ESTUDIANTINA DE LA UG, HERENCIA VIRREINAL CON SEIS DÉCADAS DE COLORES, SERÁ PATRIMONIO CULTURAL INTANGIBLE
En la década de 1960, la ciudad de Guanajuato cosechaba los frutos de su recuperación en el marco del llamado “Milagro Mexicano”. Hacía de lado su pasado minero para empezar a ser una ciudad universitaria, burócrata y turística.
Al igual que otras del país, la Universidad de Guanajuato (UG) experimentaba un crecimiento significativo: abrió nuevas carreras, como Arquitectura e Historia, y se fortaleció su relación con la UNAM, que presumía su gran Ciudad Universitaria, símbolo de la modernidad mexicana.
Inició el Servicio Social y, en el ámbito cultural, abrió el Cine Club, inició Radio Universidad y ya los Entremeses Cervantinos se posicionaban y llegarían a ser semilla del futuro Festival Internacional Cervantino. A todo ello se le agregaba la Orquesta Sinfónica, que tocó su primer concierto en 1952.

Mientras que el país vivía movimientos como la marcha minera de Nueva Rosita (1950-1951) y el Movimiento Ferrocarrilero (1958-1959), la ciudad vivía una calma chicha, digna de pueblo conservador y tradicional, y comenzaba a ser escenario fílmico que le generaba una imagen mediática de provincia romántica.
No había la agitación de otros lares y la pequeña ciudad universitaria emergía como ejemplo de cultura. En ese contexto, en 1962, surgió la Estudiantina de la UG, que se convirtió en un símbolo de la universidad y la ciudad. Debutó el 13 de abril de 1963 en la Plaza de San Roque.
Uno de sus impulsores fue Joaquín El Flaco Arias, quien también participaba en el Teatro Universitario. Le secundaron en su aventura personajes como Marco Antonio Guerrero González y Pedro Luis Martínez Aguirre.
Como se ha relatado en otros textos, la mayoría tocaba y cantaba informalmente. Fue un proceso de aprendizaje. La estudiantina universitaria se logró al fusionarse con un grupo que existió previamente, compuesto en su mayor parte por alumnos de la Escuela de Arquitectura. Era una “estudiantina” informal, integrada por jóvenes que se reunían para pasar un buen rato y amenizar reuniones y solían reunirse en el callejón de la Condesa: Arnaldo Martínez Martínez, Ismael Ruiz Ruiz, Carlos Villaseñor Robles, Jesús Pérez Salazar, Antonio Espino Hurtado, Eleuterio Alonso González, Mario Felipe Vargas Muñoz, José Luis Acevedo Rodríguez, Manuel Laing Castañeda y Marco Antonio Guerrero González.
A ellos se les habrían de agregar Isidro y Arturo Carrillo, Salvador y Juan Contreras, Virgilio Fernández, Luis Mario Valdez; Enrique Hagen, Arturo Valtierra, Saturnino González, Salvador Vázquez, Lorenzo Galván, Jorge León Avella, Víctor David Arias, Federico Zavala, Teódulo Floriano, Víctor Lara, Alfredo Ramírez, Rubén Pérez Vargas, Mariano y Rogelio León Barajas, Daniel Escoto, Salvador Gutiérrez, Marco Antonio Rocha, Juan E. Portilla, Francisco Serrano, Rafael Villana y otros.
Pedro Luis Martínez Aguirre reconoce que la idea de darle forma al grupo fue de El Flaco Arias. Martínez, de familia de músicos y que desde los cinco años incursionaba en ese arte, sabía de música y ayudó a sus más de 30 compañeros de la estudiantina en su formación musical durante un año y un mes antes de su primera presentación oficial. Había madera: “Todos estaban entonados, todos cantaban muy bien, Armando Andrade El Huesos tenía una voz muy bonita”, recordó.
La estudiantina universitaria pronto se hizo una institución sólida que grabó discos y actuó en películas. Relatan las reseñas históricas institucionales que Pedro Luis Martínez adaptó e hizo los arreglos para varias de las primeras canciones que se grabaron, entre las que destacan: “El Silbidito”, “Dominus Tecum” y “Pregúntale a las Estrellas”, entre otras. Luego vendrían “Guanajuato de mi Guanajuato” y la emblemática “Tierra de mis amores”.
En lo que se refiere al cine, en varios filmes hay secuencias visuales donde la estudiantina universitaria aparece: en Lanza tus penas al viento (México,1966) y en el inicio de Las Momias de Guanajuato (1972). En esa cinta los héroes son múltiples. Blue Demon y Mil Máscaras arriban a una ciudad de estudiantinas y enanos que “cuentean” a visitantes.
En las historias de cursilería rockanrolera sesentera (Pily y Mily como mejores referencias), no podía faltar la Estudiantina de la UG.
Actualmente pululan grupos de estudiantinas que se dedican a recorrer los callejones de Guanajuato por las noches, cantando canciones populares, mientras van contando las historias de la ciudad. Ya son parte de la identidad de un Guanajuato cursi y de canto simple y tocar tradicional, que soporta críticas de la excelsitud intelectual.

