LOS OTROS OCHENTAS, CONTRACULTURALES Y MARGINALES

Las modas digitales tienen sus encantos y sus desencantos. En estos días surgió la de poner fotos recreadas con Inteligencia artificial para ver cómo supuestamente las y los usuarios de redes digitales eran en la década de 1980. No faltaron las fotos reales de esa década y predominaron las visiones de la cultura mediática mercantil:

Fue tiempo de baladas y pop romántico con intérpretes como Juan Gabriel, Luis Miguel, Emmanuel, Yuri, José José y otros por el estilo. En el pop juvenil destacaron Timbiriche, Menudo, Fandango, las Flans y Magneto, por citar a los más comercializados. A nivel popular se recuerda a Bronco, Los Bukis y Los Temerarios. La canción ranchera tuvo lo propio: Vicente Fernández, Chayito Valdez, Los Cadetes de Linares, Los Tigres del Norte, Rocío Dúrcal o Joan Sebastian, por citar los más comercializados. De España se posicionaban Raphael y Julio Iglesias y el emergente rock de Miguel Bosé.

La moda en la apariencia y vestir en la década de 1980 (fotografía, Kioongo Life Media). León Chávez Texeiro, cantautor pionero del canto nuevo mexicano (fotografía, portal Fábrica de Periodismo).

La moda masiva ochentera

La manera comercial de vestir en esta década se caracterizó por colores neón y extravagancia, con una suerte de rebeldía ante la moral adulta, pero también una representación de estatus y originalidad. A partir de la premisa de “más es más”, se dejaron de lado los convencionalismos para dar paso a siluetas exageradas acompañadas de peinados con un enorme volumen y fijador.

Las hombreras pronunciadas fueron el símbolo definitivo de la época. Se utilizaban tanto en sacos de vestir como en blusas holgadas para proyectar una imagen de poder y éxito profesional (power dressing). El uso de leggings de colores neón o brillantes (licra), minifaldas de tul o de mezclilla, y pantalones de tiro muy alto definieron el guardarropa diario de las mujeres. 

Impulsada por la locura de los aeróbicos, la ropa deportiva saltó a las calles. Se volvió común usar calentadores de piernas, sudaderas rasgadas, mallas holgadas y bandas elásticas en la cabeza. La bisutería brillante y de gran tamaño era indispensable. Destacaban los aretes gigantes, decenas de pulseras de plástico o metal en las muñecas, lentes oscuros grandes y los icónicos relojes digitales. 

Los hombres adoptaron pantalones de pinza holgados combinados con blazers sobre playeras de algodón (look popularizado por la serie Miami Vice), así como chaquetas de cuero, camisas con estampados llamativos y pantalones de paracaídas. 

Los otros ochentas

Sin embargo, ése era el mundo clasemediero y el popular aspiracionista, en contraste con los otros ochentas, el contracultural, “revolucionario”, contestatario y underground, el mundo de los últimos momentos de un socialismo que iba en decadencia como sistema y alternativa y que daría lugar al llamado “fin de la historia” en la siguiente década.

El principal espacio nacional de los otros ochentas era la ciudad de México, una capital que mostraba la decadencia del poder priista, que vivía el debate entre los que mantenían al socialismo como meta y paradigma y los que ya cuestionaban lo que vivían la URSS y los países de Europa del Este. No era a favor del capitalismo: era ver qué modelo era el considerado correcto.

Fueron tiempos de marcha contra el neoliberalismo delamadridista y el imperialismo yanqui, el apoyo a Cuba y a las guerrillas de centro y sur del continente, el repudio a las dictaduras latinoamericanas, el respaldo a los movimientos sindicales y urbano populares y representarse a sí mismo lo más cercano a ser trabajador.

En ese entorno, no hubo peinados ni vestimentas como los antes citados. Ser fresa o al menos parecerlo, era lo “chic” en universidades privadas y las de la llamada “provincia”, pero en los espacios universitarios públicos chilangos era retar al acoso.

