MARIANO MATAMOROS, DEL PÚLPITO A LA INSURGENCIA
La mañana del 3 de febrero de 1814, en la entonces Valladolid, hoy Morelia, en el estado de Michoacán, frente a un sacerdote sereno, y con actitud heroica, se plantó un pelotón de fusilamiento. El frío calaba hasta los huesos. En el alma del religioso había ardor patrio. Por años, había celebrado misas, escuchado confesiones y predicado la palabra de Dios.
No era un sacerdote común, ni un hombre cualquiera. La historia lo recordaría por su alta vocación de luchar por la libertad de México. Su nombre, Mariano Matamoros, personaje notable y, paradójicamente, poco conocido de la Independencia de México. Nació el 14 de agosto de 1770 cerca de donde actualmente está La Merced, en la Ciudad de México.
Durante mucho tiempo no se conoció con precisión el lugar exacto donde ese personaje nació y vivió sus años de infancia y adolescencia. Investigaciones históricas y una placa conmemorativa permitieron identificar su casa natal en el antiguo barrio de La Merced, a unas cuadras del Palacio Nacional, en la esquina de Venustiano Carranza y Las Cruces.

Matamoros creció en una sociedad marcada por profundas desigualdades entre españoles, criollos, mestizos e indígenas. Se educó y formó en el ámbito eclesiástico y luego de ser ordenado sacerdote, desempeñó su ministerio en diversas parroquias de la capital del Virreinato de la Nueva España. Pero su vida pronto daría un giro totalmente inesperado.
Cuando el movimiento independentista encabezado por Miguel Hidalgo comenzó a extenderse por la Nueva España, Matamoros observó con atención los acontecimientos. Durante algún tiempo permaneció fiel a su labor religiosa, pero las circunstancias lo llevaron a tomar la decisión de unirse a las fuerzas insurgentes de José María Morelos.
En la Navidad de 1811, perseguido por las autoridades virreinales debido a sus simpatías con la causa insurgente, escapó y se presentó ante Morelos. A partir de ese momento, el sacerdote se convirtió en soldado. Morelos reconoció de inmediato sus capacidades y sus virtudes, pues Matamoros tenía disciplina, inteligencia estratégica y era muy organizado.
Pronto pasó de ser un recién llegado a convertirse en uno de los generales de mayor importancia del movimiento insurgente. Su participación fue total en campañas militares fundamentales. Organizó tropas, dirigió batallas y contribuyó a consolidar la estructura del ejército insurgente, y en el sitio y toma de Oaxaca, en 1812, mostró su talento militar.
Lo anterior sorprendió incluso a sus contemporáneos. No era un improvisado, era un líder capaz de transformar grupos dispersos de combatientes en una fuerza organizada. Así, la relación entre Morelos y Matamoros trascendió la mera colaboración militar. Entre ellos floreció una profunda confianza. Morelos, tuvo en Matamoros un colaborador valioso.
Pero la guerra no siempre favorecía a los insurgentes. El 5 de enero de 1814, durante la batalla de Puruarán, en el actual estado de Michoacán, Matamoros fue capturado por los realistas. Su aprehensión fue un golpe devastador para el movimiento y Morelos intentó salvarlo, ofreciendo a cientos de prisioneros españoles por la vida de su gran compañero.
Las autoridades virreinales se molestaron por ese “atrevimiento” de Morelos, rechazaron la propuesta, y el sacerdote insurgente fue condenado a muerte. Las crónicas de la época narran que tomó su destino con serenidad y el 3 de febrero de 1814 fue fusilado cuando apenas contaba con 43 años. Su muerte provocó profunda tristeza entre los insurgentes.
Con el paso del tiempo, la figura de Mariano Matamoros quedó inscrita entre los grandes héroes nacionales. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia, junto a otros protagonistas de la lucha emancipadora. Ese valiente hombre de fe presta su nombre a no pocas calles, escuelas, plazas, jardines, y municipios a lo largo y ancho de todo el país.

La casa donde nació se ubicaba dentro de la zona que durante el siglo XVIII formaba parte del barrio mercantil de La Merced. Una placa histórica, colocada en la fachada, recuerda el sitio con la inscripción “En esta casa nació el Señor Cura de Jonacatepec, Teniente General Don Mariano Matamoros, Héroe de la Independencia Nacional”.
Sin embargo, la finca se vio severamente afectada a consecuencia de los sismos de 1985. Y tras las transformaciones urbanas del Centro Histórico, prácticamente desapareció. En el predio existen hoy bodegas y comercios. Lo que permanece es la referencia mediante la placa conmemorativa colocada en la esquina de Venustiano Carranza y Las Cruces.
Cuando Mariano Matamoros nació, esa zona estaba inmersa en el centro comercial de la capital virreinal. Por sus calles transitaban arrieros, religiosos, vendedores y funcionarios. Había mesones, tiendas, palacios señoriales y talleres artesanales. Es interesante imaginar que el brazo derecho de José María Morelos y Pavón creció entre el bullicio de calles que aún hoy conservan la traza urbana de la Época Virreinal.