Nostalgia Virreinal
Las estudiantinas suelen ser un referente de la cultura española que el mestizaje mexicano se apropió. Son las antiguas tunas convertidas en estudiantinas y su variante la rondalla (los que hacen ronda para llevar serenata). Tienen su origen doble: por un lado, los juglares y trovadores de la Edad Media, y por otro lado las organizaciones de estudiantes que nacieron en 1222 en París, Praga y otras universidades. Es en el siglo XVI cuando en las ciudades de Salamanca y Compostela nacen las estudiantinas; los estudiantes en este siglo estaban divididos de acuerdo a su posición económica y social.
Los más pobres eran los “capigorrones” que vivían de “gorra” a costa de sus compañeros más afortunados, o la mayoría de la sopa de los conventos, por lo que se les conoció con el nombre de “sopistas”; éstos traían colgada al cinturón una cacerola y una cuchara. Posteriormente se transforma la cacerola en tenedor, es por eso que el símbolo de las tunas o estudiantinas es la cuchara y el tenedor. Eran lo que ahora se conoce como “estudihambre”.
Los integrantes de la estudiantina (tunos, les llaman en España y otros países) suelen usar antiguos trajes escolares de las universidades españolas del siglo XIV y XV, que están conformados por un jubón o casaca, pantaloncillo, capa, medias, zapatos con hebilla y camisa blanca, en ocasiones hay quienes le agregan bicornios o sombreros de copa.
Existen muchas versiones del origen de la palabra “tuna”. Para algunos, deriva de la palabra “‘tunar'” o “‘correr la tuna'”, que significa “llevar una vida viajera, vagabunda, tocando y cantando”; también se cree que deriva de la expresión francesa Roi de Thunes (Rey de Túnez), un apelativo utilizado para designar a líderes de vagabundos. Para otros deriva de la palabra atún y hacen esta similitud de los tunantes por la naturaleza migratoria de estos peces. “Tunos” serían los trabajadores estacionales que se desplazaban hacia el sur de España en busca de trabajo.
Como en México el vocablo “tuna” es conocido como fruto del nopal, optaron por llamar a esos grupos “estudiantina”, pero mantuvieron el atuendo estudiantil español que se conoció en la Nueva España durante la colonia (Virreinato, dicen los pro hispanistas).
Patrimonio Cultural Intangible
El Teatro Universitario y el grupo teatral Los Juglares han sido declarados por el gobierno del estado como Patrimonio Cultural Intangible de las y los guanajuatenses. En ese tenor, el pleno del Congreso del Estado aprobó el pasado 19 de junio exhortar a la gobernadora, Libia Dennise García Muñoz Ledo, para que declare Patrimonio Cultural Intangible de los guanajuatenses a la Estudiantina de la UG.
La propuesta fue radicada el 14 de mayo pasado y el dictamen fue aprobado el 16 de junio por la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología, en la que participa un exrector universitario: Juan Carlos Romero Hicks, quien dijo que la Estudiantina de la Universidad de Guanajuato “es mucho más que un conjunto musical; es una expresión cultural viva que encarna la tradición, identidad y riqueza cultural del estado; y que, desde su creación en 1963, ha desempeñado un papel fundamental en la preservación y renovación de las manifestaciones musicales de la región, fusionando la esencia de las tunas universitarias españolas con la diversidad cultural mexicana”.

Reconocer a la estudiantina era un compromiso con la historia, la cultura y el futuro de Guanajuato, reafirmando su valor como un patrimonio vivo que une el pasado con el presente y enriquece la vida de su comunidad.
Fue el que mejor habló, aunque la propuesta fue de una diputada de otro partido, originaria de otra entidad. Finalmente, se olvidaron de colores y por unanimidad votaron a favor del exhorto.
Ahora sólo resta que la gobernadora cumpla lo que prometió el día que en el Teatro Juárez se le otorgó al Flaco Arias el reconocimiento de “Guanajuatense distinguido”. Ese día llegará y nos pintaremos de colores, pues de colores se visten los campos en la primavera. De colores son los pajaritos que vienen de afuera. De colores es el arco iris que vemos lucir.
Y por eso los grandes amores, de muchos colores me gustan a mí.

