LAS ENTRAÑAS DEL TEMPLO MAYOR

El martes 21 de febrero de 1978 amaneció frío en la Ciudad de México. No tanto, nada más lo suficiente para salir de casa abrigado. Temprano, llegó a las inmediaciones del Zócalo un grupo de trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Su misión era colocar cableado subterráneo para el Sistema de Transporte Colectivo (Metro).

La jornada transcurrió conforme a lo previsto hasta que los trabajadores descubrieron, por casualidad, una piedra con relieves que claramente mostraban un trabajo escultórico de gran formato. De inmediato avisaron a su jefe de la cuadrilla, el Ingeniero Felipe Curcó Bellet, quien rápido dio aviso al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Habían descubierto a la representación pétrea de la Diosa Coyolxauhqui, y con ello se abrió la puerta para continuar con las excavaciones que el arqueólogo y antropólogo Manuel Gamio había iniciado en 1913 en la esquina de Seminario y Santa Teresa (hoy Guatemala), con las que sacó a la luz una esquina, muy pequeña, del Templo Mayor.

Las cédulas dan cuenta de la construcción del Templo Mayor de Tenochtitlán. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El hallazgo de este monolito marcó un parteaguas en el estudio de la cultura mexica y, a la vez, ocasionó que el plan original del INAH para crear el Museo de Tenochtitlan se transformara en el Proyecto Templo Mayor, gracias al cual se llevó a cabo la exploración del edificio principal mexica y demás estructuras del centro ceremonial de Tenochtitlan.

Dicho proyecto, en el que participan los más diversos técnicos y científicos, cuenta a la fecha con siete temporadas de excavaciones. La creación del Museo, la actualización de sus contenidos y la presentación de exposiciones temporales se ven enriquecidas por los trabajos realizados en esa zona, centro de alta investigación de la cultura mexica.

Entre los hallazgos más importantes del Proyecto Templo Mayor están las ampliaciones del Templo Mayor, la Casa de las Águilas, el Cuauhxicalco y por supuesto el monolito de la diosa de la tierra, Tlaltecuhtli. Para los mexicas, el Templo Mayor ocupaba el centro del universo y por esa razón no podía ser cambiado de lugar, revelan las investigaciones.

A ello se debe que cada vez que querían agrandarlo se construía un nuevo edificio sobre el anterior conservando las características fundamentales, es decir, dos capillas en la cúspide y escalinata doble en la fachada principal. De esta manera se procedió al menos en siete ocasiones. La zona arqueológica del Templo Mayor comprende 1.2 hectáreas.

El edificio religioso más importante está dedicado a Huitzilopochtli, Dios Solar de la Guerra, y a Tláloc, el Dios de la Lluvia. Sin embargo, en sus inmediaciones se rescataron otras construcciones relevantes, como un Altar Tzompantli y uno de dos templos rojos dedicados al Dios Xochipilli, así como la Casa de las Águilas, de mayores proporciones.

Cada cédula ofrece detalles específicos de la construcción del Templo Mayor. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Ese recinto sagrado era una plaza cuadrada de 350 x 350 metros. Alojaba en su interior 78 edificios y lugares dedicados al culto religioso, de los cuales unos 36 se han podido detectar arqueológicamente incluyendo altares, el juego de pelota, el templo dedicado al Dios Ehécatl-Quetzalcóatl, el Calmécac, y el Templo del Sol, entre otros varios más.

De la plaza, partían las tres calzadas que comunicaban con tierra firme: hacia el sur la de Iztapalapa, hacia el poniente la de Tlacopan (Tacuba) y hacia el norte la de Tepeyac. Sólo tenían acceso permanente al recinto los sacerdotes, guerreros, gobernantes y estudiantes del Calmécac; la gente común sólo podía entrar durante las fiestas cívico-religiosas.

Si bien 1913 fue el inicio y 1978 el despegue, 2025 permite al público tener acceso a las entrañas del Templo Mayor, más allá de lo que se observa en la zona arqueológica y en el museo anexo, con la exposición ¡Manos a la obra! Cómo construir una pirámide que consta de 16 cédulas informativas de gran formato sobre el Huei Teocalli de Tenochtitlan.

Está instalada en el puente liga de las calles República de Guatemala y República de Argentina, justo frente al Templo Mayor. La muestra temporal condensa y divulga los resultados de décadas de investigación del Proyecto Templo Mayor (PTM); es como ir al pasado para conocer el esplendor del Huei Teocalli, emblema del gran Imperio Mexica.

Se trata de una cronología de sus etapas constructivas para conocer los materiales, la historia, y la manera en la que fue concebido ese colosal basamento, erigido en el siglo XIV, consagrado a Huitzilopochtli y a Tláloc. Incluye imágenes de cómo pudo lucir hasta su destrucción, durante el siglo XVI, tras la llegada de los conquistadores españoles.

Datos históricos, arqueológicos, geológicos y etnográficos, permitieron realizar un recorrido por las características y ubicaciones de los yacimientos de piedras volcánicas con las que se alzó el Huei Teocalli, como basalto, escoria volcánica y andesita, así como tierra, madera, cal y arena provenientes de varios puntos de la Cuenca  del Valle de México.

¡Manos a la obra! Cómo construir una pirámide” consta de 16 cédulas informativas de gran formato sobre el Huei Teocalli de Tenochtitlan. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La exposición también contempla temas como el sistema de medición desarrollado por los tenochcas, los vínculos de la arquitectura con la geometría del universo y las fechas calendáricas, así como el conocimiento para mantener estable a un gigantesco recinto ceremonial, edificado sobre un subsuelo absolutamente proclive a los hundimientos.

Relativo a la fachada, se resalta la pintura mural que adornaba sus superficies y espacios interiores, con diseños geométricos y motivos bélicos y religiosos, plasmados en rojo, ocre, azul, negro y blanco. La ornamentación incluía monolitos policromados, entre los que destacan las serpientes y las deidades lunar y de la tierra, Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli.

¡Manos a la obra!, es la sexta exposición fotográfica del Proyecto Templo Mayor en el citado puente liga. Desde 2016, otras muestras como la del 40 aniversario del proyecto (cumplido en 2018), o de las ofrendas florales y de estrellas de mar dejadas en tiempos remotos dentro del edificio, han llamado la atención de miles de transeúntes del mundo.