicio de una historia de entrega y servicio que continúa salvando vidas y llevando consuelo en todo momento, en accidentes y desastres naturales.
La atención prehospitalaria en la Cruz Roja Mexicana tiene su raíz en la Escuela de Socorrismo, que en los años 90 consolidó la atención inmediata en ambulancias. Lo que comenzó como la “Obra de Paz”, donde socorristas daban auxilio básico a heridos y enfermos, evolucionó a un modelo especializado con profesionales en atención médica prehospitalaria.
Así surgieron los rescatistas expertos en casos complejos para salvar vidas. El Comité de Capacitación dictó programas teóricos y prácticos con materias como Primeros Auxilios. Desde los años 80, los manuales y certificaciones por niveles avanzado, intermedio y básico, garantizan un estándar de excelencia que sigue siendo un pilar de la institución.

Esta área del socorrismo estuvo vigente de 1990 a 2010, pero en 1964, en la sede de la institución ubicada en las calles de Durango y Monterrey, se creó el adiestramiento de paracaidismo. Inició con un paracaidista militar a cargo y un entrenador especializado, con la meta de realizar “socorros de sobrevivientes” por aire en terrenos de difícil acceso.
Antes, en 1929, la Cruz Roja Mexicana inició su compromiso con el rescate acuático al formar el grupo Guardavidas, integrado por seis elementos. Para 1959, contaba con su primer grupo de Rescate Acuático, compuesto por hombres y mujeres preparados para enfrentar desafíos en el agua, con equipo avanzado para la época, como AquaLung y SCUBA.
La fundación de la Escuela Nacional Acuática en 1964 marcó un hito, dando capacitación en natación, salvamento, buceo libre y con equipo. En 1966, un acuerdo con la Cruz Roja Americana estableció principios de seguridad acuática, y en 1967 sus buzos participaron en trabajos de plataformas marítimas de PEMEX. Su compromiso es con el rescate y la recuperación de cuerpos.
La institución también realiza rescates en las alturas. Esta técnica inició en 1964 como un baluarte en la atención de emergencias en las montañas de México, donde los socorristas enfrentaron retos inimaginables e innumerables hazañas. De 1920 a 1940 el montañismo deportivo se hizo popular en México lo que fomentó este tipo de rescate en áreas de difícil acceso en la ciudad, campo y alta montaña.
El 28 de julio de 1957, un sismo de 7.7 grados afectó gravemente a la Ciudad de México, causando alrededor de 700 muertes. Conocido como el “Sismo del Ángel”, es recordado por la caída de la victoria alada que corona a la Columna de la Independencia. Fue algo que impactó profundamente a los capitalinos; su restauración se completó en 1958.
El terremoto dañó gravemente edificios y viviendas en la ciudad especialmente en el centro y vecindarios antiguos, y marcó un punto de inflexión para mejorar los códigos de construcción. La Cruz Roja Mexicana lideró los esfuerzos de rescate y asistencia con puestos de socorro para atender a los heridos, centros de acopio de alimentos y bienes esenciales, y habilitando refugios para las familias desplazadas.
Otro acontecimiento de grandes proporciones en el que la Cruz Roja Mexicana ha estado presente es el movimiento estudiantil de 1968, enmarcado por el descontento social que culminó el 2 de octubre con la trágica matanza de Tlatelolco. Estudiantes, en su mayoría de la UNAM exigían mejoras y justicia, pero enfrentaron represión bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando miles se reunieron pacíficamente en la Plaza de las Tres Culturas y fueron atacados por el ejército y la policía, dando como resultado numerosos muertos y heridos. La Cruz Roja Mexicana tuvo un papel esencial en brindar asistencia médica a los heridos. Sus socorristas voluntarios y ambulancias respondieron rápidamente, prestando primeros auxilios y trasladando a víctimas a hospitales.
A pesar de la neutralidad que caracteriza a la institución, la gravedad de la represión generó obstáculos para su labor. Sin embargo, la organización se centró en atender la emergencia, marcando su intervención como un ejemplo de apoyo humanitario en esos tiempos de intensa agitación política. La Cruz Roja Mexicana se fortalece en la adversidad.

El sismo del 19 de septiembre de 1985, con una magnitud de 8.1, fue uno de los más devastadores en el país. La Ciudad de México, especialmente el centro y las colonias Roma, Doctores y Obrera, sufrieron una destrucción masiva: edificios residenciales, hospitales, escuelas y hoteles colapsaron, atrapando a miles de personas bajo los escombros.
La magnitud del desastre desbordó al gobierno y desencadenó una respuesta espontánea de la población civil que formó brigadas de rescate. La Cruz Roja Mexicana desempeñó un rol fundamental en el rescate de sobrevivientes, estableció campamentos médicos, y trasladó heridos a hospitales con el respaldo de los ciudadanos que apoyaron solidariamente.
Todo lo anterior está documentado en el Museo Nacional de la Cruz Roja Mexicana, localizado en la calle Regina número 9, en el corazón del Centro Histórico de la capital del país. El recinto está cumpliendo un año de vida y en él se puede conocer su historia, sus equipos para rescate aéreo, terrestre y acuático, y los guías voluntarios son amables.

