EL TIGRE DE SANTA JULIA, LA LEYENDA DE UN SUPUESTO ROBIN HOOD GUANAJUATENSE 

Aquel 30 de mayo de 1906, José de Jesús Negrete Medina, conocido como “El Tigre de Santa Julia”, tuvo que salir de su guarida porque la naturaleza le llamaba. Fue su perdición: en plena faena de expulsión orgánica, la policía lo sorprendió y tomó preso. Fue fusilado el 22 de diciembre de 1910, a un mes del inicio formal de una revolución contra el dictador Porfirio Díaz.

A diferencia de otra figura de la historia de los criminales mexicanos, “Chucho el Roto”, “El Tigre de Santa Julia” era muy violento y no vestía con elegancia. Ambos, empero, son parte de la leyenda del delincuente que roba a los ricos para dar dinero a los pobres.

Sangre guanajuatense

Existen versiones diversas de su biografía, pero la que puede ser más precisa es la que el mismo tristemente célebre bandolero dio de sí mismo cuando fue procesado en junio de 1908 y de ello consignan las crónicas del periódico católico El País: 

José de Jesús Negrete Medina nació en agosto de 1873, en el municipio de Cuerámaro, Guanajuato, aunque en su declaración dijo que en 1874. Fue hijo de José Guadalupe Negrete y Luisa Medina, quien murió en el parto. De niño, Jesús Negrete trabajaba en el campo.

F1 Jesús Negrete “El Tigre de Santa Julia”, 1900-1905. (Fotografía: Fototeca Nacional, Mediateca INAH). En seguida, la casa del Tigre de Guanajuato. (Fotografía: Mediateca del INAH)

El País (Diario Católico) informa en su edición del lunes 1 de junio de 1908 que “El tigre de Santa Julia” tenía 34 años y nació en el pueblo de Cuerándaro (sic), perteneciente al estado de Guanajuato.

El periódico El Popular, en la misma fecha, dice que fue en “el pueblo de Cuerámbaro (sic), también de Guanajuato y señala que Jesús Negrete tenía 33 años.

El País basa sus afirmaciones en las declaraciones de Negrete, quien ante el juez que le llevaba causa, manifestó que sus padres eran gañanes en una hacienda de campo y que los primeros años de su vida los pasó ayudando en esas faenas a los autores de sus días. 

La publicación del miércoles 3 de junio, a pregunta expresa del Agente del Ministerio Público sobre si sus padres fueron dueños de algún rancho, Negrete contestó: “tenían solamente algunos terrenos, en los cuales yo les ayudaba a trabajar”.

Esta declaración pone en duda la versión de la leyenda, de que su madre murió al parir y quedó al cuidado de su padre. 

Según las propias declaraciones del bandido, expresadas el 2 de junio de 1908 y publicadas en El País, el pueblo de Cuerámaro tenía en aquella época menos de 2 000 habitantes, y no había escuelas, por lo que nunca tuvo instrucción, y eso —dijo— influyó en su desgracia. Sin embargo, no murió analfabeto: durante los dos años que estuvo preso en la Penitenciaría de México, aprendió a leer y a escribir.

Era adolescente cuando en la hacienda de Tupátaro —ubicada al sureste de Cuerámaro— conoció a Pedro Ortiz (o Pedro Herrera, como también se nombraba) y se hizo su amigo. 

Ortiz, al que Jesús consideraba como “honrado y trabajador” entró al ejército porfirista, camino que habría de imitar Jesús, quien declaró que desde niño quería ser soldado. 

Estaba en el ocaso de su adolescencia cuando decidió viajar a la capital del país para ingresar a un batallón. El Popular, en su edición del 1 de junio de 1908, lo ilustra así: “salió de Cuerámbaro (sic) a pie, y después de pasar grandes trabajos en el camino, llegó al Distrito Federal, entrando por Santa Fe”. De allí siguió a Tacubaya, donde estaba el cuartel del tercer regimiento de artillería para ser dado de alta como soldado. Fue entonces que se reencontró con Pedro y la amistad se intensificó.

Jesús fue soldado ejemplar y mostró habilidad para el tiro al blanco. Alcanzó el grado de sargento primero, el máximo al que podía aspirar un analfabeto.

En el cuartel también se hizo amigo de Heraclio Rodríguez, que era “picador” (amansaba caballos del regimiento) y luego “forrajero”. Sin embargo, a pesar de la ilusión infantil, la vida militar ya no le apasionaba. A los cinco años de servicio, ambos solicitaron licencia, la que le fue concedida de manera indefinida, al igual que a Heraclio Rodríguez. 

F1 Hoja volante ilustrada por José Guadalupe Posada y F4 Universidad de Nuevo México Colección de grabados de Fernando Gamboa de José Guadalupe Posada, 1888-1944.

Inicio de la carrera criminal y el origen de su mote

Tras dejar al ejército, José de Jesús Negrete se fue a vivir al antiguo Barrio de Santa Julia, ubicado en lo que hoy abarca la colonia Tlaxpana y parte de la colonia Anáhuac, en la alcaldía Miguel Hidalgo. Desde ese entonces, y hasta la fecha, es considerada una zona con altos índices de violencia.

Al carecer de oficio y estar desligado de la vida productiva de la ciudad y relacionado con el mundillo de la delincuencia del barrio, optó por ser bandido. 

Las versiones historicistas narran dos momentos de iniciación: hizo equipo con Heraclio y ambos iniciaron su carrera criminal cuando decidieron robar al cuartel donde estuvieron como soldados. Hicieron un hoyo en la pared del edificio y, al conocer el movimiento y los espacios, se llevaron dinero y objetos.

