LATINOAMÉRICA EN LA CIUDAD DE MÉXICO
1. Que andar por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México es una aventura y un placer, todos lo saben; que allí se puede comprar desde un alfiler hasta una reliquia de varios millones de pesos, muchos lo ignoran; por qué las calles de una amplia zona de esa área tienen nombre de naciones latinoamericanas, prácticamente todos lo desconocen.
2. La Lagunilla forma parte del Centro Histórico de la Ciudad de México. Tradicionalmente se le reconoce como uno de los barrios más antiguos y populares de esa parte de la capital y es famoso por su mercado, su afanosa actividad comercial (libros, discos, antigüedades, ropa, calzado y más) y su historia ligada al antiguo Lago de Texcoco, de ahí su nombre.
Aunque sí es parte del Centro Histórico en términos amplios y culturales, la realidad es que no toda La Lagunilla queda dentro del perímetro más restringido considerado por la UNESCO como Patrimonio Mundial (ese núcleo es más pequeño). Aun así, funcional y urbanísticamente, se considera parte del Centro Histórico, por su belleza y grandiosidad.

3. Aunque no hay una fecha oficial y universalmente aceptada para marcar el fin de la Revolución Mexicana, hay dos años considerados clave por historiadores y académicos: 1917, con la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y 1920, con la caída de Venustiano Carranza y el ascenso de un nuevo grupo político.
Por eso, quien camina por La Lagunilla y mira la nomenclatura de numerosas calles de la zona, se podrá asombrar al leer nombres como República de Venezuela, República de Cuba, República de Argentina, República de Uruguay o República de Brasil. Tras el nombre de cada una de esas calles hay una historia muy concreta; no es coincidencia y menos un adorno.
Esa historia está ligada al México posrevolucionario y a un proyecto de cultura política bastante ambicioso. Para llevar a cabo ese proyecto se consideró como principal premisa la celebración del Centenario de la Independencia (1921). Pero no todo era fiesta, el país venía saliendo de la Revolución (1910-1920) y estaba redefiniendo su identidad nacional.
En 1921 se creó un comité para reorganizar símbolos urbanos y dar nuevos significados a las calles y espacios públicos. Entre otras cosas, se renombró a varias calles del centro. El principal personaje y cerebro detrás de esta idea fue José Vasconcelos, quien fue el sexto rector de la Universidad Nacional de México (9 de junio de 1920-12 de octubre de 1921).
Él propuso algo muy específico: Nombrar calles con países latinoamericanos como acto simbólico y político con la finalidad de dar un “gracias” diplomático a América Latina. Pero los países que se recuerdan a través de las placas colocadas en las calles no están ahí al azar. Se seleccionaron detenida y razonadamente, porque la diplomacia así lo demanda.
Esos países fueron de los primeros en reconocer al nuevo gobierno mexicano luego de la lucha armada de la Revolución, apoyando al nuevo orden surgido con la Constitución de 1917. Y entonces, México decidió rendirles homenaje en su espacio más simbólico: el centro de la capital; eso fue literalmente un gesto de diplomacia convertido en urbanismo.
No sólo era agradecimiento. También, esa idea fue arropada con una ideología: la que reza “Latinoamérica unida”. Además, había una visión más profunda, porque después de la Revolución, el Estado impulsaba el nacionalismo cultural, la identidad latinoamericana compartida y, a la vez, el distanciamiento simbólico de Europa (especialmente España).
Llamar calles con nombres de países hermanos ayudó a reforzar la idea de comunidad latinoamericana, a educar indirectamente a la población, a construir identidad más allá de México, y a estar alineado con el pensamiento de Vasconcelos sobre la “Raza Cósmica”. Son alrededor de 12 calles a las que se les tomó el nombre para llevarlo a la gran ciudad.
Entre ellas destacan las llamadas República de Cuba, República de Brasil, República de Chile, República de Perú, República de Colombia, República de Uruguay, República de Guatemala, República de El Salvador, República de Bolivia, República de Venezuela, República de Paraguay y República de Nicaragua, así como República de Argentina.

Todas esas calles, concentradas en una zona del centro de la Ciudad de México, forman una suerte de “corredor latinoamericano” que inicia muy cerca del Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento (actual sede del Gobierno de la capital del país). Desde el Zócalo se puede caminar por todas esas añejas calles.
Innegablemente, esas calles antes no se llamaban así. A lo largo de los siglos tuvieron nombres indígenas referentes a hechos importantes (época prehispánica) o de virreyes, santos u oficios (época colonial). El cambio de 1921 fue parte de una tendencia más amplia, para utilizar a la misma ciudad como herramienta para contar la historia oficial.
En pocas palabras, las calles con nombres de países latinoamericanos existen porque México quería agradecer el apoyo internacional y deseaba la identidad latinoamericana. Por esa razón aprovechó el centenario de 1921 para resignificar el espacio urbano: fue una idea impulsada por José Vasconcelos dentro de un proyecto cultural nacionalista.

