¡AH, QUÉ BURRÉN!
La azarosa existencia de Rubén Salazar Mallén, un comunista que se hizo fascista y murió anarquista.
“Presentaban un libro, bebió enormidades y, al final, terminó insultando a todo mundo. Me llamó la atención su extrema agresividad. Fue comunista y luego anticomunista. Era un hombre violento y cambiante. Vivió escándalos inauditos por sus críticas iracundas y fundamentadas. Decía buscar un socialismo con rostro humano. Lo tildaban de anarquista. Salazar Mallén era un magnífico escritor, un aguerrido periodista, soberbio cronista de su tiempo, bebedor infatigable y un excelente profesor de ciencias políticas de la UNAM, donde hacía temblar a sus alumnos”.
René Avilés Fabila
1982. Era de los primeros días de clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. La materia: Teoría Social I. Docente: Rubén Salazar Mallén. El maestro había llegado antes de la hora. Caminó desde el estacionamiento hasta el salón de clases con paso lento, con una pierna recta y un brazo permanentemente extendido —pues era hemipléjico desde la adolescencia— y su bastón.
Traje gris y un rostro que seguía siendo visto adusto, aunque sonriera, pues la parálisis también afectaba parte de su cara.
En la clase inaugural había dicho las reglas: yo sí paso lista, controles de lectura obligatorios y es una clase para pensar y romper mitos, sobre todo el del comunismo. Una parte de la concurrencia se puso seria: venían del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) y ahí Carlos Marx era un Dios.
Era la UNAM ultrapolitizada. El primer semestre fue de sacudida: una mayoría de profesores marxistas leninistas y uno crítico al marxismo: Salazar Mallén, al que nadie se atrevía a debatir porque sabían que no saldrían bien librados.

Y es que Salazar Mallén había andado todos los caminos: adolescente de ideas anarquistas, lo sedujeron para adherirse al Partido Comunista, pero fiel a su pensamiento libre, los cuestionó y ellos lo atacaron y relegaron. Creyó que los enemigos del comunista eran la alternativa y, fiel a su espíritu antiyanqui, simpatizó luego con el fascismo alemán, pero al saber de la barbarie de los países del eje durante la Segunda Guerra Mundial entendió y repudió los excesos del nazismo y le chocaba el dizque fascismo mocho mexicano. Así que regresó a su origen anarquista y se hizo amigo de radicales y crudo y agudo crítico del poder, pero también amigo de gente del poder:
Lo mismo protestaba por el encarcelamiento de su compañero José Revueltas que se codeaba con Miguel Alemán —quien fue su compañero de escuela— y era tolerado —y respetado— por Luis Echeverría. Compartió pupitres con destacados políticos e intelectuales y eso forjó amistades adultas al margen de posturas políticas.
Su vida no sólo era de contrastes ideológicos. Amparado por José Vasconcelos, fue parte de la disidencia del Ateneo de la Juventud y se unió a Los Contemporáneos, poetas exquisitos, de ruptura con las formalidades literarias, homosexuales varios de ellos. Ahí estaba ese Rubén, que escribía novelas donde, fiel a su origen veracruzano, mentaba madres y decía “chingadera y media”.
Aquel que era “borracho imbatible” y “asiduo a los prostíbulos”, era bendito entre los maricones y se llevaban fuerte. A Salvador Novo le cambió el nombre a “Nalgador Sovo” y éste le correspondió con un “Burrén”. Salazar Mallén era el verdaderamente antisolemne e iconoclasta del grupo. El más desmadroso de los rebeldes.
Así contaba el iconoclasta anarquista esa relación de afecto y “carrilla”:
Salvador Novo era el director de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes y había acudido a una ceremonia muy formal en la que estuvo el presidente de la república, así que el poeta se portó serio y acorde a la circunstancia.
Salazar Mallén acudió en su calidad de periodista. Cuando acabó la ceremonia se fueron a la oficina del poeta a charlar y tomar un trago. Entraron a un elevador y Novo “se soltó el chongo” y volvió a mostrar su amaneramiento de rutina.
Salazar Mallén contó que le hizo gracia el contraste de actitudes y le soltó la incisiva pregunta:
—Oye, pinche Chava, ¿por qué eres tan puto?
