EL LEÓN PORFIRIANO, HACE 115 AÑOS

En 1910, León tenía 90 mil habitantes, población que la Revolución habría de reducir. Lucía hermosos edificios, varios de ellos con el talento del arquitecto Luis Long; tenía una casi recién construida Cárcel Municipal, una funcional estación de ferrocarril y obras hidráulicas para prevenir inundaciones, que tanto daño habían hecho al finalizar el siglo XIX.

En el paisaje urbano de la época sobresalían los grandes templos católicos, pero también el Teatro Manuel Doblado, donde lo mismo había representaciones dramáticas que zarzuelas y mítines, y que en los primeros años del siglo XX mostraba la novedad de mayor impacto: el cinematógrafo.

La ciudad tenía su propio sistema de movilidad urbana con tranvías jalados por mulas. Los campesinos vestidos con manta y sus mujeres con rebozo veían pasar a los catrines muy formales con su traje, moño y bombín o sombrero de copa en esos carros jalados por mulas.

León en 1913 (Fotografía: Archivo Histórico Municipal de León) y León en 1910, junto al mercado Hidalgo, hoy plaza de los Fundadores.

El depósito de los carromatos estaba junto a lo que hoy es la Plaza de las Vigas. Iba por la calle ahora llamada Hernández Álvarez, tomaba por Primera o Real de Guanajuato (Hoy Madero) y tenía ramificaciones hacia el parque González Obregón (hoy parque Hidalgo), rumbo al norte, saliendo por la calle de Pachecos (hoy Calle 5 de Mayo) y por la calle Honda de San Miguel hacia el sur, para conectar a la Estación de Ferrocarril, obra de la primera etapa del porfiriato.

La ciudad vivía las elecciones de la Mesa Directiva de El Círculo Leonés Mutualista, el principal espacio de convivencia cívica y social de la ciudad, que eran motivo de discusiones públicas. Sus asambleas, acuerdos y listas de directivos eran publicados en El Obrero, semanario dirigido por el liberal Jesús Rodríguez, con tiraje de cuatro mil ejemplares y tan exitoso que tenía una red de suscriptores y voceadores. Llegaba a las ciudades vecinas y en la capital del estado disponía de un ejército de 30 gritones que anunciaban la noticia del momento.

Competía desde 1902 la plaza con El Pueblo Católico, dirigido por el ex seminarista Zenón Izquierdo, combativo semanario clerical que comenzó a circular en 1883 y habría de desaparecer al ser requisada su prensa por el carrancismo. El éxito de ambos “tronó” en 1910 a El Comercio e hizo que tuvieran corta existencia semanarios como El Bautista, periódico protestante, La Chispa, El Paladín del Centro, La Flecha y Júpiter.

Calle Primera de Guanajuato, originalmente Real de Guanajuato, hoy Avenida Madero. (Fotografía: Archivo de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez)l Otra toma de la misma Calle Primera de Guanajuato (Fotografía: Archivo Histórico Municipal de León).

La calle Primera de Guanajuato (hoy Madero) era, como hasta la fecha, el espacio de las expresiones cívicas, lista para dos grandes celebraciones: el desfile conmemorativo del aniversario de la ciudad, realizado en el marco de las fiestas de enero, y el festejo del Centenario de la Independencia en septiembre, organizado por una Junta Patriótica integrada por los notables de la ciudad.

Los salarios fluctuaban entre 50 centavos y un peso diario; las mujeres y los niños ganaban entre 25 y 40 centavos por día y las jornadas de trabajo iban de 14 a 16 horas; en las tiendas del centro vendían desde pistolas hasta el ya popular fonógrafo, con discos de cinco pesos con polkas, shotises, valses o cantos de ópera.

En enero, mientras los leoneses celebraban su famosa feria, Roque Estrada y otros notables maderistas llegaron a León para empezar a formar los primeros clubes antirreeleccionistas en el estado.

Fue el primer indicio de confrontación con el viejo régimen al que se agregaba el activismo de un notable leonés, sabio y respetado, Toribo Esquivel Obregón, quien había participado en 1909 en la formación del no maderista Partido Antirreeleccionista (PA) en la ciudad de México, lucha a la que habrían de sumarse otros guanajuatenses, entre ellos el ingeniero silaoense, pero radicado en la capital del estado, Alfredo Robles Domínguez.

Paraderos de tranvías en la plaza de León. Segunda imagen: Cárcel municipal, obra del porfiriato. Hoy es el Museo de las Identidades. (Fotografías: Archivo Histórico Municipal de León)

Aunque la prensa leonesa no criticaba a Porfirio Díaz, sí al gobernador porfirista Joaquín Obregón González. Jesús Rodríguez había estado preso en 1908 y 1909. En enero de 1910 salió de la cárcel y al ver el movimiento maderista, su entusiasmo liberal (alimentado por el hostigamiento carcelario y político del gobernador porfirista) le hizo sumarse a la causa.

En el contexto de la conformación de los clubes antirreeleccionistas y una prensa afín, aunque minoritaria, Madero realizó una gira proselitista por el estado de Guanajuato a finales de marzo.

Ésa es otra historia. El León del porfiriato se iría transformando y el movimiento armado le haría pasar de la decimonónica Ciudad del Refugio y granero de Guanajuato, a una localidad que transitaría de la industria textil a la del calzado. También es otra historia

NOTA: La mayor parte del texto proviene del ensayo histórico “Con el ‘¡Jesús!’ en la boca: pasajes de la Revolución Mexicana en León”, publicado por el patronato de la Feria de León y el Instituto de Cultura de León, tras ser uno de los trabajos ganadores en el certamen Premios de Literatura de León.