LOS OCHENTAS: CULTURA Y CONTRACULTURA EN EL ESTADO DE GUANAJUATO
Década de 1980 en el estado de Guanajuato: la educación se consolidaba con el surgimiento de universidades privadas que suplían las limitaciones de cupo y los cuestionamientos a la calidad de la Universidad de Guanajuato; las ciudades seguían su proceso de “modernización” luego de las décadas de los primeros “ejes avenida”: llegaba la era de los “bulevares”
De los cafés a gogó de la década de 1960 a los cafés de “rebecos” satanizados a las discotecas de la década de 1970, para que de ahí surgieran dos grandes mundos: la moda masiva en las “discos” y la contracultura en los hoyos funky del Bajío.
En el contexto político aparecían el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), la Unión de Colonias Populares de Irapuato (UCOPI) y la Alianza Campesina Revolucionaria (ACR). Eran temas de periódicos y políticos, en las discos reinaba la High Energy, para bailar éxitos internacionales de artistas como Sylvester (“Do You Wanna Funk”), Divine (“You Think You’re a Man”), Trans-X (“Living on Video”) y exponentes del Italo Disco como Miko Mission o Den Harrow.
Los estelares de ese tiempo eran los reyes globales del pop norteamericano y británico que dictaban tendencia: Michael Jackson (con su revolucionario álbum Thriller), Madonna, Wham! y Rick Astley.
Los más fresas le daban vuelo al cuerpo con rolas de Flans (“No controles”, “Bazar”), Timbiriche (“Tú y yo somos uno mismo”, “Con todos menos conmigo”), Fandango (“Autos, moda y rock and roll”) y Hombres G (“Venezia”, “Devuélveme a mi chica”). En menor medida estaban presentes Soda Stereo, Caifanes, Kenny y los Eléctricos
Eran expresiones musicales para las discotecas de la época y los grandes sonidos de High Energy como Polymarchs y Patrick Miller, conceptos que el barrio tomaría para el auge “sonidero” nacional.

Las discotecas más icónicas de Guanajuato en los 80
El estado de Guanajuato no podía estar exento de los espacios culturales ochenteros. En su capital, etiquetada por un ambiente de cultura bohemia y romántica, destacaron Sancho’s Discoteque, ubicada en el histórico Callejón de Sancho Panza (en una edificación que databa del siglo XIX en la zona de Cata; y Galería Disco, ubicada en Marfil, en lo que antes había sido una hacienda de beneficio (ex Hacienda de Burras). Su acceso era toda una experiencia: un túnel subterráneo te conducía a la pista. Durante las épocas del Festival Cervantino y Semana Santa, se transformaba en el epicentro exclusivo de actores de Televisa, reinas de belleza y celebridades que abarrotaban el lugar hasta el amanecer.
La vida nocturna de León consolidó en esta década la transición definitiva de los salones de baile tradicionales hacia el concepto de “discoteque” masivo.
La Discoteque del Hotel Real de Minas fue la gran pionera de la vida nocturna moderna en la ciudad (habiendo abierto originalmente a mediados de los 70) y continuó siendo un pilar fundamental durante los primeros años de los 80.
El impacto, traído bajo un concepto estadounidense, introdujo a León las pistas de baile con juegos de luces sofisticados y la figura del DJ mezclando discos en vivo, algo completamente revolucionario para la juventud de la época. De este espacio surgió la primera camada de DJs leoneses profesionales.
Rangers Discoteque, de las más populares y queridas por la comunidad juvenil a principios y mediados de la década de los 80. Era un punto de reunión obligado los fines de semana donde sonaban los ritmos electrónicos más rápidos del momento. Su historia quedó marcada por la nostalgia debido a que sufrió un fuerte incendio que la obligó a cerrar sus puertas, convirtiéndose en una leyenda de la memoria nocturna leonesa.
Magic Circus, siguió el éxito del legendario recinto homónimo de la Ciudad de México y Acapulco. Tuvo un impacto total en León a finales de la década de 1980 y principios de los 90, convirtiéndose en el símbolo máximo de estatus, moda y vanguardia musical. Funcionaba como estrado para conciertos íntimos de las bandas que dominaban el pop y el rock en tu idioma, tales como Soda Stereo, Mecano, Flans y Luis Miguel.
