1888-1926, LAS DOS INUNDACIONES QUE CAMBIARON A LEÓN
Cuando no era alguna epidemia, era la sequía o las inundaciones, pero durante siglos la ciudad de León —desde que era una villa— debió enfrentar calamidades provocadas por la naturaleza. Dos de ellas la marcaron: la inundación de 1888 y la de 1926.
Fueron las más significativas, pues la ciudad sufrió hasta el primer cuarto del siglo XX unas 20 inundaciones de diferente magnitud.
Fundada entre arroyos y un río que le daban vida en tiempos de lluvia, la ciudad tenía en el agua su virtud y su riesgo. Forjada en el comercio, la agricultura y una creciente industria, emergió en el siglo XX entre las principales urbes nacionales del México independiente.
En 1830 obtuvo la categoría de ciudad. Tuvo su alumbrado público en 1835. En 1853 fue la segunda ciudad del país que quedaba comunicada por telégrafo con la capital nacional. En 1855 surgió su primer periódico (había publicaciones irregulares solamente). En 1862 se convierte en obispado y ya para entonces es una población de importancia nacional a la que el emperador Maximiliano se dignaría visitar. Envuelta en la pugna entre liberales y conservadores, la recepción al austriaco marcaría la imagen de esas ciudades que el siglo XX llamaría “de derecha”.

Aunque pertenecientes al estado de Guanajuato, su distancia —física y cultural— con la capital llevó a los leoneses a querer constituirse en el estado del centro en 1871.
Comenzaba a ser una ciudad más industrial. En 1870 llegan las primeras máquinas de coser y en 1877 se fundó la fábrica textil “La Americana”. En 1880 tenía su flamante teatro Doblado y el 28 de julio de 1882 llega el primer ferrocarril a León, inicia su transporte público con el tranvía “de mulitas” y un año después se inauguran el mercado de La Soledad (hoy “Aldama”) y un parque urbano que hoy es conocido como “Hidalgo”.
La ciudad avanzaba a pesar de las adversidades: las políticas, como varias matanzas de liberales contra conservadores, y de la naturaleza, como las epidemias de cólera morbus en 1833 y 1850. En 1855 fue sacudida por un temblor. En 1865, una inundación destruyó alrededor de 800 casas y afectó a numerosos habitantes de aquella población que se dice rondaba en más de 100 000 habitantes (dato que es necesario corroborar en archivos).
Era la calamidad que preludiaba una mayor:
Entre el 18 y 19 de junio de 1888, la ciudad sufrió una de sus tragedias más devastadoras de su historia. Fueron 12 días de lluvias ininterrumpidas. Debido a una tormenta en el norte de la ciudad, de la hacienda se desbordó el principal río. El agua arrasó con 2 232 casas de 117 manzanas y las calles quedaron destrozadas. Animales, árboles y personas fueron arrastrados por la corriente. Más de 5 mil familias quedaron en la miseria. El agua alcanzó hasta dos metros de altura en las calles más bajas.
Miles de habitantes, que perdieron todo patrimonio, se fueron de la ciudad. Este momento histórico tuvo una repercusión en la historia de la cultura nacional: entre los que quedaron sin bienes ni herramientas estuvo el grabador y dibujante José Guadalupe Posada. Se fue la ciudad, donde se había casado. Su partida le generó nuevos horizontes.
La reconstrucción
León no se quedó cruzada de brazos: en 1889 construyeron el bordo del Río de los Gómez, para evitar inundaciones, y el Puente Barón para unir el pueblo del Coecillo a la ciudad, a instancias del obispo Don Tomás Barón y Morales.
En 1892 se inauguró el Malecón Colón sobre el bordo de protección que el Batallón de Zapadores construyó en la margen derecha del Río de los Gómez.
