EL VALS DE JUVENTINO

Cada año, durante la Apertura de la Presa, se oye como contrapunto una hermosa melodía

Es el primer lunes del mes de julio, en la ciudad de Guanajuato. Una multitud se apretuja alrededor de la Presa de la Olla y en cada lugar del jardín Florencio Antillón donde se pueda acomodar lo más cerca posible de la cortina del embalse. Luego de la ceremonia de rigor, a una orden, las pesadas compuertas se abren lentamente y un torrente acuático se transforma en rugiente cascada que cae hacia el foso de desagüe. Mientras el público admira el espectáculo, de algún rincón surgen melódicas notas que parecen acompasarse con el caer del líquido, cuya brisa alcanza a los espectadores más cercanos. Es un vals, género musical antiguo que conserva una inmortal y subyugante belleza.

José Juventino Policarpo Rosas Cadenas llegó al mundo el 25 de enero de 1868 en el pueblo que entonces se llamaba Santa Cruz de Galeana, estado de Guanajuato. Su padre era músico militar y tocaba el arpa, pero a su hijo mayor lo impulsó a aprender guitarra, y al menor -Juventino- a descubrir los secretos del violín. Con el tiempo, formaron un trío que tocaba en fiestas y bailes populares de la región, hasta que, en 1875 toda la familia emigró a la Ciudad de México, donde se instalaron en el popular barrio de Tepito.

Poco después, padre e hijos se integraron a la Orquesta de los Hermanos Elvira y posteriormente a la Orquesta de los Hermanos Aguirre, hasta que la tragedia puso fin a esa etapa, ya que el hermano mayor murió en un pleito callejero y, según algunas versiones, en la misma pelea falleció también el papá, aunque no existe certeza al respecto. Solo, Juventino se vio obligado a tocar en las calles para sobrevivir. Ocasionalmente, era contratado para acompañar a alguna orquesta. Fue así que, cierta vez, fue invitado a acompañar a la famosa soprano Ángela Peralta a una gira que realizaría por el interior del país, con tan mala suerte, que la compañía fue atacada por una epidemia de cólera mientras estaba en el puerto de Mazatlán, Sinaloa. A consecuencia de ello, la cantante falleció y no quedó más remedio que volver a la capital del país.

Santa Cruz de Juventino Rosas, lugar de nacimiento del músico. Al lado, fotografía de Rosas durante su etapa en el Conservatorio Nacional

El joven músico entró entonces en el Conservatorio Nacional de Música, en 1985, con apenas 17 años. Juventino estudió algo de solfeo y teoría musical, pero no duró mucho en las aulas, pues al igual que muchos estudiantes de entonces y de siempre, se aburría con las clases, así que decidió seguir por su camino autodidacta. El 5 de mayo de 1887, comenzó a probar el éxito: participó en un festival organizado por el Teatro Nacional para conmemorar la Batalla de Puebla, evento al que asistió el presidente Porfirio Díaz.

Impresionado por la calidad del joven músico, Díaz le pidió que compusiera una melodía para el cumpleaños de su esposa, doña Carmen Romero Rubio. Así fue como surgió el vals Carmen, una obra de gran calidad. Se dice que el día del estreno de esta pieza, el público dudó que alguien tan joven saliera airoso del compromiso, pero el artista tomó la batuta y dirigió con tal solvencia la orquesta que se ganó el aplauso y la admiración generales. Este episodio fue tomado para la escena central de la película Sobre las olas de 1950, con Pedro Infante en el papel de Juventino.

Hemiciclo en honor de Juventino Rosas.

Rosas ya había compuesto danzas, chotises, polkas y mazurcas, así como las marchas Cuauhtémoc y Patria y el vals Ilusiones juveniles. Porfirio Díaz le regaló un piano de cola, el cual tristemente el músico tuvo que vender después para saldar sus numerosas deudas, igual que haría a lo largo de su vida con las partituras de sus composiciones, entre ellas la que estremecería las emociones del público y quedaría en el recuerdo de gran parte del mundo.

Existen varias versiones acerca del origen de Sobre las olas. Una de ellas menciona que, para escapar de la leva, Rosas se escondió en la casa de su amigo Pepe Reina, en el pueblo de Contreras. Allí, una mañana, después de una noche de fiesta, se fue a bañar al cercano manantial de La Magdalena, donde repentinamente concibió una melodía que comenzó a tararear, por lo que salió rápidamente del agua y extrajo de su saco un pequeño cuaderno, donde anotó los primeros apuntes de la obra, la cual terminó una vez de regreso en casa. Otra historia señala que se inspiró al ver lavar, junto al manantial, a la señorita Mariana Carbajal, de la cual estaba enamorado, hermana de un amigo llamado Fidencio, con cuya familia había sido invitado a vivir, en Cuautepec, donde actualmente existe un monumento que recuerda ese real o imaginario suceso.

Portada de la publicación del vals “Sobre las olas”. Retrato del músico mexicano.

Lo que sí se sabe es que al principio la pieza recibió el nombre de Junto al Manantial. Al parecer el cambio de título fue obra del músico Miguel Ríos Toledano, quien adoptó la melodía para piano. Con el nuevo nombre fue adquirida,en 1888, por la Casa Wagner y Levien, a cambio de 45 pesos por los derechos de reproducción. Estrenado en 1891, el vals y su autor alcanzaron fama inusitada en México y en Europa. Asimismo, la misma casa editó después todos sus valses, incluido el póstumo, que curiosamente se llama Último adiós. Lamentablemente el compositor vendía las partituras por muy poco dinero, debido a la difícil situación económica que siempre enfrentaba.

Posteriormente, como parte de una compañía de zarzuela, Juventino Rosas viajó a Cuba, donde cayó gravemente enfermo, a causa de los males hepáticos que padecía. Murió en el Surgidero de Batabanó el 9 de julio de 1894, debido a una mielitis espinal. Sepultado en tierras caribeñas, su epitafio decía: “La tierra cubana sabrá conservar su sueño”. Años después, en 1909, el periodista Miguel Necochea y la Sociedad de Compositores Mexicanos gestionaron el traslado de sus restos a México. Al llegar a Veracruz, fueron recibidos por los también compositores Miguel Lerdo de Tejada y Ernesto Elorduy.

La tumba del compositor en la Rotonda de las Personas Ilustres, en la Ciudad de México. La segunda imagen, muestra otra estatua del genial músico en su pueblo natal.

Un vagón del Ferrocarril Mexicano fue habilitado como capilla ardiente. Las notas de su famosísimo vals se escucharon por todos los lugares por donde pasó el tren. Después de recibir el tributo del pueblo, sus restos fueron sepultados en el Panteón Civil de la Ciudad de México y en 1939 fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde hoy se encuentran.

Juventino Rosas fue el músico mexicano más popular durante medio siglo, hasta que en las décadas de 1940 y 1950 se impusieron los géneros del bolero y el mariachi, de la mano del cine, pero su vals es uno de los más conocidos en el planeta, probablemente el más célebre después del Danubio Azul. Guanajuato lo recuerda cada año, durante la ya mencionada Apertura de la Presa de la Olla, y su lugar de nacimiento cambió de nombre a Santa Cruz de Juventino Rosas.