SONRÍA PARA LA MUGSHOT

Mugshot es el término informal que se aplica para una fotografía policial o de reserva. A muy grandes rasgos, es un retrato fotográfico  —de la cintura para arriba— de una persona, la cual suele tomarse después de que es arrestada. Este tipo de registro comenzó en la década de 1840, sólo unos pocos años después de la invención de la fotografía, pero fue hasta 1888 que el oficial de policía francés Alphonse Bertillon estandarizó el proceso. El propósito original de la foto policial era permitir que las autoridades policiales tuvieran la imagen en registro de una persona detenida para así permitir la identificación por parte de las víctimas, el público y los investigadores.

De acuerdo con Wikipedia, “Mug es un término coloquial inglés que significa ‘rostro’ y que data del siglo XVIII. Mugshot puede significar, de forma más general, cualquier imagen pequeña de un rostro utilizada por cualquier motivo”.

La Mugshot estándar se compone de dos partes: una de perfil y otra de frente, con un fondo liso que evita elementos ajenos al rostro o a la cabeza del modelo.

Existe la especulación acerca de que las primeras Mugshot se tomaron en Bélgica en 1843 y 1844. Para 1846, la policía de Sídney comenzó a construir su registro fotográfico de criminales. Pese a los escalofríos que los casos mórbidos despiertan en la mayoría de los ciudadanos de Reino Unido, las Mugshot comenzaron a utilizarse hasta 1848. En Estados Unidos fue en 1853 y en Filadelfia donde se armó por vez primera un apartado de daguerrotipos de delincuentes. En 1857, el Departamento de Policía de Nueva York entró de lleno a la modernidad y creó su propia galería de terror policial.

La disposición fotográfica en par al parecer tomó como modelo los retratos de prisión realizados en 1865 por Alexander Gardner de los acusados de conspiración en el juicio por el asesinato del presidente estadunidense Abraham Lincoln. Hay que aclarar que las fotografías del señor Gardner eran retratos de cuerpo entero con sólo las cabezas giradas para las tomas de perfil.

Fotografía policial de Myra Hindley / Pinmterest

Existen miles de Mugshots tanto de criminales como de celebridades. Están las de Al Capone, Lucky Luciano, Martha Beck, entre muchísimas otras, pero también las de Frank Sinatra, Jim Morrison, Hugh Grant, David Bowie, Janis Joplin, y centenas más. Aunque posiblemente la imagen policial más perturbadora es la de la británica Myra Hindley, quien, junto con su amante Ian Brady, asesinaron en la ciudad de Manchester a tres niños y dos adolescentes entre 1963 y 1965. En su foto de fichaje, La Medusa de Cabello Oxigenado (como los medios llamaron a Hindley por su cabello teñido de rubio), mira fijamente la cámara, con un gesto misterioso y una sonrisa apenas perceptible pero profundamente siniestra.

Como en cualquier actividad humana, en el caso de la fotografía policial también existen detractores dentro de algunos sistemas legales del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, hay abogados que hablan de un efecto negativo que puede influir en las decisiones del jurado, como es el caso del Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia, que ha sostenido: “La foto doble, con tomas de frente y de perfil, una junto a la otra, es tan común, desde los carteles de ‘se busca’ en correos, películas y televisión, que la inferencia de que la persona involucrada tiene antecedentes penales, o al menos ha tenido problemas con la policía, es natural, quizás automática”.

En Estados Unidos, el fenómeno criminal está fuertemente vinculado a la sociedad del espectáculo, por lo que no resulta raro que algunos empresarios hayan explotado los archivos fotográficos de los grandes asesinos para obtener ganancias comerciales a través de la industria editorial de esas fotografías. Ejemplo de lo anterior fue la imagen filtrada a los medios de un avejentado Richard Ramírez, El Acosador Nocturno, tomada a principios de 2013. En el lapso de un año, Ramírez asesinó a 14 personas en California. Fue condenado a la pena capital, aunque en realidad fue un inquilino permanente del corredor de la muerte. De ahí no pasó.

Richard Ramírez murió de cáncer de células B el 7 de junio de 2013, a los 53 años, es decir, semanas después de su última fotografía filtrada a la opinión pública. En el momento de su muerte, el individuo que impuso un estado de terror en California por su actividad homicida, llevaba más de 23 años esperando su ejecución.