Esta representación tuvo su eco en la cultura y consumo musical, en una década que pasó de la sesentera “canción de protesta” al “canto nuevo” o “nuevo canto”. Fue lo que acompañó a los otros ochentas, los de menos citación y alusión en las redes digitales.

En la década de 1980, la canción de protesta en América Latina evolucionó para denunciar las dictaduras militares, la represión y la crisis económica a través del rock en español y la renovación de la Nueva Canción.

Muchos países salieron de regímenes dictatoriales. El rock y el pop se sumaron a la trova y al folclore como vías de denuncia social. La música acompañó la búsqueda de desaparecidos y la exigencia de libertad. Surgieron autores como los argentinos Charly García, con rolas sobre los desaparecidos durante la dictadura militar de ese país; Serú Girán y con la más popular en México —“Sólo le pido a Dios”— de León Gieco.

En lugares como Venezuela y Chile, agrupaciones de rock underground y folclore reanudaron los espacios de expresión pública y derechos humanos. 

De España se recuerda a Patxi Andión, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.

Los contraochentas mexicanos

La canción de protesta en México durante la década de 1980 se conoció principalmente como Canto Nuevo o “canto de resistencia”, heredera de los movimientos sociales y estudiantiles de los años 60 y 70. Se caracterizó por una crítica a la desigualdad, la pobreza, la dependencia económica y el colonialismo y fue divulgada en universidades públicas, plazas, peñas y sellos discográficos independientes como Discos Pueblo y Ediciones Pentagrama.

A lo largo de los años 80, el movimiento combinó la trova tradicional con influencias urbanas y el inicio de la crítica a través del rock subterráneo o urbano. Cito intérpretes de los primeros:

Gabino Palomares, Amparo Ochoa, Óscar Chávez, Judith Reyes y José de Molina: enfocados a la reivindicación del canto campesino y el folklore, en un contexto de denuncia directa contra la represión estatal y las luchas populares. 

Y qué decir de León Chávez Teixeiro, compositor e intérprete esencial del canto popular y urbano independiente; y Los Folkloristas, agrupación fundamental dedicada a la investigación y difusión de la música tradicional latinoamericana y mexicana.

Destacaron las voces que irían a los espacios de la comunicación masiva: la peruana Tania Libertad, Isabel Pantoja, Guadalupe Pineda (que llegó a la televisión popular al casarse con el afamado periodista Ricardo Rocha) y Eugenia León, que pasó de la marginalidad de peñas, cafés y pequeños auditorios a la fama al ganar en 1985 en primer lugar en el Festival OTI con “El fandango aquí”.

Tianguis cultural de El Chopo, espacio de comercio de la cultura underground y la contracultura en México (fotografía, Fototeca de la UNAM). Segunda imagen: Hoyo Funky (fotografía, reportaje en el periódico “La Jornada”).

Los marginales

También había una cultura de profunda raíz urbana: al ya mítico TRI, de Alex Lora, se agregaron el rock rupestre y el subterráneo (mexican underground).

El Movimiento Rupestre surgió en 1984 en la Ciudad de México. Se trató de trovadores urbanos armados solo con una guitarra acústica, voz y vivencias callejeras, creando un folk-rock de fuerte contenido social y poético:

Rockdrigo González, Fausto Arrellín, Roberto González —creador del tema “Los momentos”, himno rupestre—, Nina Galindo, Kepa Franco y Armando Rosas (con su Camerata Rupestre), creadores de propuestas que retrataban la vida cotidiana chilanga. Y qué decir del músico poeta Arturo Meza, con su rock progresivo inserto en letras de profundidad filosófica.

