LA MUERTE DE “EL PAJARITO”, UN DRAMA INTER POLICIAL QUE PRELUDIÓ A LAS POQUIANCHIS

Otra entrega sobre la historia de la nota roja guanajuatense

El domingo 4 de agosto de 1957, en el cabaret “El Cairo”, de Lagos de Moreno, fue asesinado un policía judicial asignado a León. Lo mataron policías de aquella localidad, en lo que fue un diferendo entre elementos de las corporaciones, registrado en el contexto del control y extorsión a prostíbulos de la zona roja laguense. El drama ocurrió a unos pasos del más afamado antro del rumbo: el “Guadalajara de Noche”, donde desde 1954 atendían las hermanas Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela, a las que en ese momento se les tenía como mote el de “Las piernudas” y a la postre serían conocidas como “Las Poquianchis”.

Zona de tolerancia y escenario del crimen

En la década de 1940, el gobierno del estado de Jalisco, como lo había hecho el de Guanajuato desde la década anterior, estableció la política de ubicar a mujeres que ejercían la prostitución en espacios determinados, mismos que eran conocidos como “zona de tolerancia” o “zona roja”. Para 1950, Lagos de Moreno, poblado cercano a León, tuvo la suya en la calle Allende, concentrada entre Luis Cotilla y Constituyentes.

Ahí operaron los prostíbulos “Guadalajara de Noche”, que fue clausurado en 1963, y “El Quinto Patio”, “Casa Blanca”, “El Castillo” (también llamado “El Siboney”) y “El Cairo”, que, de acuerdo con información difundida en portales laguenses, cerraron hasta 1981.

Plana de policía de “El Sol de León” del lunes 5 de agosto de 1957 (AHML) seguida del resumen de la nota. 

Fue en “El Cairo” donde un hecho de sangre mostró los niveles de violencia y corrupción que envolvían a la explotación sexual que sufrían centenares de mujeres de la región: la muerte de un policía judicial del estado de Guanajuato apodado “El Pajarito”.

Fue asesinado por agentes de la policía municipal y judicial de Jalisco en Lagos de Moreno la madrugada del domingo 4 de agosto de 1957. La nota sobre el hecho, sin fotos, fue publicada al día siguiente en El Sol de León con el encabezado principal de la plana asignada a nota roja: “Cayó acribillado por la espalda un agente judicial”. 

Se trataba de Leonardo Sánchez Moreno, conocido como “El Pajarito”, muerto “en un cabaretucho” por “no menos de 13 disparos que de forma artera y cobarde por la espalda le dispararon dos policías con su comandante Manuel Plascencia al frente; cuando el occiso se encontraba dentro del cabaret ‘El Cairo’ en completo estado de ebriedad”. La trama era compleja: El Pajarito “era el brazo derecho del tristemente asesino José Márquez” y la agresión fue supuestamente orquestada por el inspector de la policía laguense, Pedro Montoya (El Sol de León, lunes 5 de agosto de 1957, consultado en el Archivo Histórico Municipal de León, AHML). El relato describía el ambiente sórdido de antros y disipación en el que vivían corporaciones ligadas a grupos o personajes delictivos. 

Casa donde vivió “El Pajarito” (fotografía tomada de Google Earth). Siguiente imagen: el 21 de agosto terminó el seguimiento de “El Sol de León”: el asesino era el comandante Plasencia. (Hemeroteca del AHML)

Debido a que fue un hecho con el que amaneció Lagos de Moreno y a que El Sol de León tenía cobertura regional, un redactor (no era común llamarles “reporteros” en esos años) realizó la investigación correspondiente con entrevistas a varios testigos y en especial a un policía que “no quiso proporcionar su nombre” y al que sólo identificó como de “placa no. 18”.

El entrevistado le comentó que Leonardo había estado bebiendo desde el sábado en León y se trasladó a Lagos de Moreno, donde tenía su casa en el número 122 de la calle Constituyentes, cerca de la zona de tolerancia, pero no llegó a su hogar: siguió la borrachera en una cantina que estaba en contra esquina de la Plaza Principal. Luego intentó entrar a un lugar donde había pelea de gallos; Manuel Plascencia, comandante de la policía laguense, le impidió la entrada y ahí empezó el choque con los policías locales.

“El Pajarito” se fue continuar la parranda a “El Cairo” y ahí fueron a buscarlo los policías laguenses. La versión de testigos citados por el reportero es que en cuanto vieron al judicial de Guanajuato le dispararon por la espalda y el primero que jaló el gatillo fue Plascencia. Leonardo alcanzó a reaccionar y disparó para herir al “policía número 18”, quien fue entrevistado en el Hospital “Larios”, el mismo a donde llevaron el cadáver del victimado para la autopsia de ley.

