8M GUANAJUATO: POR NELLY Y POR TODAS
“A los que me conocieron, y los que no, se lo perdieron”
“Siempre he estado en desacuerdo con el mundo, a mí nada me parece, nunca me conformo (…)”, con esta seguridad en sí misma sobre su propia condición, Nelly, una joven capitalina de 20 años escribía el inicio de lo que sería su última carta, era el mes de octubre del año 2013.
Aficionada a escribir desde su infancia, sus más íntimos pensamientos, sentimientos y expectativas, jamás imaginaría que sus escritos formaran parte contundente del expediente 21564/2013, ante autoridades de la entonces Procuraduría del Estado de Guanajuato, iniciado el lunes 14 de octubre, con motivo de su desaparición que se prolongaría por más de cuatro días, hasta encontrarla, muerta.
Nelly, nace con una prisa que caracterizará su corta existencia: con 8 meses de gestación, llega a la vida de su joven madre Martha, quien acababa de cumplir los 21 años en medio de un embarazo complicado, que debió enfrentar sin el apoyo de su pareja y familia, quienes ante su temprano embarazo fueron contundentes: “nos defraudaste”. Se cortarían vínculos e incluso diálogos, el más significativo, con su padre, quien moriría 6 días después del nacimiento de Nelly, no hubo oportunidad de reencontrarse.
“Yo quería ser mamá, pero fue muy doloroso el rechazo de todos”, señala a distancia Martha, quien como muchas jóvenes en la actualidad debió enfrentar un embarazo en sus propias circunstancias, en esta anacrónica y estigmatizante lógica cultural prevaleciente, el embarazo es responsabilidad única de las mujeres.

Era un 27 de enero, con un diagnóstico de eclampsia, una complicación grave del embarazo caracterizada por hipertensión arterial, así como exceso y rápido aumento de peso, caracterizada por provocar convulsiones. No fue posible que Martha estuviera consciente al momento del nacimiento de Nelly, “era muy pequeña, menos de dos kilos de peso, me enfoqué tanto en sus cuidados, que dejé todo a un lado, gustos de una joven (…) ella lo llenó todo”, recuerda hoy a distancia.
A los tres meses de edad de Nelly, su madre conocerá a Martín, días después decidirán formalizar su relación, a partir de ese momento él fungirá el rol paterno. El ambiente era propicio para la niña, se convirtió en el centro de atención de la familia de él, no había otros niños. El afecto y atenciones que la rodearían serían decisivos para que Martha y Martín permanecieran juntos a pesar de los conflictos que iniciarían a los seis meses de haberse casado.
En medio de este ambiente de creciente tensión llegaría su segunda hija, Wendy. Golpes y agresiones de todo tipo fueron la variable permanente en ese joven matrimonio. La violencia doméstica tradicionalmente privada, en la dinámica pública, generó el despido de Martha de su trabajo, quien entonces se desempeñaba como apoyo administrativo en una dependencia del Gobierno del Estado. Alguna vez su jefe le diría ante su llegada con los ojos con visibles derrames, “aquí no es una fonda, no quiero verte golpeada”. Sería despedida.
Su dependencia económica agravaría su codependencia con Martin, un hombre violento, afecto a la bebida, a las relaciones extramaritales y a la dependencia familiar, quienes, al resolverle sus necesidades, impedían se apropiara de sus responsabilidades.
A su ingreso al preescolar, se asoma el talento de Nelly y su fascinación por los números que en su etapa universitaria la orientarían a estudiar Economía. Su independencia y habilidades se desarrollaban, “a diferencia de sus compañeros ella nunca lloró al dejarla en la escuela”. Su condición de buena estudiante le permitiría estar becada en la Primaria, donde de forma habitual participaría en la escolta, importante honor para los mejores promedios. En esta etapa le detectarán asma; a partir de este momento, de forma habitual debió consumir medicamento.
Al ingresar a la Secundaria, y en medio de una violenta, dolorosa y complicada separación de sus padres, el comportamiento de la Nelly adolescente cambió. Las calificaciones bajaron, los reportes por su mala conducta comenzaron a llegar a casa. Se trataba de las manifestaciones de lo que vivía en casa, la violencia ejercida en los hogares se reproduce.
Derivado de la separación, Nelly comenzaría a vivir por temporadas, algunos días y meses con su papá, en otros con su mamá. Situación habitual cuando no se logran acuerdos que favorezcan la estabilidad de los menores. Martín era la figura “permisiva”, ello resultaba atractivo para una adolescente que prefería vivir largas temporadas sin negativas a sus excesos. Martha era la parte “represiva”, la que ponía reglas, y con la que por tanto Nelly no quería vivir.
En el fondo esta dinámica era parte de los estragos del divorcio, y el afán de pretender afectar los intereses “de la otra parte”. En el terreno de su formación las grandes perdedoras eran Nelly y Wendy, quienes “parecían un barco a la deriva, nada las detenía”.
