LIBRERÍA DANTE CANDILES, UN LUGAR EN QUERÉTARO DONDE LOS LIBROS ELIGEN A SU LECTOR

Al costado de una plaza comercial, oculto entre los anuncios desgastados de una antigua mueblería, existe un portal de papel encantado. Si deambulas distraído por la avenida, en Querétaro, podrías ver solo ventanales; pero si miras con atención descubrirás que detrás del cristal del local los libros aguardan. Amontonados en mesas, en pilas que desafían la gravedad, estos ejemplares parecen ofrecer un respiro frente al tráfico asfixiante y el andar apresurado de quienes van y vienen sin detenerse.

Descubrí la Librería Dante casi por accidente, desde la ventana de un camión. Una tarde, decidida a descifrar el misterio de esa “mueblería” que ahora vendía mundos ocultos entre el papel, entré. Lo que encontré fue un maravilloso ecosistema de novelas, textos escolares y clásicos con dedicatorias olvidadas que hoy son el refugio de estudiantes y curiosos.

Diego Lizardi y su padre, Óscar Lizardi, mantienen viva una tradición familiar que supera los 16 años de vida. Aunque este local en Candiles apenas cumplió siete meses, su historia se ha forjado en el asfalto de los tianguis queretanos en La Presidente, Reforma Agraria y Lázaro Cárdenas.

Contra todo pronóstico en la era digital, En la Librería Dante aseguran que el gusto por el libro físico nunca ha estado en crisis, y hoy está más vivo que nunca.

Para Diego, los libros no son mercancía, sino un puente: “Es un negocio muy bondadoso” me dice con el orgullo reflejado en su sonrisa “No estamos sujetos a un determinado tiempo de alta o baja de ventas. Aunque tenemos más cuando es inicio de clases o de semestre, o los maestros solicitan algún libro en específico desde kínder hasta la Universidad. Nosotros tratamos de conseguírselos y dárselos a precios aceptables porque yo también fui estudiante universitario y sé lo que es no tener a veces ni para una hora de internet”.

Esa sensibilidad no es casualidad. Frente a la librería se encuentra el Cecyteq Candiles. Es común ver a los jóvenes cruzar la calle, dejando atrás las aulas para sumergirse en aquellas torres de volúmenes en busca de todo: romance, ciencia ficción, crimen, pero también filosofía e historia.

“Tratamos de motivarlos para que se acerquen un poco más a la filosofía, encontrar algo más nutritivo y darse también la vuelta por la historia para darse cuenta de dónde proviene todo ese conocimiento. Tenemos clientes así, que ahí van creciendo por su gusto por la lectura”.

Contra todo pronóstico en la era digital, Diego asegura que el gusto por el libro físico nunca ha estado en crisis, y hoy está más vivo que nunca. Los adultos jóvenes y los niños son ahora sus principales clientes. Para él, la clave está en no imponer, sino en acompañar el descubrimiento.

 “Antes nuestros clientes eran gente mayor, ahora nuestros clientes mayoritarios son adultos jóvenes, jóvenes y hasta niños. Es algo que también nos motiva, que se está retomando el gusto por la lectura y por tener algo físico que hasta puede ser un hobby de colección. Estoy muy en contra de que en la escuela obliguen a leer a ciertos autores; como imposición se hace muy pesado y se pierde el gusto. La verdad es que hasta con un cómic o un manga pueden empezar, y de ahí saltan a una literatura más compleja”, reflexiona. Diego defiende la lectura sin etiquetas: “No creo que haya una ‘lectura basura’. Al final del día es lectura y vas a sacar provecho de ella, aunque sea el aprender palabras nuevas”.

En su universo de papel, los libros siguen brillando como faros para alumbrar a nuevas generaciones, asegura Diego. “Los estudiantes pasan a diario por aquí enfrente, se le quedan viendo a los libros, luego les gana la curiosidad y entran al local, cuando se deciden preguntan y piden recomendaciones”.

Incluso él, un lector asiduo, confiesa su propia humanidad frente al papel: “Llevo más de 10 años tratando de leer la Divina Comedia porque me es complicada. No devoro libros, trato de sacarles el jugo. Les digo a los jóvenes: no pasa nada si no terminas un libro, date la posibilidad de que te aburra, déjalo y luego regresa”.

Entrar a una librería de viejo es también un ejercicio de arqueología emocional.

“Recibimos muchas donaciones, la mayoría de personas de altos recursos que a lo mejor el padre o el abuelo ya no están con ellos y deciden darle un buen destino a sus libros en vez de llevarlos a la recicladora o tirarlos a la basura. Gracias a eso podemos dar un precio accesible. Hay muchos compañeros en Querétaro que tienen sus locales en el Centro Histórico, igual ellos tienen un precio más alto en sus libros, nosotros como estamos más retirados de la zona céntrica tratamos de equilibrar nuestros precios, que sean justos y que seamos un beneficio para la comunidad”.

Diego y su familia tratan cada ejemplar con un respeto casi religioso, entendiendo que cada raya o dedicatoria en las páginas del libro representa la huella de una vida anterior.