El uniformado dio otra versión: que llegó a “El Cairo” y se topó de frente con “El Pajarito” y éste lo injurió y le comenzó a disparar. El preventivo respondió con su pistola y dijo que escuchó otras descargas; esto es: sus compañeros lo defendieron a balazos. El reportero cuestionó la versión porque el judicial de Guanajuato tenía al menos 5 disparos por la espalda.

En la edición del 6 de agosto, el diario leonés publicó el seguimiento: el inspector de la policía laguense, Pedro Montoya, dio su versión de los hechos y toda la culpa recayó sobre el número 18, identificado ya como José Reyes Moreno Hernández.

El 7 de agosto, El Sol de León ya tenía construida una trama de intriga en la que mostraba una alianza entre policías y delincuentes: “El Pajarito” había sido lugarteniente y protector de un hombre identificado como José Márquez, a quien el diario calificaba como “multiasesino” y que era enemigo del comandante Plascencia.

El viernes 9 de agosto la trama seguía: el policía número 18 negó ante el juez haber dado muerte a “El Pajarito”; afirmó que no supo quién disparó y que la bala que recibió en la pierna, disparada por el victimado, posiblemente le “pegó de rebote”. Dos datos más contribuían al suspenso: no le practicaron la autopsia al difunto y el comandante Plascencia había abandonado la ciudad y no podía declarar en calidad de testigo. Pese a que alegó inocencia, a José Reyes Moreno Hernández se le decretó formal prisión.

Aquel hecho constituyó un escándalo mayúsculo de confrontación entre las instancias policiales de ambas ciudades, a tal grado que el procurador de Justicia del Estado de Guanajuato —Mario F. Vargas— intervino, mientras la prensa leonesa acusaba a la Procuraduría de Jalisco de solapar a los criminales. El caso tuvo seguimiento hasta el 21 de agosto, con la determinación del juez de Primera Instancia, Roberto Reynoso V., de que el asesino era Manuel Plascencia, a quien se le giró orden de aprehensión y se había fugado. La historia de “El Pajarito” era una manifestación de regionalismo y un retrato de la relación entre delincuentes y corporaciones policiacas.

La finca donde estuvo el “Guadalajara de noche” (primera imagen: fotografía de algún periódico de la época, recuperada por el sitio “Turisteando x Lagos”) fue luego Jardín de Niños y hoy es un centro de rehabilitación. 

El antes y el después

Regularmente, los casos de nota roja abordados por la prensa guanajuatense se remitían a un solo día de publicación o, si acaso, una breve secuela. Lo habitual era que la noticia sobre un homicidio se quedara en la publicación del hecho y, si acaso, cuando detenían al presunto responsable. Con el auto de formal prisión terminaba la cobertura.

El caso de la captura de “El Capitán Fantasma”, registrado en julio de 1957, había mostrado la rentabilidad de los seguimientos informativos. El de “El Pajarito” fue tema para reforzar el esquema de exprimir noticiosamente al máximo cada suceso de mayor interés público.

Así lo demostrarían posteriormente casos como “El orate de Celaya”, “El loco Ojeda”, la “Mary Chessman” y “Las Poquianchis”, quienes tenían su cabaret “Guadalajara de Noche” a unas casas de “El Cairo”, por la misma acera.

El antro de Las Poquianchis estaba en Allende número 47, entre las calles López Cotilla y Luis Moreno (“El Cairo” estaba entre Luis Moreno y 16 de Septiembre). Era el principal lupanar operado por las hermanas González Valenzuela y lo sucedido en el cabaret vecino les llevó a reforzar la compra de protección policial, sobre todo a partir de 1962, cuando el gobierno del estado de Guanajuato prohibió la prostitución: cerraron sus tugurios en la entidad y reforzaron su base en lagos de Moreno.

Todo les funcionaba bien hasta abril de 1963, cuando Ramón Torres González, “El Tepo”, hijo de Delfina, en la calle Allende retó en público a muerte al policía Pablo Galván Aldana con una frase burlona: “Me gustas para ir esta noche a tomar café a tu casa”.

En este tramo de la calle Allende estuvo “El Cairo”. Segunda imagen: La línea roja muestra el tramo de la calle Allende donde estuvo la zona roja de Lagos de Moreno de 1940 a 1981. (Fotografías tomadas de Google Earth)

Aquello terminó en balacera: “El Tepo” cayó fulminado por disparos de varios policías, encabezados por el comandante Manuel Márquez. Delfina salió con una carabina M-2 y, protegida por sus pistoleros, empezó a disparar contra los policías y todo lo que se moviera. 

El “Guadalajara de Noche” fue cerrado y Las Poquianchis trasladaron de manera forzada a las jóvenes cautivas hacia propiedades y ranchos en San Francisco del Rincón y Purísima del Rincón, donde finalmente la red fue descubierta en enero de 1964.

El caso de “El Pajarito” había evidenciado los vínculos de la policía con la industria de la “trata de blancas”. Su muerte preludió al caso más estremecedor de la nota roja en Guanajuato.

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