A los 14 años, Nelly iniciará a escribir intensamente, su Diario da cuenta de ello. En cada página destacaba, “lo emocionante de cada día”. Lo aprendido en clases, su vida social y cada uno de sus pensamientos no dichos. Su comida favorita, arroz, nieve, comida fría y pizza. Comida odiada, nopales, habas, camarones, hígado y papaya. Confesaba su vicio, la televisión. Y diseñaba su futuro, ingeniería civil o diseño gráfico. Declaraba sus gustos, moda, hombres y dormir. Y era clara respecto a sus “cosas odiadas”, gusanos, no dormir y las arañas. Estas últimas en cantidad serían sus compañeras los últimos días que, según la autoridad, “estuvo en la Sierra de Santa Rosa”.
Ingresará a la Preparatoria Oficial, donde será dada de baja. Su desempeño como estudiante no mejora. Condicionada por sus padres para continuar sus estudios, ingresa a trabajar y concluye la Preparatoria en un sistema abierto.
Es el año 2006, por primera vez el Partido Acción Nacional (PAN) postula a una mujer a la candidatura presidencial, Josefina Vázquez Mota. Su presencia como única mujer en la contienda impacta significativamente a Nelly, al punto de decidir, “Yo quiero ser Economista, como Josefina”.
Y así será. Ingresa al Propedéutico de Economía de la Universidad de Guanajuato, al concluirlo y después de un competido proceso de selección, lo logra. Su proyecto era ingresar a laborar al Banco de México y algún día participar en la política, como Josefina.
Con la etapa universitaria, iniciará su etapa de noviazgos. Paco con quien tendría una relación de casi dos años representaría su segundo encuentro con la violencia que ya conocía “de casa”. Su codependencia genera conflictos permanentes, la relación terminará cuando él decide iniciar otra relación.

Amiguera, agnóstica, sociable, afecta a dormir y realizar manualidades, convertirá en su compañero permanente a “Yummi”, un gato, regalo de su hermana.
Una amistad se convertirá en noviazgo, Jesús, “el Gato”, la relación concluiría el 14 de octubre, día en que desapareció.
El 12 de octubre se va a trabajar con su hermana Wen quien acababa de cumplir los 18 años. Trabajarían como meseras de un bar, es Cervantino. El acuerdo era trabajar solo durante estas tres semanas, con el dinero comprarían unos abrigos y Nelly podría organizar su fiesta de cumpleaños en enero. “Ella estaba bien, normal, cantamos de regreso a casa de mi padre”. Al llegar es cuestionada por su padre por la hora en la que llegan, ello motiva que decida irse al hogar materno.
Su hermana recordaría que una semana antes ella soñaría la muerte de Nelly. Al contarle al día siguiente ella reiría, “para eso falta mucho, luego quién va a cuidar a tus hijos, hermana”. Pláticas donde se diseña el futuro, habituales entre hermanos en una etapa en la que aún se sienten dueños del tiempo.
Ese domingo sería el último. Por acuerdo con su novio, después de una discusión telefónica, sale de casa el lunes en la madrugada para reunirse con él. Martha le pide que no vaya, ella no atiende. A las ocho y media recibirá una llamada de él para avisarle que están discutiendo, y que ella “se había hecho lesiones en las manos”. Su madre ya no hablará con ella, a pesar de las varias llamadas realizadas las siguientes horas.
A las tres de la tarde, “el Gato” se presenta al trabajo de Martha para decirle, “ella desapareció”, él lloraba. Le entregaría una carta, que presumiblemente ella había escrito. Al acudir ambos al Ministerio Público a realizar la denuncia, él le entregaría la computadora y cartera que horas antes Nelly había dejado en casa. “Ver su cartera, su celular que nunca soltaba, me hizo saber que algo grave pasaba”.
En el Ministerio Público cuestionarían durante los días de búsqueda que su desaparición no era tal, todo se explicaba atendiendo a que “era hija de una pareja disfuncional”. “Yo no sabía si mi hija estaba viva, recibir esos comentarios me devastaba”.
Con desconfianza ante la autoridad, a quien aprecian lenta e indiferente, familiares y amigos inician con recursos propios la búsqueda. Copias, carteles y calles recorridas para pegar, avisar, preguntar, cada día con nuevos testimonios, “la vimos en…”, al acudir a los lugares indicados, nada.
Así recorrieron la ciudad, los cerros, la sierra. Hasta el tercer día se harán acompañar por autoridades municipales y ministeriales en su búsqueda. Acudirán en un nutrido grupo a la Sierra de Santa Rosa, uno de los ministeriales, apostado en la camioneta sin mostrar interés de participar en la búsqueda les señala, “es ridículo estar buscando por aquí, ella no vivía en esta zona”. En efecto el domicilio de Nelly era en la zona sur, sin embargo, al día siguiente sería encontrada en la Sierra.