La vida y el desarrollo reanudaban su marcha. En 1892 la ciudad tenía ya servicio telefónico local, prestado por la Compañía Telefónica Mexicana. En 1895 llegó la primera sucursal bancaria y su identidad tomaba forma en 1896 cuando fue inaugurado el Arco de la Calzada dedicado a los héroes patrios. En 1898 León tuvo alumbrado público eléctrico y fue una de las pioneras en el país con ese servicio.
El primer automóvil apareció en las calles de León en 1904 y en ese año comenzó la construcción de la presa de Los Castillos. En 1905 contaba ya con proyecciones de cine y en 1906 se organiza la venta del primer fraccionamiento en terrenos del santuario. Para 1908 se abrieron los locales de la tienda La Primavera y el primero de las Fábricas de Francia y se creó la Cámara Agrícola Nacional de León.

En 1908, la ciudad contaba con 63 mil 265 habitantes. Las casas en su mayoría eran de un solo piso. Tenía 5 hoteles, 22 mesones, 2 hospitales, 2 asilos, 5 colegios de internado, 2 cuarteles, una cárcel de hombres y otra de mujeres. Aparte tenía 19 congregaciones con más de 4 mil habitantes y las haciendas y ranchos y en total sumaban más de 25 mil.
En marzo de 1910, Francisco I. Madero celebró un mitin antirreeleccionista ante más de 1000 leoneses que se congregaron en la plaza de gallos para escucharlo. En septiembre fue la gran celebración de las Fiestas del Centenario.
La revolución llega a la ciudad el 3 de junio de 1911, cuando el silaoense Cándido Navarro, con 300 hombres como tropa, hurta las arcas municipales.
Porfirio Diaz deja el poder y en diciembre de 1911, en la estación de ferrocarriles, aterrizan los primeros aviones vistos en la ciudad.
El gobierno de Madero no logró la pacificación del país y León vive embates de revolucionarios agraristas en 1912. En 1913, Victoriano Huerta asesina a Madero y León es escenario de la confrontación entre constitucionalistas y huertistas. A pesar de ese ambiente, en 1913 se fundó la Cámara Nacional del Comercio de León.
En 1914, el servicio de trenes de pasajeros se ve interrumpido por la lucha armada. La ciudad quedó aislada. Empresas y periódicos comenzaron a cerrar y León sufrió uno de los peores ataques de ese tiempo: las huestes de Pascual Orozco y José Pérez Castro toman la ciudad con saldo de más de 20 muertos. Saquearon el comercio y principales industrias. Los carrancistas recuperaron la plaza y ésta entró de lleno en las pugnas inter-revolucionarias:
Del 17 de noviembre de 1914 al 5 de junio de 1915, los villistas la ocuparon. Francisco Villa la declaró capital del estado y en junio los constitucionalistas —con Álvaro Obregón al frente, que pierde un brazo por una esquirla de bala de cañón— recuperaron la plaza. Fue el principio del fin militar del Centauro del Norte y el inicio de la leyenda histórico política del que indebidamente llamarían “El manco de Celaya”.
El triunfo constitucionalista comenzará a llevar a la ciudad a retomar su desarrollo. En 1919, Andrés Mendoza viaja en un automóvil Ford a la ciudad de México en un viaje de dos días. En 1920, un norteamericano ofrecía vuelos en avión por cuarenta pesos y en 1921 se realizaron carreras de autos.
Abrieron el Teatro Vera en 1921 y ese mismo año llegaron los primeros aparatos de radio y el primer avión biplano a la ciudad.
En 1922, en el Círculo Leonés Mutualista se presentó al público el primer radiorreceptor de la ciudad, se fundaron los primeros clubes de futbol. Para 1923 abrieron la carretera a San Felipe y en 1924, pavimentaron la plaza principal.

En 1925 fue construido el estadio Patria junto a la calzada y ese mismo año se realiza el primer viaje en auto de México a León, ahora sí en menos de un día.