Durante los 80, muchos de los grandes hoteles de la zona hotelera y del centro de León albergaban clubes nocturnos sumamente cotizados. El Jardín de las Aves y otros conceptos de la época marcaban las opciones para quienes buscaban un ambiente más exclusivo y música de importación anglosajona.
El éxito de estos recintos en León se debió a personajes históricos de las tornamesas locales como Javier Vilchis y Juan Lozornio. Ellos marcaron época al educar el oído del público leonés, pasando de la música disco clásica inspirada por Saturday Night Fever hacia los sintetizadores futuristas de los años 80.
También se recuerda a Mr. Green, situada en el Centro Comercial Insurgentes. El lugar compitió fuertemente con otros locales del mismo complejo como Horses y Tea for Two. En torno a estos espacios se forjó la famosa leyenda urbana regional del “diablo en la discoteca”.
De Irapuato se rememora La Telaraña, ubicada sobre la Avenida Guerrero, su primera etapa abarcó desde finales de los 70 hasta principios de los 90. Destacó por sus paredes de ladrillo, su duela pulida y sus constantes concursos de baile Baila como Travolta, fuertemente influenciados por la película Fiebre de Sábado por la Noche.
Compartió popularidad en la década con lugares como Pica Piedra o Stravaganza, que destacó no solo por su ambiente sino también por albergar a algunos de los mejores DJs y mezcladores de música retro de la región del Bajío. También se menciona a Adhara, espacio muy recordado de la época que compartía popularidad con los conceptos más importantes de ciudades vecinas (como Celaya y Salamanca) debido a la calidad de su música importada y su iluminación. Aztek, emblemático para las tardeadas de fin de semana, eventos organizados por la tarde especialmente para estudiantes de preparatorias y universidades locales (como los del entonces Cecyt 235 / CBTis 65) que no tenían la edad para ingresar en el horario nocturno formal, remata el listado.

En Celaya se destaca Leo’s Club, localizada en la calle Manuel Doblado, cerca del Mercado 5 de Febrero. En sus pistas se presentaron artistas juveniles de la época como Mecano, Timbiriche, Emmanuel y agrupaciones de rock como El Tri.
Otros espacios cajeteros de la década de 1980 fueron Los Ángeles Discoteque, de imponentes luces. El impacto estético del lugar fue tal que, años después, cuando el local se transformó en un restaurante de la cadena California, aún se conservaban algunas de las icónicas pinturas murales de la discoteca en sus pilares.
Octavius Discotheque fue uno de los puntos de reunión y convivencia juvenil más importantes desde finales de los 70 y durante los años 80. Estaba ubicada en pleno centro, sobre la calle de Miguel Hidalgo (casi esquina con Benito Juárez). Es recordada de manera muy especial por sus icónicas tardeadas sin venta de alcohol, donde las filas comenzaban desde las 4:00 p. m. para entrar a bailar de 5:00 a 10:00 p. m. Presumía una espectacular pista iluminada con cuadros de colores al más puro estilo de la época.
Lulubels fue un bar y centro nocturno muy concurrido a principios de los años 80 donde se daban cita los jóvenes de la ciudad para escuchar las novedades musicales y convivir los fines de semana.
El Luigi Station, otro de los locales nocturnos que marcaron el circuito de entretenimiento de la época, recordado con gran nostalgia en los recuentos locales sobre los mejores lugares para ir de fiesta en aquellos años.
Dos fenómenos culturales caracterizaron ese tiempo: la figura del DJ y los traslados a las discos, con autos repletos de jóvenes y la saturación de estacionamientos aledaños, lo que propició “arrancones” y exhibiciones de vehículos. En el caso de la capital, las caminatas de la periferia para seguir la parranda en el centro de la ciudad, lo que dio pauta a la fiesta nocturna en calles y plazas en época del Festival Internacional Cervantino.
Los marginales
El llamado “Canto Nuevo” o “música de protesta” eran para discreto consumo privado. En “pícas” y fábricas de calzado se escuchaba música ranchera o de la época, difundida en la radio.
Hubo, sin embargo, un espacio alternativo: La Hostería Hermandad y Café Macondo, de los hermanos Ramírez Funes, centros de la bohemia, el rock y el canto nuevo, refugios de la discreta izquierda política y cultural en una ciudad donde el PAN habría de tomar la fuerza que el sinarquismo no logró tener en el ámbito electoral.