Cuatro días después, por hallazgo de un arriero, Nelly sería ubicada, colgada en un árbol en la parte alta de la Sierra conocida como “Las Antenas”. Eran las cinco de la tarde. Su familia se enteraría del hallazgo de forma extraoficial, acudirían al Ministerio Público, les sería negada información hasta las doce de la noche.
A Martha se le impide ingresar a reconocer a su hija, lo hace su hermano. A ella solo se le permite ver fotografías. Para sus múltiples preguntas, no hay respuestas. Una realidad contundente, Nelly, su joven hija de 20 años, estaba muerta.
En aquella madrugada Martha repetía ante su hija: “si pudiera regresar el tiempo, me hubiera asegurado que nada turbara tu estabilidad, que crecieras sin los costos de mi separación con Martín”. Esta confesión, no significaba aceptar la versión del “suicidio”, era solo reconocer lo que pudo haber hecho mejor ante lo inevitable.
Seguiría una semana intensa. Legítimas dudas y reclamo ante “la actuación” de la Procuraduría, que contaría con la solidaridad de sociedad civil y medios de comunicación. ¿Dónde estuvo Nelly esos cuatro días?, ¿Qué acciones concretas realizó la Procuraduría del Estado para encontrarla con vida?
En un hecho inédito, pero no fortuito (era el mes de octubre, más de 60 mujeres asesinadas en el Estado y una autoridad cuestionada), la familia sería recibida por el Procurador en turno, quien en reunión privada externaría su compromiso “por dar respuestas”.
El viernes, una semana después de ser encontrada Nelly, son citados para confirmar la que había sido la primera versión de los hechos, “su hija se suicidó”. Les mostrarían entre otras evidencias de su conclusión, la carta. El Subprocurador de Justicia de la Región D, concluía contundente “(…) fue analizada y se obtuvo un informe pericial del perfil psicológico y su personalidad”, “estableciéndose, entre otras cosas, que en ella existía el deseo de escapar del sufrimiento que le generaba no sentirse una buena persona, por haber cometido errores, lo cual le generaba culpa (…)”. Se explicó que se observó que los nudos hechos con un cincho de plástico flexible, “con los que se quitó la vida, son nudos simples que cualquier persona puede hacer.”
Estoy dolida, pero no tonta, señalaba Martha: “Ese día nos es mostrado el video donde se aprecia a mi hija bajarse del camión en la Sierra, el mismo lunes que desapareció. ¿Por qué no revisaron antes ese video y me lo muestran ahora que ya está muerta?, no hicieron nada para encontrarla (…) Tenía la esperanza de encontrarla con vida”.
La carta, tres testimonios y la escena, argumentos para señalar que Nelly se había suicidado.
Sobre los días que había estado desaparecida, la forma de sobrevivencia y los motivos que la hubieran llevado a estar en un lugar que representaba todo lo que ella temía, no había respuestas.
En esa misma rueda de prensa se sabría que Nelly no presentaba lesiones, salvo la de sus manos, que según la autoridad ella misma se infligió.

La familia acudiría los siguientes días a Santa Rosa, necesitaba encontrar respuestas que la autoridad no dio. Se entrevistarían con vecinos de la comunidad, una persona les señalaría haber hablado con su hija cuando esta les preguntó “¿Dónde está Llano Largo?”. Tuvieron el testimonio de una tendera, “Nelly estuvo aquí, compró un cigarro”.
Dos semanas después, Martha y su familia decidieron detener sus acciones, “pienso parar, temo por mi familia. No confió en la Procuraduría. No hicieron su trabajo. El diagnóstico que realizan por una carta, no lo acepto. Si hubiera tomado esa decisión ‘por ser hija de una familia disfuncional´, como lo señalaban, faltarían árboles (…)”. Martha con esta aseveración hace referencia a una realidad incuestionable, el modelo de familia “tradicional” ha cambiado.
El número de separaciones donde quedan de por medio hijos, las últimas décadas ha crecido considerablemente en promedio 1 de 3 parejas después del 1er año deciden separarse; adicionalmente una de cada cuatro mujeres debe llevar a cabo la crianza de sus hijos como única responsable.
A casi cuatro meses de la muerte, aún inexplicable, de Nelly, la Procuraduría entregó a Martha las últimas pertenencias, entre ellas la carta. “Sigo con la duda en aumento, no acepto la versión del suicidio, yo conocí a mi hija 20 años sé de sus ganas de vivir… ellos tan solo se basan en una carta que no reconozco”.
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A trece años de lo ocurrido, suelo conversar muy ocasionalmente con Martha; me resulta muy difícil, no sé qué decirle. La escucho y la leo como el primer día de la desaparición de Nelly, entre nosotras, los silencios son compañía.

