UN ACUEDUCTO PARA APAGAR LA SED DE LOS PEREGRINOS
El Acueducto de Guadalupe es una joya histórica ubicada en la Ciudad de México, muy cerca de la Basílica de Guadalupe. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando la Villa de Guadalupe se separó de la República de Indios de Santiago Tlatelolco, en 1741. Para abastecer de agua a la Villa, se inició la construcción en 1743 y se completó en 1751.
Sus 10 kilómetros de longitud llevaban agua del río Tlalnepantla a la Villa de Guadalupe. Sostenido por 2 mil 310 arcos de piedra sólida, tenía una fuente de 10 metros de diámetro en su extremo. Diseñado por el Ayuntamiento de Guadalupe, se construyó con cantera del Cerro de Guadalupe para mitigar la sed de los miles de peregrinos que visitaban el sitio.
De acuerdo con la mitología cristiana, la primera de las apariciones de la Virgen de Guadalupe ocurrió el 9 de diciembre de 1531, cuando se le presentó al indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac. La virgen le pidió a Juan Diego que le dijera al obispo Juan de Zumárraga que deseaba que le fuera construida una Iglesia en el lugar de la aparición.

Ese mismo día, al volver a pasar por el cerro, se apareció por segunda ocasión al indio, quien le dijo la respuesta del obispo. María le pidió insistir en su encargo. “Mucho te ruego, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía”.
Al día siguiente, Juan Diego volvió a encontrar al obispo, quien le pidió pruebas de sus dichos. Vino la tercera aparición de la Virgen de Guadalupe, el 10 de diciembre, cuando Juan Diego le comunicó el mensaje del obispo. Ella le pidió que volviera a buscarla el día siguiente para recibir las pruebas que llevaría al prelado. Así se lo explicó a Juan Diego:
“Hijo mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has impedido; ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo”. Pero al día siguiente Juan Diego no pudo asistir al encuentro con la Virgen, porque su tío Juan Bernardino enfermó de gravedad.
La cuarta aparición fue el martes 12 de diciembre, cuando él salió a buscar a un sacerdote para su tío, cuando la Virgen se le presentó y lo consoló. “No temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija tu tío, que no morirá ahora; está seguro de que ya sanó”.
Luego le pidió subir a la cima del Cerro del Tepeyac (donde posteriormente se construiría el santuario mariano) donde encontraría varias flores. “Sube, hijo mío, el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, allí hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; enseguida baja y tráelas a mi presencia”, le dijo ella.
Juan Diego encontró flores hermosas, de las que nacen sólo en primavera, y las colocó en su tilma. La Virgen le pidió que se las presentara al Obispo. Cuando se encontró frente a él, abrió su tilma, dejando caer las flores. Sobre la tilma apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe. Ante la revelación, el Obispo y los demás se postraron con gran asombro.
La quinta y última aparición no fue ante Juan Diego. Cuando éste fue a ver a su tío Juan Bernardino, lo encontró recuperado y le narró que la Virgen se le había aparecido y que le dijo que contara lo de su curación al obispo. Resultado de lo anterior fue la edificación de la Antigua Basílica de Guadalupe, entre 1695 y 1709 y la inauguración de la Nueva el 12 de octubre de 1976.
En 1815 José María Morelos bebió agua de la fuente del acueducto, al permitírsele hacer una escala en ese sitio antes de ser ejecutado en el hoy municipio mexiquense Ecatepec de Morelos, y en 1932 el acueducto fue declarado Monumento Histórico de la Nación. En 2006, se realizaron trabajos de renovación y se construyeron andadores y zonas de recreo.
Hoy en día, el Acueducto de Guadalupe es un símbolo de la ingeniería colonial y un lugar popular para caminar, correr o hacer ciclismo. Se le evoca como una obra hidráulica de importancia para abastecer de agua potable a los habitantes de la Villa y mitigar la sed de los peregrinos que desde entonces van a la Basílica de Guadalupe cada 12 de diciembre.
También benefició a los agricultores y ganaderos de la zona, pues el agua del acueducto se utilizaba para regar los cultivos y abastecer a los animales. La población de la Villa de Guadalupe creció significativamente en el siglo XVIII, y los peregrinos que visitaban la Basílica de Guadalupe necesitaban mucha agua para beber y para realizar sus rituales.
Principalmente, la Iglesia Católica utilizaba el agua del acueducto para mantener el santuario. El Acueducto de Guadalupe funcionó aproximadamente 200 años, desde 1751 hasta finales del siglo XIX. Su uso disminuyó paulatina pero constantemente, debido a la construcción de los nuevos sistemas para dotar de agua potable a la Ciudad de México.
La cronología de ese enorme acueducto señala que en 1751 se completó su construcción; en 1815 alcanzó su máximo esplendor, para beneplácito de la población local y visitante; en 1850 comenzó su deterioro por falta de mantenimiento; para 1895 dejó de funcionar definitivamente; en 1932 fue declarado oficialmente Monumento Histórico de la Nación.

De sus originales 2 mil 310 arcos se estima que la mayoría se conserva, aunque ha sido afectada por el crecimiento urbano, pese a los esfuerzos para restaurarla y convertirla en un espacio público. El turismo de recreación, cultural y religioso se ve ahora beneficiado, pues el Acueducto de Guadalupe ha sido restaurado y convertido en un lugar agradable.
Ese monumento ha sido objeto de varias restauraciones a lo largo de los años, la más reciente se llevó a cabo en 2006, con el objetivo de preservar su estructura y devolverle su esplendor original. Se limpió y restauró cada uno de los 2 mil 287 arcos aún existentes a lo largo de 7 kilómetros del acueducto y se crearon espacios para el divertimento público.
Esos trabajos incluyeron el rescate del Parque del Mestizaje que alberga monumentos y estatuas importantes y se reutilizaron elementos como la estatua de Don Quijote y Sancho Panza, la Fuente de los Danzantes y otros, con la finalidad de preservar el acueducto y convertirlo en un atractivo para la zona norte de la Ciudad de México.