Y Novo, el gran Nalgador Sovo, respondió a quien consideraba el pequeño de la banda, el hermano menor peleonero e irreverente:
—¡Ah, qué Burrén; ah, qué Burrén!
Amigo de los amigos y “azote del que era ojete”
Era el irreverente empedernido. Las “pedas”, las mujeres de paga y su rebeldía lo dejaban desempleado y tomaba lo que cayera. Su primer trabajo salarial periodístico fue como reportero… de deportes. Llegaba con su caminar peculiar: pierna derecha recta y mano y dedos del lado izquierdo tiesos. No se le podía “bulear” en persona si no eras su amigo, pues las mentadas iban a llover.
En 1985 tuve la oportunidad de charlar con él y con su amigo Renato Leduc (don Renato, para que se encabrone desde el más allá), donde platicó otra anécdota para ilustrar el valor de la amistad:
Ambos vivían en Tlalpan en el México postrevolucionario y ya estaban maduritos. Leduc nació en 1897 y había sido telegrafista de Villa, pero en su juventud no usó el teléfono como aparato de rutina. Salazar Mallén nació en 1905 y fue un rapaz comunista perseguido. El dinero se iba en comer y no en comprar y pagar teléfono.
Y ya rumbo a la edad se las serenidades canosas, allá por los cuarentas y cincuentas, se iban a embriagar y “con las putas” (las ambigüedades y el tacto verbal no cabían en estos hombres). Un día, Renato pasó por Rubén y éste acababa de salir. La persona que lo recibió, comentó: “¿Y por qué no llama por teléfono primero?”. Leduc —más mal hablado todavía que Salazar Mallén— aclaró el punto: “Vivíamos a tres calles de distancia y no estábamos acostumbrados a usar el pinche teléfono”.
Rubén Salazar Mallén fue un hombre para quien la amistad en la vida era fundamental y su existencia era de contrastes: parecía un hombre hosco, pero al convivir con él era un bonachón amable, alburero y mal hablado, pero, cuando escribía, se transformaba. Por eso Octavio Paz lo definía como “una oveja con piel de lobo”. Por cierto, ambos escritores terminaron confrontados: Salazar Mallén escribió en 1952 Apuntes para una biografía de Sor Juana Inés de la Cruz y Paz publicó en 1982 Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. Rubén admiraba a Octavio, pero se consideró “fusilado” en su obra y se volvió acérrimo crítico y calificó a Paz de intelectual del sistema.

Saltó a la historia: gracias a él se pueden escribir y publicar “palabrotas”
Cuando a fines de 1932 circulaban el número dos de Examen. Revista Mexicana de Literatura, la prensa derechista lanzó una denuncia judicial contra su director, Jorge Cuesta, y contra sus colaboradores: el filósofo Samuel Ramos y los escritores Rubén Salazar Mallén, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, todos ellos empleados de la Secretaría de Educación Pública dirigida por Narciso Bassols. El ataque contra al secretario liberal tenía motivos:
Una generalizada incomodidad con los ensayos de Ramos sobre “La psicología del mexicano”, que publicaba Examen y que planteaba que el mexicano padecía un complejo de inferioridad reflejados en su nacionalismo (en plena época de construcción de la identidad patriótica) y del machismo (en plena época en donde el charro macho era construido como modelo de la valentía y virilidad mexicana).
Pero lo que más les reventó fue lo que leyeron en Cariátide, novela de Rubén Salazar Mallén que la revista entregaba mensualmente, la oportunidad para censurarlos: figuraban en ella dieciocho malas palabras que cometían el delito de “ultraje a la moral pública”. Durante varios meses, Cuesta y sus amigos vivirían asediados por la prensa reaccionaria lo mismo que por la oficial: por los comunistas lo mismo que por los sombríos Comités de Salud Pública de la Revolución.
Malas palabras es la historia del caso Examen, pero es también un ensayo sobre el lenguaje, sobre el conflicto entre la moral y la literatura, y entre el poder y las letras, así como la historia del rencor entre el liberal Cuesta y el ideólogo Bassols. El libro recoge y analiza los documentos y debates que el juicio generó en la prensa, en los juzgados, en los epistolarios de algunos protagonistas y, desde luego, en la propia Examen, una revista de mínimo tiraje que, entre órdenes de aprehensión, jueces y amparos, se convirtió en emblema de la libertad de expresión en un momento especialmente confuso de la Revolución mexicana.
