“MIS NOVIAS MECÁNICAS”
El 10 de mayo es una fecha poderosa en el calendario mexicano, pues celebra a las madres de nuestro país. El origen de la efeméride se remonta a la ciudad estadunidense de Boston, cuando en 1865 la poeta y activista Julia Ward Howe convocó varias manifestaciones pacíficas y celebraciones religiosas, en las que participaron madres de familia que habían sido víctimas de alguna manera de la Guerra de Secesión (12 de abril de 1861 al 26 de mayo de 1865), el enfrentamiento entre la Unión (el Norte) y la Confederación (el Sur) que tuvo como centro del debate el tema de la expansión o la contención del número de estados esclavistas.
La abolicionista y defensora de los derechos de las mujeres Julia Ward propuso que se reconociera a las mujeres afectadas por el conflicto bélico, para lo cual debía establecerse un día especial como forma de distinción. La también activista Ann Jarvis retomó la idea y organizó reuniones con las madres para intercambiar opiniones sobre distintos temas de interés. Fue Anna Jarvis (hija) quien, con el propósito de recordar el fallecimiento de su progenitora, instituyó un “Día de la Madre” cada segundo domingo de mayo. Pero hubo más: en 1907 Jarvis encabezó una campaña bastante activa para que la fecha alcanzara estatus oficial, además de impulsar que la data se extendiera a la totalidad del territorio de Estados Unidos. La campaña fue un éxito y, finalmente, en 1914 el presidente Woodrow Wilson instruyó a su administración para que el 12 de mayo fuera, oficialmente, el Día de la Madre.
Transcurrieron ocho años para que, en México, donde todo copiamos, se institucionalizara el festejo por iniciativa del periodista poblano, fundador del diario Excélsior, Rafael Alducín, quien vio en esa acción un registro para impulsar el comercio local, a la vez expresaba su apoyo al secretario de Educación, José Vasconcelos, para contrarrestar las ideas de liberación del incipiente movimiento feminista.
Así, mientras en Estados Unidos el 12 de mayo se estableció como una fecha que celebra el intercambio de ideas, en México el 10 de mayo se reduce a un carnaval mercadotécnico en el que se llena de regalos a la madre. ¿Qué clase de regalos?

El filósofo, sociólogo de la comunicación y profesor de literatura canadiense Marshall McLuhan es considerado un visionario de la presente y futura sociedad de la información. Con doctorados Honoris causa otorgados por universidades como la Windsor, la Assumption University, la de Manitoba, la de Alberta y la University of Western Ontario, entre otras, McLuhan destaca por su profunda investigación “sobre los medios de comunicación y su influencia en las sociedades”. Para este estudioso de la información, los medios no se reducen a la radio, la televisión, a los impresos… son también todos aquellos objetos que constituyen una extensión del ser humano; es decir, que prolongan o amplifican alguna de las funciones u órganos del cuerpo.
Tomando este último párrafo como premisa, en 1951 Marshall McLuhan publicó el libro The Mechanical Bride (La novia mecánica), donde explora la forma en la que los medios de comunicación influyen en nuestra percepción de la realidad. Periódicos, cómics y anuncios publicitarios moldean las actitudes y creencias de las personas, contribuyendo a la construcción de la cultura popular. McLuhan pone de ejemplo al automóvil, una máquina que con el paso del tiempo ha logrado convertirse en objeto de deseo y símbolo de estatus.
Así, la “novia mecánica” se refiere a la idea de que la tecnología, y en particular la mecanización, ha llegado a ser un objeto de deseo y admiración, a veces a expensas de las relaciones humanas.
Son cincuenta y nueve ensayos cortos los que componen este estudio de la publicidad. Un “enfoque mosaico”, cada uno ilustrado con la portada de un periódico, un cartel de película, una tira cómica, una portada de libro de bolsillo espeluznante o, sobre todo, un anuncio, y con mayor frecuencia, de una revista de circulación masiva como Reader’s Digest o Life. McLuhan explica en uno de sus páginas: “La nuestra es la primera época en la que miles de las mentes individuales mejor preparadas se han dedicado a tiempo completo a penetrar en la mente colectiva. Entrar para manipular, explotar y controlar es el objetivo ahora. Y generar calor, no luz, es la intención”.
Con la utilización de imágenes de artefactos mecánicos de uso común como un medio para iluminar al público, McLuhan espera que éste pueda observar conscientemente los efectos de la cultura popular sobre ellos.
Amas de casa abrazando licuadoras, hombres presumiendo el automóvil último modelo, mujeres orgullosas de su estufa y sus trastes “rechinando de limpios”, el universo ´de los utensilios domésticos se convierte en el gran sueño hecho realidad de una sociedad de felicidad dominical.
¿Por qué La novia mecánica? Al final, el título del libro refleja la preocupación de Marshall McLuhan por la fusión del sexo y la tecnología en la publicidad.

