RESURGE REGINA COELI

Las palabras latinas que abren el himno pascual a la Santísima Virgen María son “Regina Coeli”, que trasladadas al español de México quieren decir “Reina del Cielo”. Se trata de una composición litúrgica para felicitar a María por la resurrección de su Hijo Jesucristo. Y como para la Iglesia Católica la Pascua inició este 18 de febrero, con el Miércoles de Ceniza, dicha oración mariana y cristológica ha comenzado a escucharse gozosamente.

Se erige en el Centro Histórico de la Ciudad de México un enorme templo, de hermosa arquitectura barroca, en cuyos muros y nichos se encuentran invaluables obras de arte sacro (básicamente esculturas de siglos pasados y pinturas de enorme tamaño), dedicado al “Regina Coeli”. La calle en donde se encuentra lleva el nombre de Regina, tomado de ese convento que hace cinco siglos fue fundamental en el desarrollo de la evangelización.

El exterior es un espacio abierto que invita a la reflexión y al pensamiento sano e inteligente (Fotos: Graciela Nájera Sánchez)

La historia de su existencia se ubica en tiempos de la llegada de las primeras religiosas a este país. La Orden de la Inmaculada Concepción, que acompañó a Fray Juan de Zumárraga, el primer arzobispo de México, inició la construcción del primer convento en la Ciudad de México. La parroquia se levantó en 1583, 64 años después de iniciada la Conquista, en un predio cedido a la Orden, pero por la inestabilidad del terreno colapsó en 1655.

Al quedar totalmente en ruinas, y de acuerdo con algunas versiones de crónicas que hoy se pierden en el tiempo, un año después comenzó a construirse el actual edificio, mismo que se terminó, amuebló y decoró en 1721. En una de las paredes exteriores aún se puede leer: “Templo de Regina Coeli reedificado en el Siglo XVIII como parte del Convento del mismo nombre siendo la segunda fundación concepcionista de la Nueva España”.

Su interior es de una enorme belleza histórica y artística. (Fotos: Graciela Nájera Sánchez)

Otra información, escrita sobre mosaicos de talavera (ese tablero representa ricamente la conexión entre la cerámica de Talavera y su acabado vítreo, originaria de México, y su uso en mosaicos) destaca que las religiosas concepcionistas de este convento de Regina Coeli salieron de él en 1863, y que años después, el 28 de octubre de 1973, celebraron el cuarto centenario de su fundación. El culto y las celebraciones siempre van de la mano.

Una inscripción más, en el mismo altísimo muro, dice: “Las religiosas Concepcionistas Franciscanas de este Convento de Regina Coeli, el 28 de octubre de 1998 celebraron los 425 años de su fundación”. Por si fuera poco, en otra base de Talavera se destaca que “Las religiosas Concepcionistas Franciscanas de este Convento de Regina Coeli, el 28 de octubre de 2023 celebraron los 450 años de su fundación”. Pero allí no paran las placas.

En el interior, existe una hoja metálica en la que se explica que el 1 de agosto del 2025, Salvador González Morales, Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis Primada de México, realizó la reapertura del Coro y Campanario del Templo de Regina Coeli, después de efectuarse los trabajos de restauración tras el terremoto del año 2017. El texto está fechado en 2025, declarado por el catolicismo Año Jubilar de la Esperanza.

Diversas esculturas habitan el recinto, advocaciones marianas de incuestionable atractivo cultural. (Fotos: Graciela Nájera Sánchez)

Con ese doble motivo, la Santa Sede concedió un Año Jubilar, otorgando la Indulgencia Plenaria a todo aquel que asistiera y cruzara por la puerta santa de este templo. Por dentro y por fuera, el inmueble luce amplio, limpio y en perfecto estado de conservación, por lo que asistir a sus inmediaciones, o ingresar a sus naves, representa una experiencia de más de una arista; es admirable su arquitectura, dimensiones y riqueza histórica y cultural.

La calle es peatonal, el entorno es poco frecuentado por los transeúntes de la capital, y por el turismo nacional y extranjero. Consecuentemente, ingresar al templo y sentarse en sus numerosas bancas de madera fina, o permanecer afuera y tomar asiento en jardineras que decoran el espacio, es experimentar una atmósfera de paz, relajación y tranquilidad que motiva la reflexión y el pensamiento claro. Vale la pena conocer esta joya atemporal.