“YO SOY GARRICK”

Pocos mexicanos, de los que nacieron dentro de la cultura del libro impreso, desconocen el poema Reír llorando, de Juan de Dios Peza (Ciudad de México, 29 de junio de 1852 – 16 de marzo de 1910), un hombre inquieto, colegial errabundo que estudió en la Escuela de Agricultura y Arquitectura, también en el Colegio de San Ildefonso, para finalmente encontrar puerto, en 1867, en la Escuela Nacional Preparatoria, donde fue alumno del pensador Ignacio Ramírez,conocido como El Nigromante o el Voltaire Mexicano.

Más adelante, Juan de Dios Peza ingresó a la Escuela de Medicina, donde conoció y trabó una fuerte amistad con el coahuilense Manuel Acuña. Fue tan profundo el vínculo entre estos dos poetas que se llamaban “hermanos” entre sí. Poco duró el apego entre ambos personajes, pues, el 6 de diciembre de 1873, a los 24 años, Acuña decidió quitarse la vida, presuntamente por el arrebato de un amor mal correspondido de la señorita Rosario de la Peña, una musa urbana a quien el poeta dedicó “Nocturno a Rosario”, ese soneto más bien cursi cuya primera estrofa es letra de cambio entre los enamorados mexicanos:

Pues bien, yo necesito decirte que te quiero

Decirte que te adoro con todo el corazón

Que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro

Que ya no puedo tanto y al grito en que te imploro

Te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Político de medio pelo, Peza desempeñó algunos cargos públicos y el puesto de más altura que alcanzó fue una diputación por elección en el Congreso de la Unión. Afortunadamente, a Peza nunca se le ocurrió hacer un lado las letras, donde brilló con luz propia. Su paso por la política fue modesto, casi imperceptible. No así en la creación literaria, siendo su obra más conocida Cantos del hogar, en el que cohabitan el realismo y la ternura.

Sin embargo, la aportación más popular de Juan de Dios Peza es un poema, escrito en 1873: “Reír llorando”. Esta composición de profunda introspección ofrece al lector la semblanza de un hombre infeliz que, sin estar enfermo, acude al médico buscando una cura para su spleen (melancolía, tedio).

El profesional, impresionado por la amargura de su espontáneo paciente, le ofrece a este una receta en forma de consejo: “Sólo viendo a Garrick, podréis curaros”.

El paciente sólo atina a balbucear “¿A Garrick?”.

Con entusiasmo hasta entonces inédito en el poema, el galeno continúa:

—Sí, a Garrick… La más remisa

y austera sociedad le busca ansiosa;

todo aquél que lo ve, muere de risa:

tiene una gracia artística asombrosa.

El paciente, quien no se deja arrastrar por el optimismo, pregunta si a él lo hará reír. El médico se muestra tajante y añade:

—¡Ah!, sí, os lo juro,

él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?

El enfermo, recobrando su aspecto melancólico, indica:

[…] no me curo;

¡Yo soy Garrick!… Cambiadme la receta.

Juan de Dios Peza eligió como personaje para su poema “Reír llorando” al que quizá sea el mejor comediante que ha pisado jamás el musgo del Reino Unido: David Garrick (febrero 19, 1717 – enero 20, 1779).

El señor Garrick se especializó en la comedia shakesperiana. De hecho, gran parte de su vida artística la dedicó a recuperar los personajes de William Shakespeare.

“Garrick”. Imagen creada con Meta AI.

No sé cómo sería el teatro inglés en la época de este artista, pero lo cierto es que Garrick prohibió “la presencia de público sobre el escenario”, además de que introdujo un sistema de iluminación que intensificó la luz de bastidores a través de reflectores incrustados.

En cuanto a sus facultades interpretativas, Garrick desterró la sobreactuación, la ampulosidad que colocaba una barrera insalvable en el actor y el público. La anécdota de un espectador señala que en una ocasión invitó a una modesta comerciante a una obra en la que Garrick actuaba. Al salir, el hombre preguntó a su acompañante sobre la actuación del “Rey de los Actores”. “No me gustó”, señaló la invitada, “es como si hubiera visto a cualquier persona de mi barrio en el escenario”. Tal era la naturalidad con la que actuaba David Garrick.

El poeta mexicano Juan de Dios Peza reconoció con su poema “Reír llorando” el talento del dramaturgo británico, quien no sólo era comediante. Por supuesto, no hubo una visita al médico por parte de Garrick, menos porque el spleen lo abrumara. Si la hubo fue para que le atendieran una dolencia renal que le afectaba desde hacía varios años. A principios de 1779, David Garrick contrajo un fuerte resfriado mientras brindaba una actuación en el Covent Garden, el barrio del West End, un área que es sede de teatros y entretenimiento de Londres. El 20 de enero de 1779 señala la fecha del fallecimiento de David Garrick. La autopsia arrojó un dato sorprendente: el actor había nacido con un solo riñón, el cual, para empeorar las cosas, estaba dañado a causa de una infección.

Para finalizar, dos apuntes. El primer cantante de la banda británica Uriah Heep, de la cual fue fundador en 1969, nació el 24 de enero de 1947 y fue bautizado David Garrick. A este front man al parecer no le agradó compartir su nombre con el actor homónimo y decidió adoptar el nombre de David Byron (casi nada), honrando a Lord Byron (George Gordon Byron), influyente poeta inglés, arquetipo del héroe romántico, para quien, al parecer ningún tipo de vicio le era desconocido y ninguna perversión lo sonrojaba.

El binomio Juan de Dios Peza – David Garrick estuvo presente en la vida de quien esto escribe cuando era un adolescente. Mi padre estuvo un tiempo en prisión por tener opiniones propias y diferentes de algunos políticos mexicanos de finales de los años sesenta. Cuando la familia supo la fecha en que abandonaría el Palacio Negro hizo varios preparativos para que la bienvenida no pasara desapercibida.

A mí me encargaron que recitara a mi progenitor el poema “Reír llorando”. Me imagino que la idea fue de mi padre, quien una vez, al estar arreglando unos libros en casa encontró El tesoro del declamador. Me leyó varios poemas con su excelente dicción de orador, pero fue “Reír llorando” la composición que más me impresionó, un detalle que no pasó de noche a mi padre.

One thought on ““YO SOY GARRICK”

  1. Hola José Luis Duran . He leído por vez primera una de tus aportaciones periodísticas, me ha encantado tan sólo por recordarme a Garrick de Juan De Dios Peza.

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