Otra versión señala que había conocido a Tomás Peña, Fortín Mora, Gregorio Mariscal e integró a su amigo Pedro, quienes fueron sus compinches en el asalto a la Hacienda de Aragón. 

Sin embargo, no lograron su cometido y fueron capturados y encerrados después del robo, pero Jesús Negrete logró escapar de la penitenciaría al asesinar a dos guardias, crimen que le dio el sobrenombre de “El Tigre de Santa Julia”.

El hecho fue publicado en el periódico El Imparcial y lo describieron como sanguinario, pero también como audaz. Esa apología generó que sus actos comenzaran a ser aplaudidos debido a que se creó la leyenda de que compartía una parte de su botín con los que menos tenían.

Al escapar de la cárcel, volvió a encontrarse con Pedro y ratificaron su condición de banda dedicada al robo. Sin embargo, Jesús era de reacciones violentas y no tardó en cometer más homicidios.

El Popular consigna que Jesús declaró en su juicio que estuvo preso por diferentes crímenes y fechorías: en 1897 por robo; en 1898, por lesiones; en 1899, por lesiones y robo; en 1900, por robo; en 1901, por homicidio, y en 1904, por lesiones y homicidio en la colonia de Santa Julia.

La ciudad de México vivía el fenómeno de los bandidos mitificados y las leyendas eran alimentadas por la prensa. Jesús Arriaga, “Chucho el roto”, había muerto en 1894 y su memoria estaba fresca. Jesús Negrete lo relevaba en el imaginario popular.

Con el tiempo, Jesús alcanzó mucha más popularidad, debido a la gran difusión de sus fechorías a través de los corridos, la prensa y la circulación de hojas volantes editadas por Vanegas Arroyo. 

Célebre bandolero para unos, despiadado salteador para otros. “El Tigre” alcanzó tanta popularidad que incluso le compusieron un corrido y fue impreso en una hoja volante ilustrada por Posada, lo que disparó su condición de mito.

Con las manos en la masa… fecal

Su historia criminal y su popularidad lo habían convertido en uno de los delincuentes más buscados por la justicia. El 30 de mayo de 1906, por fin fue capturado. Lo sorprendieron cerca de su casa. Cuenta la leyenda que se saltó a “hacer del cuerpo” a un corral aledaño al Callejón del Nopalito, en el barrio de Puerto Pinto, en Tacubaya, cuando lo sorprendieron en plena faena de evacuación.

Después de haber sido aprehendido, fue trasladado a la cárcel de Belén. El proceso se le inició en junio de 1908 y la resolución del juez fue aplicarle la pena de muerte por la vía del fusilamiento. 

El 22 de diciembre de 1910, antes del amanecer lo esperaban 40 hombres que integraban la escolta de capilla, al mando del comandante Ricardo Larralde y el teniente Antonio Magaña. Asignaron 5 tiradores que debían fusilarlo: el cabo Tirso López y los gendarmes José Palacio, Víctor Terán, Dolores Valdivia y Luis Bretón.

Afuera de la cárcel, una multitud esperaba con ansia y morbo que se cumpliera el destino. Algunos guardaban la esperanza de que lograra fugarse de nueva cuenta. Cuando los fusiles sonaron, murió el bandido y nació la leyenda. “El Tigre de Guanajuato”, como también en ocasiones le decían, cayó sin vida. 

F6 y 7 Portada y nota del 1 de junio de 1908 de El País, para cronicar la audiencia que se llevaba a El Tigre de Santa Julia. 

F5 Fusilamiento de El Tigre de Santa Julia, en El Imparcial. (Fotografías: Hemeroteca Nacional, UNAM)

Así anunciaron la noticia los periódicos:

“A las seis y veintisiete de la mañana Jesús Negrete pagó en el patíbulo todos sus crímenes”.

(repositorio.unam.mx La noticia de su fusilamiento en el periódico El Imparcial).

El diario católico El Tiempo publicó:

Fue colocado El Tigre en el centro de las dos filas abiertas, de la escolta, a cuya cabeza marcharon los señores Larralde y Magaña. Se irguió Negrete, adelantó el pecho, adoptó la apostura marcial —téngase en cuenta que fue soldado en su juventud— y cuando la escolta recibió la orden de emprender la marcha, El Tigre avanzó sin vacilaciones, tranquilo… […] Llegó la escolta al patio del jardín. Detrás iban las personas que hemos mencionado antes. El padre Villaláin y el Lic. San Pedro se pusieron del lado del Tigre, quedando éste en medio de los dos. El sacerdote exhortó por última vez a Negrete, pero éste dijo:

— No, Padre, no me confieso, ya no es tiempo.

A 115 años de su muerte, “El Tigre de Santa Julia” es más motivo para mofarse de quien es sorprendido en situación embarazosa, que por su condición de bandido.

Fuentes

NEGRÍN, Edith, “El Tigre de Santa Julia, de la imprenta Vanegas Arroyo a la pantalla de plata”, Christoph Müller, Ricarda Musser (editores), De la pluma al internet Literaturas populares latinoamericanas en movimiento (siglos XIX-XXI), México, EAFIT, 2018, pp. 31-66.

Información recopilada por el cueramarense Horacio Olmedo Canchola y escrita en el artículo “Desvelando la leyenda del Tigre de Santa Julia (De gañán a soldado y de militar a bandolero)”, publicada en el sitio https://consagradoalashoras.blogspot.com/2016/05/desvelando-la-leyenda-del-tigre-de.html

Periódicos El Imparcial, El País, El Popular y El Tiempo, consultados en la Hemeroteca Nacional de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).