EL HOTEL DE LA BRUJA Y LA LEYENDA DE LA GUARDIANA DE CARTONERÍA EN EL BALCÓN
En el corazón de Guanajuato existe un punto de referencia que desafía los mapas oficiales y que no pasa desapercibido. Para orientar a quien se pierde o busca un lugar en Plaza de la Paz, no se comparte un número exterior, sino que el faro es la referencia de un balcón. El Hotel Posada de la Condesa ha permanecido ahí durante décadas completas, pero para el imaginario colectivo es, simplemente “El Hotel de la Bruja”.
Ángel, quien lleva cerca de 23 años trabajando entre esos muros, ha sido testigo del desfile de administraciones, festivales y generaciones de estudiantes que continúan pasando bajo el balcón de la bruja levantando la vista hacia la figura.
“Antiguamente el hotel era una casa hacendada, el edificio de enfrente que en un tiempo fue sede del antiguo Congreso del Estado era la propiedad de una condesa… Todo está relacionado con ella. La bruja es como una condesa que se convirtió en una tradición guanajuatense”

No llegó de un aquelarre, sino que nació del ingenio de don Juan, el antiguo dueño del inmueble, quien con motivo de un Día de Muertos, decidió darle vida a esta aristócrata reinterpretada. “Él diseñó la bruja hace treinta y tantos o cuarenta años. La hizo con sus propias manos usando de base una lavadora de las de chaca chaca, era movible, se encendían sus ojos”, recuerda Ángel.
“Esta de ahora no es la bruja original, la otra se deterioró con el tiempo y tuvo que ser remodelada”. La bruja era ya un símbolo tan poderoso que ha debido permanecer día tras día en el balcón observando todo lo que acontece ante ella, y siendo observada, con guasa y humor.
Siendo Guanajuato una ciudad eminentemente estudiantil, la bruja pronto se convirtió en objeto del humor urbano y la provocación ligera. “Todos los estudiantes pasábamos y la veíamos desde abajo a ver si podíamos verle los calzones”, recuerda Ángel con humor. Esa irreverencia fue lo que, irónicamente, la salvó de la censura.
“Durante la administración de Nicéforo Guerrero, hubo un intento de retirar la figura del balcón. El dueño del hotel le reclamó defendiéndola como una tradición guanajuatense y lo retó a que preguntara a algún diputado desde cuándo estaba la bruja, entonces el legislador respondió que desde sus tiempos de preparatoria se asomaba, como todos, para verle los calzones, así fue como se quedó”.
El apodo de hotel de la bruja se ha consolidado más gracias a la fuerza del símbolo. La tradición oral, la atmósfera misteriosa y fantasmagórica de la ciudad y la presencia de este famoso personaje hecho con cartonería han hecho su trabajo. El hotel es señalado como un lugar de presencias en el que se escuchan ruidos extraños y hay apariciones. El aura de misterio está impregnada en las paredes. Ángel, con el pragmatismo de quien vive de noche, analiza los fenómenos sobrenaturales del hotel con una mezcla de respeto y guasa.
“La gente dice que asustan mucho. Tanto huéspedes como compañeras de trabajo dicen que se aparece un señor, unos señalan que va vestido de traje, otros que usa sombrero, yo digo que son los ruidos porque del otro lado, debajo, está la subterránea, que pasa por una esquina del hotel. Lógico que hay ruidos que se pasan de este lado. Pero en realidad platican que antes se escuchaba el sonido de las cadenas. Yo escucho golpes secos, el dueño bajaba con un bastón desde la escalera, bajaba de su casa, y justo así es como suena. Ya estoy acostumbrado … a veces sientes que te jalan las patas pero yo les digo que me jalen bien el pie para que se me quite el dolorcito que traigo… Mis compañeras de trabajo mencionan a una niña, a una señora de negro. Eso en el segundo piso, que es donde estaba toda la casa”.
Don Juan murió hace unos doce años, a los 89, pero su presencia sigue viva en un retrato en la recepción. Ángel lo describe como un personaje entrañable: “Siempre estaba afuera, se veía como si fuera argentino porque se fajaba los pantalones casi hasta el pecho, usaba tirantes y sombrero”.
Bajo la mirada de Don Juan y su bruja, el hotel ha hospedado a artistas, políticos y personalidades de distintos ámbitos a nivel local, estatal, nacional e internacional. Ángel recuerda a Antonio Banderas, quien lo sorprendió al no estar en persona tan alto como él imaginaba, a diferencia de Enrique Iglesias que sobrepasó las expectativas de la altura. También recuerda que María del Sol cantó desde el balcón donde está la bruja.

Cuenta que cuando el Palacio de los Poderes era sede del Congreso, desde los balcones podían escuchar las sesiones en días de calor pues abrían los balcones para que entrara el aire. Y era cotidiano observar el ir y venir del gobernador en turno, legisladores y periodistas.
Ángel me hace ver un aspecto de la hotelería que pocas veces se menciona: la lealtad: “En un hotel es política interna tener un registro de huéspedes que permanece en secrecía, en el reglamento que tenemos nosotros debemos respetar al cliente y no transmitir información a nadie. Tomamos cursos continuamente para saber brindar la mejor atención a los clientes”. Esta es la ética que ha permitido que, tras medio siglo, la Posada de la Condesa sobreviva como un refugio donde la historia y la leyenda se entrelazan.
Hoy, mientras Ángel hace su guardia nocturna entre los ecos de la Subterránea y los pasos fantasmales en la escalera, la silueta de la bruja sigue ahí. Es la vigía de una ciudad que se niega a olvidar, una figura de cartonería que se ha ganado el derecho de ser el faro de Guanajuato. Entre fotos, anécdotas y uno que otro susto, si se observa con atención, tal vez se pueda descubrir la silueta de don Juan de pie junto a la puerta, atento, acompañando a su creación y formando parte de la memoria que ha inmortalizado aquel balcón emblemático.
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Me gustan mucho tus historias y la forma en la que transmites!