Hostería La Hermandad fue una famosa cafetería de estilo bohemio, ubicada en los portales de la emblemática Callejuela Padilla, en pleno corazón de León. Ahí se daban cita intelectuales, estudiantes y músicos locales. De ahí surgieron figuras emblemáticas del rock leonés, como Julio Energía, quien junto con Alejandro Rangel Brizuela, “El Canano” —pionero, promotor e historiador de rock más respetado y “aferrado” de todo el Bajío, fundador de la legendaria banda Arco Iris— son los referentes históricos del mundo rockero contracultural leonés.
El Café Macondo, propiedad también de los hermanos Funes, se convirtió en el templo oficial de las bandas de rock versátil y música folclórica de la ciudad. Por sus escenarios desfilaron agrupaciones históricas del rock leonés como Abraxas, Sismos, Johny Lyz, Opus Six Band y Energía.
El nombre de “La Hermandad” quedó tristemente marcado en la memoria colectiva debido a un terrible desastre estructural ocurrido a las 8:30 de la noche del 31 de diciembre de 1981.
La falta de mantenimiento acumulada provocó que la parte oriente del portal de la Callejuela Padilla colapsara por completo, precisamente en el área donde se ubicaba la cafetería de los hermanos Funes.
Tras el derrumbe de la cafetería y los portales, la zona fue desalojada, los comerciantes fueron reubicados hacia la calle Praxedis Guerrero y el entorno de la Callejuela Padilla. La Hermandad se fue a la zona del Parque Hidalgo, pero ya en los ochentas no volvió a ser lo mismo. Sin embargo, sentó las bases para lugares similares, entre los que se puede destacar Café y Arte Contrapunto, abierto en 1985.
A lo largo de sus cuatro décadas de historia, el lugar se ha consolidado como un patrimonio cultural y bohemio fundamental para la ciudad de León. Se distingue por ser uno de los escenarios más íntimos y tradicionales para los amantes de la música en vivo, la trova, las noches de jazz, el funk y los tributos al rock clásico. Ahí han estado intérpretes que en su momento eran marginales, como Eugenia León, Fernando Delgadillo y Los Leones de la Sierra de Xichú, además de ser espacio pionero para intérpretes locales del canto nuevo.

La contracultura rockera de los 80 en Guanajuato
Estudiosos de estos momentos de la cultura guanajuatense, como Armando Navarrock, Julio “Energía” y Héctor Gómez Vargas, afirmaron que, a diferencia de la ciudad de México, el rock ochentero en Guanajuato tuvo un fuerte arraigo hacia los sonidos potentes del hard rock y los primeros brotes del heavy metal mexicano.
Y así como a nivel nacional había representaciones culturales alternativas a lo que predominaba en torno a la gran industria, Guanajuato tuvo lo suyo, con sus bandas icónicas, oriundas de León:
Marduk fue uno de los grupos de rock pesado más exitosos y definitivos del Bajío en los años 80. Surgidos originalmente en 1982 en la colonia Loma Bonita bajo el nombre de Zodiaco, cambiaron su nombre a Marduk y se volvieron un referente de música original con calidad de exportación. Liderados por Jaime Ramírez (guitarra) y Pepe Oropeza (bajo), tocaban un metal potente que puso a León en el mapa del rock nacional.
Vixit, originarios del emblemático y tradicional Barrio del Coecillo, se formaron en 1980. Hacían un rock pesado visceral y potente que arrastraba una fanaticada sumamente numerosa y fiel en el circuito underground. Lograron consolidarse a finales de la década e inicios de los 90, participando activamente en festivales nacionales y plasmando su legado en el disco El poder del metal.
Cerebro, otra agrupación pilar del metal de corte urbano de la ciudad. Se caracterizaron por sus letras crudas e instrumentación veloz, siendo parte de la misma camada que se rehusaba a tocar únicamente covers de bandas norteamericanas, apostando en su lugar por composiciones propias en español.
Los Sismos. Aunque su origen y estilo apostaba más hacia un rock clásico, melódico e influenciado por bandas como The Beatles y America, el grupo liderado por Alfredo Fonseca fue una escuela técnica indispensable para los músicos locales de rock de toda la década.
