ÉSTA ERA UNA CIUDAD DE CANTERA…
Cuévano pierde, paulatinamente, su
elegante decorado de cuartón verde
De inicio, se nota poco. Las estructuras (edificios, muros, monumentos) siguen allí, aparentemente inalteradas. Hasta que el hábito de observar frecuentemente el mismo sitio, o una mirada repentinamente detenida en cierto detalle, revela el faltante. La textura suave de la piedra pulida. El verde pálido de la cantera, con tenuesvetas en blanco, ya no está: ha desaparecido, aunque no de forma inexplicable.
La superficie sobre la cual se asienta la capital guanajuatense es pródiga en riqueza mineral. No solo ha proporcionado durante siglos la plata de la orfebrería indígena y de gran parte de la riqueza imperial de España, sino también el cuarzo para las gemas que han complementado la belleza femenina durante centurias, y esa piedra caliza de textura especial, utilizada en fines tan prosaicos como la pavimentación de calles, pero también en elegantes detalles arquitectónicos y ornamentación urbana.

Los Picachos y cerros aledaños son ricos en esa roca verdosa, el cuartón de Guanajuato. Con ella se han hecho fuentes y bases de estatuas; con ella se levantaron las esbeltas columnas del imponente Teatro Juárez; con ella se cubrió la cortina de la Presa de la Esperanza y fue la materia prima fundamental para elaborar los añorados hidrantes que proporcionaban el agua a los habitantes, sin costo alguno.
Sin embargo, hoy, la ciudad muestra heridas, llagas producto de una depredación, un saqueo-hormiga destructor, el cual despoja a Guanajuato de sus atavíos calcáreos, incluidos los de cantera color rosa, menos abundante pero igualmente bella. Lo que comenzó con pequeñas y e imperceptibles pérdidas, se ha vuelto un expolio sistemático, afectando a todas las zonas del centro histórico, incluido el corazón mismo de la mancha urbana.

Hace algunos años, cuando recién se inauguró el túnel “El Laurel”, la calzada de ingreso lucía adornada con faroles colocados sobre cada columna, sustentados en una base cuadrada de cuartón verde. De noche, la sucesión luminosa era un marco hermoso antes de entrar al pasaje subterráneo. Mas no duró. En pocos meses, faroles, postes y cables fueron hurtados. Como pobre consuelo, quedaba la cantera. Hoy, solo puede verse la argamasa que la unía al muro.
Nada escapa. El latrocinio acabó con la cubierta verde de todos y cada uno de los basamentos de personajes célebres situados en los senderos del Jardín El Cantador. No solo eso: igual suerte corrieron las placas de bronce donde se mostraba el nombre de cada celebridad. Las autoridades solo atinaron a cubrir de cemento las columnas y pintarlas, sin reponer siquiera la identificación de los próceres. Ya no se sabe quién es quién.

San Renovato, presa construida a mediados del siglo XIX, posee un bello pasaje sobre su cortina, decorado con mosaicos cerámicos costumbristas entre columnas de cantera adosadas al muro cubierto del mismo material. Tristemente, piezas enteras han desaparecido sin saber a ciencia cierta si alguna vez serán repuestas o, igual que en El Cantador, nos harán trampa y solo recubrirán los espacios con concreto.
No escapan a la depredación pétrea ni el Monumento a Hidalgo ni la balaustrada que lo rodea, ambos incompletos. Asimismo, la baranda de la cortina de la Presa de la Olla ha comenzado a ser fragmentada para apoderarse, trozo a trozo, de la estructura. En el colmo, la base de la estatua del General Sostenes Rocha, situada frente al Palacio de Gobierno, carece ya de algunas de sus placas, sustraídas ante las narices de los omnipresentes guardias.

Prácticamente no existe calle, parque ni callejón donde no sean visibles las huellas del pillaje. Los viejos hidrantes son afectados de forma particular: muchos ya no poseen la característica concha que los coronaba y en otros casos han sido destruidos casi en su totalidad. Ni siquiera los ubicados en vías transitadas han escapado a la depredación, como puede atestiguar el que adorna la entrada al callejón de La Luz.
La Escuela Normal, el monumento a Gandhi del Jardín Reforma, la fuente del templo de San Francisco, el muro de la Casa deMoneda, el parapeto situado entre la Avenida Juárez y la calle subterránea, a la altura de Simapag, y hasta una esfera completa de una de las fuentes de la ex estación del ferrocarril han sido afectadas por la rapiña. ¡Vaya! Incluso el pórfido rojo que cubre calles, callejones, escalones o banquetas, se desvanece, sin saberse en caso alguno de responsables ni tampoco del modus operandi, mientras la autoridad hace mutis.

El daño aumenta según avanza el tiempo, se extiende como gangrena. La ciudadanía muestra una indiferencia producto de la rutina, el desalientoo la frustración ante el fenómeno sin duda delincuencial. El antiguo Real de Minas Santa Fe de Guanajuato, hoy Patrimonio de la Humanidad, sufre atentado tras atentado contra su legado histórico.
¿A dónde va a parar la cantera, ese signo de identidad cuevanense? Hay fantasmas ladrones actuando de noche, sin exorcismos que los ahuyenten, los cuales alimentan la voracidad de personajes ansiosos de piedras nobles, las cuales fueron extraídas, cortadas y talladas con el propósito de crear belleza, no para ser clandestinamente traficadas en un mercado negro de donde es urgente y necesario rescatarlas.


