ROMUALDO GARCÍA Y UN LEGADO ARRASADO POR LAS AGUAS

El fotógrafo vivió el rigor de la inundación de 1905

Romualdo García retrató élites y pueblo, y legó imágenes para entender a la sociedad guanajuatense de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Nos heredó la iconografía de un porfiriato que transitaba hacia la modernidad. Su obra, empero, no pudo llegar completa: la inundación de 1905 arrasó con parte de ella.

Nació en Silao el 6 de febrero de 1852, pero lo llevaron a la capital cuando tenía cuatro años de edad junto a su madre Feliciana Torres, quien comenzó a trabajar como ama de llaves en los altos de la botica Cruz Verde de Cenobio Vázquez, un pariente lejano. 

Romualdo ingresó a la escuela de Belén para estudiar las primeras letras. Años después ingresó a la Escuela de Artes y Oficios que el gobernador Florencio Antillón fundó en 1873. Ahí estudió pintura  y  música.  De su maestro Jesús Monroy copió sin mucha destreza algunos cuadros al óleo. Si bien no dominó la técnica, si desarrolló una sensibilidad hacia el manejo de la imagen.

Aunque nativo de Silao, Romualdo García pasó la mayor parte de su vida en Guanajuato. 

En 1886 contrajo matrimonio con María Guadalupe Martínez. Ya antes había conocido al fotógrafo Vicente Fernández, quien le enseñó principios de química y física, conocimientos que lo llevaron a la fotografía y lo hizo con gran éxito. En una habitación, ambos hacían pruebas y experimentos. Con la ayuda de su esposa, Romualdo trabajó con placas de colodión húmedas y después con negativos en vidrio de plata sobre gelatina. Tomaba la foto propiamente dicha, pero la placa tenía  que llevarse de inmediato al cuarto oscuro para ser revelada estando húmeda aún, ya que, de lo contrario, perdía casi toda su sensibilidad.

En 1887 abrió su estudio fotográfico en la calle Cantarranas, en el centro de Guanajuato. Su primera gran mercancía eran estampas religiosas logradas gracias a fotografías fijas de imágenes de santos, pero su afán era fotografíar mejor a las personas. Primero retrató a sus amigos y la voz se corrió para seguir con los sectores sociales más pudientes, pero también lo hizo con el pueblo llano, muchas veces con el afán de experimentar nuevas formas expresivas con la luz. 

Ese talento lo llevó a participar en concursos internacionales y en la Exposición Universal de París, donde logró su primera medalla de bronce. La misma exposición le entregó 11 años después dos medallas y dos diplomas.

En sus fotografías mostró el abanico de las clases sociales de la época, sus formas de vestir, de peinarse, de posar y de expresión corporal.

Entre lo más desconcertante para muchas personas de la actualidad están las fotografías post mortem. Lo que inició como una práctica experimental para aplicar nuevas técnicas, se convirtió en un fenómeno de tradición y cultura. 

Romualdo García retrató élites y pueblo, y legó imágenes para entender a la sociedad guanajuatense de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Los retratos de angelitos (niños y bebés fallecidos) y de adultos acomodados con estructuras de madera para darles naturalidad se convirtieron en un elemento distintivo de propuesta iconográfica y representación visual de la muerte como fenómeno de la cultura mexicana.

Ese material, sin embargo, sólo persistió parcialmente gracias a las familias que pudieron conservar fotografías: el 1 de julio de 1905, la gran inundación que azotó a Guanajuato provocó que Romualdo García perdiera su estudio con todos sus negativos.

Como a las cuatro de la tarde de ese día cayeron sobre la ciudad de Guanajuato aguaceros torrenciales que aumentaron el nivel de la Presa de Olla, que pronto derramó sus aguas y fueron a parar a la ciudad. Ahí arrasaron con casas y hasta con las vías del tranvía de mulitas.

Romualdo había cerrado temprano y se fue a su casa sólo para mirar cómo las aguas destrozaban bienes y vidas. A los pocos días de la tragedia, cuando después de muchos trabajos logró abrir la puerta de su establecimiento, encontró que todo estaba mojado y cubierto por el fango. Los fondos de paisaje, despintados; las mesas y las sillas, rotas o deformadas por la  humedad;  varios  aparatos completamente inutilizados; el archivo entero de negativos,

A diferencia de José Guadalupe Posada, que en la inundación de junio de 1888 en la vecina ciudad de León lo hizo dejar el estado y trasladarse a la ciudad de México (aun cuando se había casado con una leonesa), Romualdo García continuó en Guanajuato.

La gran inundación del 1 de julio de 1905 trajo consigo la pérdida del estudio con todos sus negativos; puede apreciarse en qué estado quedó la Calle Cantarranas. En la última imagen: Autorretrato de Romualdo García ya mayor de edad.

Se acabó el porfiriato y llegó la revolución mexicana. Los últimos trabajos del fotógrafo datan de 1914, año en que dejó el estudio en manos de sus hijos.

Su obra fotográfica está incluida en numerosas exposiciones y catálogos, tanto en México como en el extranjero. Su legado puede apreciarse en la fototeca del Museo Regional de Guanajuato Alhóndiga de Granaditas, que lleva su nombre. Ahí se encuentra un acervo de más de 22 000 piezas que incluyen transparencias, daguerrotipos, litografías y álbumes. Es la tercera fototeca más importante a nivel nacional, por la cantidad y la calidad de sus imágenes.

Para el fotógrafo silaoense, julio fue un mes trágico en su vida: Romualdo García Torres falleció el 17 de julio de 1930 a causa de un carcinoma (tumor) renal.