EL DIOS KUKULCÁN DESCANSA EN EL AEROPUERTO DE LA CDMX
De acuerdo con la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y la Agencia Federal de Aviación Civil, México cuenta con 77 aeropuertos registrados oficialmente, es decir, que funcionan sin contratiempos, aunque no todos son de uso comercial, ya que otros se usan para el manejo de mercancías como carga y descarga de productos. Como sea, en el concierto internacional México goza de una enorme reputación en el área aeroportuaria.
Los aeropuertos en México se dividen en tres categorías, según su actividad: Aeropuertos civiles (son lo que están destinados a atender a los pasajeros que utilizan las aeronaves como medio de transporte), Aeropuertos de aviación general (los que reciben vuelos de aviación general), y Aeropuertos de carga aérea (son todos los ubicados en las zonas estratégicas del ámbito económico e industrial para recibir o enviar carga o mercancía).
Además, de todas las terminales aéreas del país, el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México (AIBJCM) se mantiene como la que más viajeros recibe en sus instalaciones de las Terminales 1 y 2. Basta señalar que entre enero y abril de este 2025 transportó a 14 millones 350 mil personas, de acuerdo con la información oficial más actualizada hasta hoy. Pero el AIBJCM es más que una terminal aérea. Es Cultura.

El 4 de marzo de 2024 Equisgente publicó un amplio y bien documentado reportaje sobre la “Galería de los Próceres de la Aviación Mundial” que de manera permanente se exhibe en la Terminal 1 de ese aeropuerto, donde se destaca la vida y obra de la intrépida Emma Catalina Encinas Aguayo, pionera del empoderamiento femenino y primera mexicana en obtener una licencia de Piloto Aviador. Ella nació el 24 de octubre de 1909 en Chihuahua.
En esa galería está su busto en bronce, junto al de Francisco I. Madero, quien el 30 de diciembre de 1911 se convirtió en el primer Jefe de Estado en el mundo en realizar un viaje en avión. También, Santos Dumont, pionero de la aviación brasileña; Alberto Salinas, forjador de la aviación mexicana, y Agustín Gutiérrez “El Gato”, cuya frase “Siempre hay un día más para volar” le granjeó la simpatía de sus compañeros, entre otros más.
En el interior de la Terminal 2, a unos pasos de la zona de acceso a las salas de abordaje nacional, se construyó una réplica de la Pirámide de Kukulcán, también conocida como El Castillo, levantada durante el apogeo de la cultura maya. Se asienta en una plataforma de cuatro lados de 55.5 metros cada uno. Cada lado tiene 91 escalones, y uno más al templo superior, o sea, 365 escalones, uno por cada día del año. Tiene 24 metros de alto.
Durante el Equinoccio de Primavera y de Otoño, se lee en la ficha técnica de la réplica para que el turismo nacional e internacional lo sepa, en la escalinata norte de El Castillo, el Sol proyecta luces y sombras que comienzan a moverse a lo largo de la balaustrada para formar la silueta de una serpiente: el Dios Kukulcán. Esa pirámide se encuentra en el Estado de Yucatán y, desde 1988, es Patrimonio Mundial proclamado por la UNESCO.
La reproducción de la Pirámide de Kukulcán en el AIBJCM está rematada por un Chac Mool, escultura mesoamericana encontrada principalmente en las zonas de Chichén Itza y Tula. Su nombre significa “Tigre Rojo”. Desenterrada y nombrada en 1875 por Auguste Le Plongeon, un británico de nacimiento naturalizado estadounidense, quien obtuvo el grado de Doctor en Arquitectura y se especializó en la fotografía de ruinas arqueológicas.
En 1847 Le Plongeon llegó junto con su esposa Alice Dixon a Yucatán, donde desató una de las primeras grandes polémicas sobre el saqueo de ruinas al querer llevar, por sus pantalones, al Chac Mool a Filadelfia. Esta pieza es una de las muchas que se han hallado en varias entidades del país, hechas en varias tallas y materiales. Tanto la forma como el significado se modifican dependiendo de su ubicación geográfica, cronológica y cultural.

De acuerdo con los especialistas, pudo haber sido empleada como mesa de ofrendas, como recipiente de corazones o como piedra de sacrificios. Estas piezas representan a personajes masculinos recostados sobre sus espaldas, generalmente con sus cabezas erguidas hacia un costado. Están presentes en distintas partes del área mesoamericana, como Tula, Hidalgo; Chichén Itzá, Yucatán, y en el Templo Mayor, en la capital del país.
El tercer elemento de la reproducción en el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México es la recreación de la leyenda que cuenta la existencia de un par de príncipes guerreros mayas: Kinich (gentil y bondadoso) y Tizic (despiadado y arrogante). Ambos se enamoraron de Nicté-Ha, una hermosa mujer que conquistó el corazón de los dos jóvenes. Para ganar su amor, los hermanos se enfrentaron en una batalla sangrienta.
Los resultados fueron trágicos, pues los hermanos murieron peleando, Cuando llegaron al otro mundo pidieron a los dioses volver a ver a Nicté-Ha. Tras pensarlo bien, los dioses aceptaron, y regresaron a los hermanos a la tierra… en forma de árboles; Tizic regresó en forma de un árbol venenoso Chechén, cuyas ramas y hojas queman la piel si se tocan, y Kinich renació como un árbol Chacá, que cura todo el veneno que despide el Chechén.

