PHOTO CHIC

Desde los primeros años del siglo XX, “Chic” es el concepto que hace sentir al público moderno, informado y cosmopolita. Justo por esa razón, María Amparo Catalina Guzmán (Puebla, 1892-Ciudad de México, 1964) fotografió a mujeres que tenían el refinamiento, el gusto, y los medios económicos para llevar una vida de vanguardia y visión futurista.

Su historia. Hija del pintor y fotógrafo Luis G. Guzman y de la fotógrafa María de Jesús Flores, Catalina heredó en 1914, con su hermano Jerónimo, el estudio que estaba en el edificio contiguo al Nacional Monte de Piedad, en los altos del Hotel Metropolitano en la calle Monte de Piedad número 5 de la Ciudad de México, donde hoy se encuentra un Centro Joyero.

Ella es una pionera en la fotografía mexicana. Su formación inició en su entorno familiar y a través de otras voces femeninas. La sociedad Margot y Compañía, creada en 1911 por su madre y la fotógrafa Margarita Aguirre, es el antecedente legal de su foto estudio. Por su parte, Catalina desarrolló una estética comercial propia del estudio entre 1914 y 1940.

Pie de imagen: Retratos, documentos y juguetes de época remiten a la obra de la fotógrafa que abrió camino e hizo visible la labor de las mujeres en el mundo laboral, social, político y cultural. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Dicha estética y vocación se caracterizaba por el uso del pictorialismo y del color como recursos artísticos para la creación de fotografías pictóricas. Nombrada en las revistas de aquella época como el “alma” de Photo Chic, desempeñó su labor de retratista de siluetas femeninas y como iluminadora de fotografías, aplicando la pintura al óleo a sus retratos.

Catalina Guzmán estuvo activa entre 1914 y los años 40 y adoptó para su herencia el nombre de Photo Chic. Su obra entre el pictorialismo y la vanguardia exploró la imagen femenina. Lo anterior y más se aprende en la exposición Catalina Guzmán. Photo Chic que del 22 de marzo al 26 de julio se presenta en el Museo Nacional de San Carlos de la CDMX.

Photo Chic vivió en un período fundamental en la vida política del país, como un estudio fotográfico que retrató los rostros de la transición ideológica: de individuos y grupos que van de la caída del Porfiriato al levantamiento de la Revolución Mexicana, a aquellos que fueron testigo o parte de la institucionalización del nuevo régimen organizado en partidos.

Es posible interpretar un deseo de modernidad en los retratos realizados por Guzmán a mujeres de la clase media y alta mexicana, quienes posaron con aire de haber ganado autonomía en una sociedad conservadora; ofrece una visión femenina de lo cosmopolita y los cambios culturales, políticos, y económicos de las primeras décadas del siglo XX.

Foto Castellanos-exposición-Catalina-Guzmán-Photo-Chic-2

Pie de imagen: “Catalina Guzmán. Photo Chic” exposición que se presenta en el Museo Nacional de San Carlos de la CDMX del 22 de marzo al 26 de julio. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La exposición, primera en abordar de forma individual el trabajo de Catalina Guzmán, expande el horizonte de la fotografía hecha en México a partir de su figura y su contexto cultural. Reconstruir sus aportes dentro del entramado fotográfico de su tiempo, permite a todo público situarla dentro de la historia del arte mexicano y profundizar en su legado.

El discurso “Chic”. Identificar la mirada, el discurso visual, de la artista Catalina Guzmán como partícipe de un espacio de creación colectiva como lo fue Photo Chic, implica, dijo César González-Aguirre, curador de la exposición, “interpretar las pocas obras que han sobrevivido en colecciones privadas de la Ciudad de México y el resto de la nación”.

Para ello, comentó durante un recorrido por la muestra, “es posible recurrir al feminismo como vía para leer las imágenes y entrelazar relaciones entre ellas”, y subrayó que “si bien su trabajo es motivo de estudio para la historia del arte mexicano, también cimbra nuestra actualidad, marcada por movilizaciones sociales de distintos grupos de mujeres”.

Un apartado importante en el trabajo de la autora es la representación familiar. En las imágenes de este tipo se ve al matrimonio como un pacto simbólico que ha sido clave para la sociedad mexicana, históricamente dividida en roles de género; la fotógrafa va más allá y explora tribunas que las mujeres fueron ganando en la esfera pública.

Sus retratos de bailarinas llevan a imaginar su empatía por otras artistas que, al igual que ella, desempeñaron un trabajo en la sociedad. Las retrató en movimiento, quizá como una metáfora de los cambios de una época, y para los años 20, la estética de la flapper con pelo corto a la bob, fue captada en la fotografía de Guzmán en todo su esplendor y claridad.

Pie de imagen: Catalina Guzmán retrató mujeres a la moda, sobre todo en búsqueda de la independencia masculina y de las normas sociales. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Eran mujeres a la moda, pero sobre todo, en búsqueda de la independencia masculina y de las normas sociales. Es así que la fotógrafa buscó, en el transcurso de su carrera dentro de Photo Chic, “aportar al estudio una mirada cosmopolita y una estética al ritmo de las transformaciones de su tiempo”, destaca González-Aguirre, en su excelente museografía.

Retratos masculinos. La familia Guzmán formó parte de una red intelectual y política del México de inicios del siglo XX. Se conoce de su amistad con el Ingeniero Félix F. Palavicini, prominente político, escritor y periodista fundador de El Universal. Por otro lado, Luis G. Guzmán se desempeñó, entre otros cargos, como director de la Academia Nacional de Bellas Artes.

El universo infantil. Catalina Guzmán estuvo dedicada al retrato de la audiencia femenina y la “iluminación” de fotografías. Por su parte, Jerónimo se encargó de las tomas de caballeros y niños. Uno de los rasgos que distingue la personalidad de Photo Chic frente a otros estudios de inicios del siglo XX es el iluminado fino de sus imágenes. Un camino, sin duda, para acercarse a las llamadas Bellas Artes.

Aunque el estudio contó con varios trabajadores, incluyendo iluminadores, actualmente sobreviven fotografías pintadas, probablemente, por la propia artista. A diferencia de la mayoría de las comisiones del estudio, selladas de forma mecánica, este apartado dentro de la exposición se caracteriza por su firma autógrafa en color blanco, anotó el curador.

En síntesis, se trata de la primera vez que se reúne un conjunto significativo de objetos que permite reconstruir la trayectoria de Catalina Guzmán y el estudio Photo Chic. Son fotografías, postales fotográficas, objetos de época, revistas, periódicos y material documental provenientes de diversas colecciones y del Museo Nacional de San Carlos.

El curador de la exposición y especialista en fotografía, César González-Aguirre, explicó que la fotografía de estudio funcionaba como una empresa: “Era una labor industrial, con una dimensión estética y artística, pero también una forma de sostener a la familia”. Su trabajo se desarrolló en un espacio donde las personas retratadas buscaban proyectar la mejor imagen de sí mismas.

Y lógicamente, en consonancia con aspiraciones sociales y simbólicas propias de la modernidad urbana. No obstante, la autora transformó ese ámbito comercial en un territorio creativo desde el cual exploró las transformaciones del universo femenino y el papel que la imagen de la mujer comenzaba a adquirir en la sociedad mexicana.

El curador de la exposición ofreció un recorrido guiado a los medios de comunicación nacionales, actividad en la que equisgente estuvo presente. (Video:Graciela Nájera Sánchez)