La Banda Underson, exponente de rock progresivo, fue una de las más reconocidas por su calidad. Se añade otra clásica: Banda Argentum, toda una institución para el rock tanto en inglés como en español y que muchas veces debía ser versátil para sobrevivir.
Escenarios y foros de resistencia en el estado
Debido a las prohibiciones locales de la época, las tocadas se realizaban en una mezcla de espacios improvisados y pequeños oasis que abrían sus puertas a la juventud:
El ya mencionado Jardín de las Aves no sólo fue un espacio para “los fresas”, fue también un foro que revolucionó la escena al convertirse en la parada obligatoria de bandas independientes. Fue el escenario donde agrupaciones icónicas como Kenny y los Eléctricos, Rostros Ocultos, e incluso bandas internacionales de la corriente “Rock en tu Idioma” recibieron su primera oportunidad en Guanajuato.
La movilización del rock urbano y el metal en León se refugiaba en lugares como la Concha Acústica del Parque Hidalgo, el Teatro del IMSS y, de forma masiva, en bailes clandestinos organizados en “barrios bravos” como El Guaje, (hoy colonia Morelos).
En Irapuato se gestaron eventos masivos contraculturales, como los recordados festivales en la Plaza de Toros, donde bandas locales compartían escenario con pilares del calibre de los Dug Dug’s.
Esta generación de músicos y fanzines locales (como Rugido y Fuerza Rockera) picó piedra en una época difícil, construyendo los cimientos para que Guanajuato sea hoy en día sede de grandes eventos de música extrema.
Los conciertos sonideros y en esos espacios marginales aparecían en la nota roja de la prensa del estado cuando había pleitos o redadas y los textos solían tener señalamientos de violencia y consumo de drogas. Pululaban en colonias como Los Olivos y San Miguel y luego se extendieron a Chapalita, San Juan Bosco y otros de zonas populares donde los pleitos eran el colofón en la noche de música.

El único impreso que les daba espacio era El Nacional de Guanajuato, en una sección cultural que publicaba crónicas de quien esto escribe y de Armando Navarro, entonces joven promotor de conciertos y “toquines”.
Navarro afirma que en los 80, el rock se convirtió en un estandarte de las clases trabajadoras: “Como cultura y sonido, se expresó sobre todo en tres géneros: el metal, el progresivo (o un gran intento de progresivo) y el rock urbano-rupestre”.
Añade que los músicos se unieron en colectivos con escritores, teatreros, bailarines y pintores, lo que produjo algunos experimentos interesantes: “En los 90, el cambio generacional no fue con estafeta: los grupos comenzaron a deshacerse o a enterrarse aún más en el underground y los medios de comunicación se enfocaron en música extranjera o de la capital; surgieron muchos grupos, pero ya no hubo una escena cohesiva”.
Pero también en torno a estas expresiones surgieron grupos organizados para reclamar el derecho a su música: Bandas Unidas de Guanajuato (BUG) y Rockeros Unidos de León, Gtuanajuato (RULG), mismos que merecen un texto aparte.
Héctor Gómez Vargas, investigador de la Universidad Iberoamericana León, ha realizado estudios historiográficos y sociológicos sobre el rock en esa ciudad. Le rodean anécdotas nostálgicas narradas en plataformas digitales aportan datos para una historia que está por escribirse.
Esto fue un acercamiento musical y cultural a los ochentas del siglo XX en Guanajuato. Que los que sepan más, corrijan lo corregible y aporten lo que yo no sé.
Fuentes
https://www.eslocotidiano.com/tachas1/tachas-159/leon-ciudad-rock-10-grupos-iniciarse-musica-panza-verde-1959-1991/20160625185327030668.html. Escriben Estaban Cisneros y Armando Navarrock.
https://latrampadelbulevar.wordpress.com/2020/12/15/marduk-el-metal-en-los-anos-80-en-leon/. Escribe Esteban Cisneros.
https://latrampadelbulevar.wordpress.com/2020/08/26/rock-leon-un-trabajo-de-cronica-e-investigacion-1989-parte-2/. Escriben Julio Energía y Armando Navarrock.
Portal de Fecebook “Irapuato de mis recuerdos”.
Reportaje “¡La reina de las noches! Sanchos Discoteque, la discoteca que hizo historia en el Guanajuato de los años 80”, de TV Guanajuato. https://www.facebook.com/watch/?v=1529742785618326.