“Entre las páginas de los libros de segunda mano se encuentran muchas cosas, desde las dedicatorias de un padre a una hija hasta separadores de libro muy únicos, sui géneris. Hemos encontrado dinero, billetes antiguos o de otros países. Flores que pusieron a disecar, fotografías de personas. Igual comprobantes, cheques, o el mismo recibo de compra de ese libro del año 88, de los 70. Uno dimensiona cuánto tiempo tiene de vida ese libro. Se da uno cuenta de que en su momento se hablaba de antiguos pesos, de miles de pesos: 30,000 costaba un libro. También identificaciones de personas muy antiguas, también, me encontré las primeras identificaciones oficiales que todavía no tenían foto y era un papel tamaño carta. Eso me sorprendió bastante, encontrar un documento de esa magnitud”.

Al costado de una plaza comercial, oculto entre los anuncios desgastados de una antigua mueblería, existe un portal de papel encantado: Librería Dante.

Pero con todo y esa riqueza, los verdaderos tesoros son los encuentros humanos:

“Lo mejor que me ha pasado en este camino es conocer niños, lo que podría llamarse coloquialmente niños genio que tienen 6 o 7 años y buscan libros de física. Un niño de 5 o 6 años vino buscando libros de economía, su mamá no tenía el gusto por comprarle el libro que el niño quería, le decía que ya tenía muchos libros, pero el niño bien emocionado la trataba de convencer. Sabía conceptos, la temática. Me dejó muy sorprendido ver ese tipo de actitudes en un niño tan pequeño y a mí me llenó tanto ese momento que decidí regalarle el libro, y él feliz de la vida, contentísimo de llevárselo”.

“Hay otros niños a los que les gusta la astronomía, la astrología, igual verlos con esa emoción de querer aprender y tener algo de sus héroes. Un Stephen Hawking, por ejemplo, también conocen a Carl Sagan. Uno se da cuenta de que a su corta edad tienen un conocimiento muy amplio. Igual, ver abuelitos que hacen el esfuerzo de comprarle un libro a sus nietos, cultivar el gusto por la lectura en ellos y que regresen. El niño o la niña regresan con el gusto de encontrar un nuevo libro de su preferencia. Yo creo que es lo que más nos ha llenado en este negocio, ver el amor por los libros”.

Cada persona que traspasa las puertas del local es una historia viva que ellos van leyendo al observar sus preferencias, mediante lo que conversan y lo que cuentan.

“Pueden convertirse en un cliente frecuente o quizá ya no los volvamos a ver, pero nos quedamos con ese recuerdo de que en algún momento hubo una persona que sintió lo mismo por un libro que nosotros”.

A pesar de la competencia que suponen los algoritmos y la cultura de lo inmediato, Diego apuesta por la paciencia y el trato justo. “Aquí nos hemos dado cuenta de que el libro te escoge. A veces mucha gente viene por un título en especial y se llevan otro. Nuestras puertas están abiertas, pueden entrar y tomarse el tiempo que gusten”.

La librería tiene tantos libros que están en continuo movimiento que es difícil memorizar todos los títulos y los autores, y siempre se esfuerzan por conseguir también libros actuales: “Tenemos proveedores que nos venden lo que les queda de sus librerías oficiales. A veces solo les queda uno o dos de autores como Joe Dispenza, John Katzenbach, Stephen King que buscan mucho los jóvenes. Los libros nuevos que tenemos más caros son de 300 pesos, pero nuestra meta es hacer accesible el libro. Hay algunos que sí sobrepasan los miles de pesos pero es material de coleccionistas que buscan algo especial y muy específico”.

Amar el mundo de los libros es la herencia que Diego ha recibido de sus padres:  

“Adquirí el amor por los libros por mis dos papás, ambos han sido asiduos lectores desde que tengo conocimiento. Yo los veía leer hasta tres libros distintos al mismo tiempo, y eso es lo que me motivaba y me impresionaba de ellos. Ahorita por la edad se les complica más la lectura, pero pues igual no pierden el gusto”.

Diego recomienda leer sin ansiedad ni competencia. “Un libro no es como un helado: si no te lo comes, no se derrite”, dice. Confiesa que lleva más de diez años intentando leer La Divina Comedia y defiende a quienes empiezan con autores populares: toda lectura puede ser una puerta de entrada.”

El dueño de la librería recomienda leer sin ansiedad ni competencia: “Un libro no es como un helado: si no te lo comes, no se derrite”, dice.

La Librería Dante Candiles es esencialmente un espacio de resistencia cultural: “Hoy más que nunca estamos en una coyuntura muy grande que estamos viviendo a nivel no nada más nacional, sino también mundial donde sí necesitamos jóvenes pensantes, politizados y críticos que tengan el gusto por lo que suceda alrededor, en su entorno. Al final del día ellos son el futuro, pero nosotros también tenemos la responsabilidad de dejarles un buen camino”. 

Librería Dante Querétaro se encuentra en avenida Candiles, pasando Plaza Chedraui, frente al Cecyteq. Abre de lunes a domingo, de 10:00 de la mañana a 8:00 de la noche. En redes sociales aparece como Librería Dante Querétaro Candiles. Además de ventas, ofrecen descuentos por volumen, apoyo a estudiantes de bajos recursos y búsqueda de títulos especiales.

Tal vez por eso, entre el ruido del tráfico y la prisa cotidiana, en Candiles todavía existe un lugar donde basta abrir una página para empezar de nuevo.

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