Marginales entre los marginales

Había otros que muchas veces tenían una presencia regional: Banda Bostik: originarios de Tlalnepantla; Mara, agrupación salvaje de hard rock liderada en los 80 por la irreverente voz de Charlie Monttana (quien más tarde fundaría Vago y sería apodado “El Novio de México”); Tex Tex, autoproclamados creadores del “Rock Agropecuario”, mezclaban el rock con ritmos bailables e historias que dignificaban la identidad mestiza del trabajador del campo y la ciudad; Trolebús, una banda indispensable que cruzó la línea entre la distorsión urbana y la lírica inteligente de protesta; Sam Sam y Heavy Nopal, agrupaciones fundamentales del circuito de los hoyos fonquis que mantuvieron el blues callejero vivo e independiente.

Otros grupos a mencionar: Three Souls in my Mind, Enigma, Megatón, Dugs, Dugs, Smog y Ritual. Del primero de ellos se escindió Alejandro Lora a principios de la década para crear al mítico TRI.

Rock “pesado”, alternativo y subterráneo de los 80

El fenómeno “Glam Metal” / Hair Metal estaba presente en bandas como Mötley Crüe, Bon Jovi, Def Leppard, Poison, Cinderella y, a finales de la década, Guns N’ Roses.

Bandas británicas como Iron Maiden, Judas Priest y Ozzy Osbourne eran el estandarte de las tribus urbanas metaleras (los llamados metalheads o “greñudos”).

Para quienes buscaban sonidos más extremos en la segunda mitad de los 80, los casetes de Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax pasaban de mano en mano en los barrios urbanos de la Ciudad de México y del norte del país.

Estas expresiones tuvieron su reflejo en la cultura mexicana, en una década donde el sonido eléctrico cobraría fuerza con influencias del post-punk, el ska y el new wave, abriendo paso a la modernidad del rock mexicano. Va la lista:

Botellita de Jerez: formada en 1982, creadores del “guacarrock”, mezclando humor, rock y música mexicana; Caifanes: fundada en 1987, liderada por Saúl Hernández, definió el rock en tu idioma con tintes oscuros y góticos; Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, surgidos en 1985, fusionaron el rock con el ska, el danzón y la cultura de barrio; Ritmo Peligroso, pioneros del movimiento Avanzada y el rock en tu idioma con tintes tropicales y punk; Kenny y los Eléctricos: Banda emblemática del circuito de los 80 liderada por Kenny Avilés. 

Salvo Botellita de Jerez, el resto de los grupos haría canciones más flexibles hacia el mercado y con el tiempo pasarían a la categoría de “fresas”.

Mención especial va para Jaime López, que tuvo variantes de ritmos en sus rolas. Desde la cumbia, la salsa, el rock y el jazz (expresión que merece espacio aparte).

Punk, la más notable manifestación cuntracultural de la década de 1980 en México (fotografía, portal larockdeltiempo). Segunda imagen: El original Three Souls in my Mind (fotografía de la revista digital “Rock en México”).

Rock con toque prehispánico

Otra corriente ochentera se fue a los discos y a los festivales culturales: el etnonorck. Va la lista:

Luis Pérez Ixoneztli, creador y pionero del etnorock en México; Jorge Reyes, tras su paso por la icónica banda de rock progresivo Chac Mool (que se disolvió en 1985), comenzó una prolífica carrera mezclando sintetizadores con instrumentos autóctonos (como el silbato de la muerte o el teponaztli), creando lo que él mismo denominaba “música de concierto prehispánica”: Tribu: agrupación musical nacida formalmente en los años 70 pero de gran impacto en los 80. Se dedicaron por completo a la investigación, rescate y ejecución de instrumentos antiguos de Mesoamérica, fusionándolos con la estructura compositiva del rock contemporáneo. Cabe señalar que se fueron a residir a Pozos, municipio de San Luis de la Paz, Guanajuato, en donde tomaron identidad acorde con la cultura chichimeca del norte guanajuatense. Agustín Pimentel, el líder del grupo, falleció recientemente.

También es de mencionar a Humberto Álvarez, multiinstrumentista, experimentaba con tintes étnicos y hacia finales de la década de los 80 cofundó el influyente proyecto Sangre Azteka junto a José Manuel Aguilera, combinando el rock alternativo con el folclor mexicano. 