Todo pintaba bonito a pesar de algunas adversidades naturales: en 1892 la ciudad había sufrido una epidemia de tifo, en 1897 sufrió de escasez severa de agua potable, en 1911 tuvo brotes de epidemia de viruela y cólera; de octubre de 1915 a marzo de 1917, una epidemia de tifo y la hambruna cobraron muchas vidas. La ciudad vive un contraste migratorio: mientras que miles de leoneses con recursos económicos emigran a la capital del país en búsqueda de nuevas perspectivas, miles de alteños que huyen de sequías y epidemias en sus tierras, se refugian en León. En 1918 un brote de Influenza española diezmó a la población.
La década de 1920 permitía superar adversidades políticas y de la naturaleza, cuando llegó la inundación de 1926.
La otra tragedia
En la madrugada del 23 de junio de 1926, los silbatos de los agentes del orden rompieron el silencio a la población que dormía para advertir sobre la emergencia: el Río de los Gómez había salido de su cauce. Primero alcanzó al centro de la ciudad. Luego, el arroyo del Muerto se desbordó e inundó al populoso barrio de El Coecillo, caracterizado por sus casas de adobe, que se vinieron abajo. A las nueve de la mañana hubo otra crecida provocada por el colapso de la presa de la antigua Hacienda de Arriba.
Todo fue consecuencia de una tromba que se descargó al norte de Ibarrilla, y otras dos simultáneas en Cerro Gordo; se destruyeron las cortinas de las presas del mismo nombre y rebasaron el cauce del arroyo Mariches, que desemboca al de los Gómez.
El fotógrafo Manuel Obregón consignó la tragedia y, gracias a él, en el Archivo Histórico de León se encuentra la memoria gráfica de la inundación.
Era el día de Santa Alicia y víspera del tradicionalmente lluvioso día de San Juan Bautista. La lluvia rebasó al Puente Barón y Morales. La corriente arrasó con cuanto encontró a su paso y dejó el tranvía de mulitas totalmente destrozado.
Las fotos muestran calles anegadas y casas destruidas, a personas que cargan a sus hijos y sus pertenencias más valiosas rumbo a terrenos más altos. Muchos buscaron refugio en el Teatro Doblado, el Seminario y el Palacio Municipal, entre otros lugares seguros.
Abundan testimonios y relatos sobre la tragedia en una ciudad que comenzaría a sufrir también los estragos de la Guerra Cristera ese mismo año.

La inundación de 1926 mostró la vulnerabilidad de una ciudad que creyó bastarse con el “bordo”, que pomposamente llamaron “malecón”, del río de los Gómez.
Esa tragedia marcó cambios en su identidad y desarrollo: la devastada industria textil dejó su lugar a la del calzado y la curtiduría; la ciudad redefiniría su esquema de desarrollo urbano al impulsar crecimiento hacia partes altas, lo que dio lugar a colonias como la Obrera y la Industrial. Luego se fue extendiendo hacia la zona de haciendas, para rebasar los límites históricos que le habían marcado la época colonial y el siglo XIX.
Sin embargo, siguió sin desarrollar una obra de infraestructura hidráulica acorde a sus exigencias: en 1973 tuvo otra inundación —menos dañina, pero también significativa— y cuando hay lluvias fuertes sus “encharcamientos” provocan daños y molestias. Como mayor referencia: no puede construir túneles subterráneos ni pasos “deprimidos” porque se inundarían. Así pasa con el cruce de la vía del ferrocarril con el boulevard Hermanos Aldama y con los pasos a desnivel que están en un río de Los Gómez convertido en viaducto.
Fuentes bibliográficas:
Labarthe Ríos, María de la Cruz, León entre dos inundaciones, Ediciones La Rana, México, 1997.
Blanco, Mónica et al, Breve historia de Guanajuato, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.
Navarro Valtierra, Carlos Arturo, Inundaciones graves de León, 1608 a 1998. León, Guanajuato: Archivo Histórico Municipal de León. México, 2006.
Navarro Valtierra, Carlos Arturo. Llegar a ser, monografía de León, Gobierno del Estado de Guanajuato, México, 2010.

