LAS COSAS QUE INSPIRA LA LOCURA

André Paul Guillaume Gide (París, 22 de noviembre de 1869-París, 19 de febrero de 1951) fue un hombre contradictorio y de profundos conflictos espirituales. Su personalidad, por ejemplo, se caracterizó por la austeridad protestante y la homosexualidad pederasta. Aquí quizá sea oportuno aclarar que la pederastia se refiere a “la consumación de abusos sexuales contra menores”, término que difiere de la pedofilia, donde existe “una inclinación erótica hacia los menores”.

Gide señalaba que su sexualidad había sido consecuencia de una educación estricta, pues una vez que murió su padre (1880) el adolescente de once años continuó su vida en compañía de tres mujeres que destacaban por su severidad: la madre Juliette Rondeaux, la tía Claire y la institutriz británica Anna Schackleton. Siempre preocupadas por la salud de su hombrecito, el trío de damas dispuso que André Gide combinara sus estudios en la Ecole Alsacienne y con un tutor que asistía diariamente a la casa de los Gide en Rouen, Francia. Casi es una regla general que los individuos con un escaso contacto con el exterior terminen cohabitando con familiares cercanos. Así, para mantener las apariencias a buen resguardo, André Gide contrajo matrimonio en 1895 con su prima Madeleine Rondeaux, aunque el vínculo no se consumó. Fue Elisabeth van Rysselberghe la que dio a Gide una hija, Catherine. ¿Por qué con ella sí hubo una descendiente? La biografía de André Gide, como mencioné líneas arriba, rebosa de claroscuros. Se desconoce, por lo mismo, si hubo un elemento masculino en la trama que “ayudó” a Gide en una tarea que él nunca quiso realizar.

A los 22 años, André Gide publicó Les Cahiers d’André Walter y cuatro años después dio a conocer Paludes, ambas obras dentro de la corriente del simbolismo. Desde un principio de su carrera literaria quedaron claros los rasgos estilísticos y temáticos de Gide: la exploración de las cuestiones morales, la búsqueda de la propia identidad y la realización personal, siempre con un cariz autobiográfico.

El acceso a los salones literarios donde concurrían escritores de la importancia de Stephane Mallarmé llegó acompañado de los viajes que Gide hacía regularmente a África, donde, por cierto, conoció al escritor y poeta irlandés Oscar Wilde. África no tenía los niveles de censura de Europa, por lo que los periplos de Gide a ese continente no eran precisamente para practicar la cacería. Para entonces, el escritor francés no sólo aceptaba su orientación sexual sino que la practicaba sin cortapisas.

Fotografía: André Gide en 1948. France Culture.

André Gide es autor de una obra copiosa, de gran calidad que, de acuerdo con los especialistas, anunció el existencialismo francés. Destacan: L’Immoraliste, La porte étroite (desconozco si “La puerta estrecha” es en sentido figurado), Les nourritures terrestres, Les caves du Vatican, La symphonie pastorale y Corydon.

El debate continúa en torno a cuál es la obra más importante de André Gide. Algunos críticos señalan que es Los falsificadores (1925), “por su complejidad y temas de autenticidad”. Otros se inclinan por Corydon (1910), que el propio autor galo consideraba su texto fundamental, posiblemente porque en ella defiende de forma explícita la pederastia. Cabe destacar que en 1910 “la edad de consentimiento para cualquier tipo de actividad sexual estaba fijada en 13 años”.

Gide escribió una distinción entre “sodomitas”, a quien atraen los adultos, y los “pederastas”, los amantes de los niños.

Al respecto, escribió:

“Llamo pederasta al hombre que, como la palabra indica, se enamora de chicos jóvenes. Llamo sodomita al hombre cuyo deseo se dirige a hombres maduros… Los pederastas, de los cuales yo soy uno de ellos (¿por qué no puedo decir esto simplemente, sin que usted inmediatamente diga que ve una fanfarronería en mi confesión?), son mucho más raros, y los sodomitas mucho más numerosos, de lo que pensé al principio… Que tales amores puedan surgir, que tales relaciones puedan formarse, no me basta con decir que esto es natural; yo sostengo que eso es bueno; cada uno de los dos encuentra exaltación, protección, desafío; y me pregunto si es para el joven o para el más maduro que es más provechoso.”

En los años veinte del siglo pasado, la influencia e inspiración de André Gide fue contundente en escritores de la importancia de Albert Camus, Luis Cernuda y Jean-Paul Sartre.

Pese a la controversia que rodeaba a Gide, en 1947 ganó el Premio Nobel de Literatura. Cuatro años después, el 19 de febrero de 1951, murió en París, la ciudad en la que había nacido.

Por supuesto, la Iglesia católica no se quedó con los brazos cruzados y en 1952 incluyó las obras de André Gide en el Índice de libros prohibidos.

El Index librorum prohibitorum (Índice de libros prohibidos) fue una lista de publicaciones que la Iglesia católica catalogó como heréticas, inmorales o perniciosas para la fe y que, por lo mismo, los católicos no estaban autorizados a leer. Dicha nomenclatura se publicó “de forma solemne” por vez primera a petición del Concilio de Trento por el papa Pío IV el 24 de marzo de 1564 e impreso en Venecia por Paolo Manuzio. Este mamotreto de proscritos alcanzó las cuarenta ediciones. La última fue la de 1948. Lo cierto es que no daba para más y el 8 de febrero de 1966 el papa Pablo VI mandó a dormir el sueño de los justos.

Vale la pena cerrar este artículo con una cita que dibuja de cuerpo entero al diletante escritor francés: “Las cosas más bellas son las que inspira la locura y escribe la razón”.