Son referentes generales, seguramente el chismerío digital descalificará a algunos y agregará a otros. 

La otra moda: accesorios y peinados con identidad contracultural 

La contracultura ochentera utilizaba cinturones de balas (falsas) o de estoperoles, muñequeras de cuero negro con picos, cadenas gruesas colgando de las bolsas del pantalón (que a veces servían de defensa) y anillos con formas de calaveras.

Un accesorio sumamente mexicano dentro del rock: se amarraban paliacates rojos o negros en la cabeza, en la muñeca o saltando de la bolsa trasera del pantalón.

El cabello largo en los hombres era el mayor acto de rebeldía contra una sociedad conservadora. Se usaba el pelo alborotado, crespo, o el famoso estilo mullet (corto de adelante y largo de atrás), emulando a personajes como Álex Lora o Charlie Monttana.

La chamarra de cuero negra (estilo biker) era la prenda más codiciada, un símbolo de estatus dentro del barrio. Quien no tenía dinero para una de piel, usaba una de mezclilla (denim) a la que le cortaba las mangas para hacer chalecos.

La ropa se personalizaba a mano. Se usaban parches bordados con los logos de bandas (como El Tri, Banda Bostik, Mara, o extranjeros como Led Zeppelin, AC/DC y Ramones) y se decoraban las solapas con estoperoles y remaches metálicos.

Playeras de algodón, usualmente negras o de color gris gastado, con estampados de sus grupos favoritos. También era común usar camisas de franela a cuadros, de estilo leñador, usadas abiertas sobre la playera.

Jeans (pantalones de mezclilla) sumamente desgastados, muchas veces rotos de las rodillas de forma natural (no comprados así). En el rock urbano se usaban muy ajustados o entubados, mientras que algunos sectores más influenciados por los hoyos fonquis los usaban un poco más holgados pero desgastados.

Jorge Reyes y Tribu, exponentes del etnorock mexicano (fotografía, Agustín Pimentel). Segunda imagen: Botellita de Jerez, exponentes del guacarock mexicano (fotografía de su disco). Última imagen: Alex Lora, el líder del legendario Tri.

Las botas industriales (con casquillo de acero), los tenis de bota (estilo Panam o Converse desgastados) y las botas vaqueras de punta eran el calzado oficial. Tenían que ser resistentes para aguantar las largas caminatas hacia la periferia y los empujones en los bailes.

La vestimenta no se compraba en centros comerciales; se conseguía mediante el trueque (intercambio) en el Tianguis del Chopo, en mercados de pulgas o se fabricaba modificando ropa vieja en casa.

Son los otros ochentas, de los que buscaron ser diferentes para que los años los hicieran retomar camino, aunque no faltó quien se quedó en ese avión; de los que soñaron con hacer la revolución y que aportaron, adultos mayores que creen que ahora se les está cumpliendo su fantasía.

El estado de Guanajuato tuvo también sus mundos ochenteros, pero ésa es historia para otra entrega.

Fuentes

https://www.vogue.mx/articulo/moda-de-los-80-como-era-que-se-vestia-y-que-colores-se-usaban.
https://kioongo.com/blog/moda/asi-era-la-moda-en-mexico-durante-1980
https://musiteca.mx/micrositios/musica-y-canto-de-resistencia

“El canto llano”, en https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/download/2753/2654/4497.

https://www.facebook.com/FonotecaNacionalMexico/posts/durante-las-d%C3%A9cadas-de-1970-y-1980-compositoras-compositores-e-int%C3%A9rpretes-del-m/1434330815404574

Top 100 Canciones de 1980 (Latinoamerica), en https://www.youtube.com/watch?v=_BiuwxKz-Lg

https://distintaslatitudes.net/archivo/los-hoyos-funkies-en-la-ciudad-de-mexico

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