Para saber más del tema, recomiendo el artículo “Una revista en los tribunales”, de Guillermo Sheridan, publicada en Letras Libres: https://letraslibres.com/libros/una-revista-en-los-tribunales/.
Academia y militancia
La Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM formó a marxistas, pero también a reconocedores del capitalismo y a críticos al comunismo. Los “rojillos” no alineados echaban en cara la condena a los crímenes soviéticos y la falta de democracia en Cuba. Para maoístas, guevaristas, trotskistas y demás, el deber revolucionario era combatir “a la derecha y al fascismo” (como llamaban a todo aquel que no comulgaba con ellos), pero con el comunismo y el socialismo había que ser leales y sumisos hasta la ignominia.
Por un bando, los marxistas exiliados de Centro y Sudamérica, perseguidos por las dictaduras militares de Argentina, Chile, Bolivia o Panamá: por el otro, los que también eran de izquierda, pero confrontaban autoritarismos y corrupción sin importar signo y gobierno. Entre estos últimos sobresalía Rubén Salazar Mallén.
Nunca tuvo pensión formal, pero la UNAM lo tenía en nómina como profesor y le pagaba un chofer y una guapísima asistente que empujaba la silla de ruedas en la que el anarquista terminó sus días, escribiendo, sin depender de nadie, como él lo deseó en vida.

Obra publicada
Cuento: Dos cuentos, Alcancía, 1932. // Soledad, Ediciones México, 1944. // Ejercicios, SEP, 1952. // El sentido común, UV, Ficción, núm. 20, 1960. // Rubén Salazar Mallén (selección del autor, nota de Javier Sicilia), UNAM, Material de Lectura. Serie El cuento contemporáneo, núm. 32, 1987.
Novela: Camino de perfección, e.a. 1944. // Páramo, Stylo, 1944. // Ojo de agua, Stylo, 1949. // Camaradas, Metáforas, 1959. // La iniciación, Costa Amic, 1966. // ¡Viva México!, Costa Amic, 1974. // La sangre vacía, Oasis, 1982. // El paraíso podrido, UAEM, 1987.
Ensayo: Tres temas de la literatura mexicana, SEP, 1947. // Apuntes para una biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, Stylo, 1952. // Las ostras o la literatura, Imprenta Universitaria, 1955. // Reflexiones y objeciones, UAM, Col. Molino de vientos, núm. 38, 1985. // Rubén Salazar Mallén y lo mexicano. Reflexiones sobre el neocolonialismo (prólogo, recopilación y notas de José Luis Ontiveros), UAM-X, 2002.
Historia: Desarrollo histórico del pensamiento político, UNAM, 1980.
Rubén Salazar Mallén nació en Coatzacoalcos, Veracruz, el 9 de julio de 1905; murió en la Ciudad de México, el 20 de junio de 1986. Narrador y ensayista. Estudió Derecho en la UNAM. Fue periodista; catedrático en la Escuela Nacional Preparatoria y la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Militó en el Partido Comunista Mexicano. Colaboró en Claridades, Los Contemporáneos, Examen, Cuadernos del Viento, Estaciones y Metáfora. Colaboró para El Universal y unomásuno.
Y si quieren saber de su pasado, es preciso leer sus memorias. Fragmentos y contextos de ellas están en https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/660/en-la-mirada-de-ruben-salazar-mallen. Paz fue un afectuoso adversario de “Burrén” y el carácter y combatividad del escritor veracruzano, así como su confrontación entre ambos están consignadas en un excelente artículo de René Avilés Fabila, publicados en Excélsior:
https://www.excelsior.com.mx/opinion/rene-aviles-fabila/2015/10/04/1049180 y https://www.excelsior.com.mx/opinion/rene-aviles-fabila/2015/10/11/1050506.
También pueden leer algo más sobre la contradictoria, caótica y combativa vida y obra de Salazar Mallén en https://almacendenotas.wordpress.com/repertorio-de-notas/tres-notas-sobre-ruben-salazar-mallen/.

