LA TRAGEDIA DE LOS ANIMALES DE CIRCO

A principios del siglo XX, el Circo Hagenbeck recorría diversos estados de La Unión Americana. Era, entonces, el segundo circo más grande de Estados Unidos, después del Ringling Brothers y Barnum and Bailey. Su sede la tenía en Peru, Indiana.

Como muchos de los circos del mundo, el Hagenbeck comenzó como un espectáculo de animales entrenados, sobre todo caballos con jinetes que hacían todo tipo de suertes en ocasiones en un proscenio y, en otras, en una carpa de tres pistas.

El dueño del espectáculo era Carl Hagenbeck (junio 10, 1844 – abril 14, 1913), un zoólogo, domador y aventurero nacido en Hamburgo, Alemania. Este empresario destacó por ser un precursor de las hoy controversiales exposiciones antropozoológicas, también conocidas como “zoológicos humanos”, es decir, exhibiciones públicas que mostraban personas —a menudo de culturas no occidentales— junto con animales.

El propósito de esas muestras era entretener y demostrar la “superioridad” de la civilización occidental. De acuerdo con documentos de la época, “la exhibición de personas en un contexto zoológico tenía un profundo impacto deshumanizador, reforzando estereotipos raciales y contribuyendo a la percepción de los pueblos indígenas como inferiores” (Wikipedia).

Hagenbeck era un hombre de contrastes y en 1907 fundó el zoológico Tierpark Hagenbeck, el cual aportó un modelo de zoológico con ideales de conservación, así como de la apreciación de la naturaleza que trajo la modernidad.

Asimismo, organizó expediciones cinegéticas con las que logró ampliar su colección, misma que le sirvió de base para crear una empresa de proyección internacional, dedicada a abastecer de fieras a los zoos y circos de todo el mundo.

Pese a que ahora son cosa del pasado, las “expediciones cinegéticas” se organizaron para la caza de animales en su hábitat natural y tenían como objetivo la investigación y control de poblaciones, realizándose en zonas designadas como cotos o reservas de caza.

Hagenbeck no pudo escapar de la controversia, sobre todo después de que en 1881 secuestró un grupo de 11 káwesqar (hombres, mujeres y niños) de la zona austral de Chile llevándolos a Europa para ser exhibidos en jaulas. Durante el recorrido varios elementos sufrieron agresiones físicas y sexuales, unos más murieron de enfermedades e inanición.

En 1909, Hagenbeck publicó su libro Beasts and Men, que compendia varias de sus aventuras, métodos de captura y entrenamiento de animales. También describe un críptido (criatura cuya existencia es especulada o no está corroborada por la ciencia, pero que forma parte del folclore o leyendas urbanas), el Mokele-mbembe, del que especula que habita en el interior de Rhodesia. De acuerdo con la descripción de Hagenbeck, Mokele-mbembe era una especie de dinosaurio, similar a un brontosaurio, al que, por supuesto, nunca nadie pudo hallar.

Oso. (Ilustración: Meta AI)

Hagenbeck, el hombre aventurero, audaz y valiente, inquieto por naturaleza, murió en consonancia a la leyenda que de sí mismo había fraguado: a causa de la mordedura de una serpiente, el 14 de abril de 1913 en su zoológico de Hamburgo.

Si bien el Espectáculo de Animales Entrenados Carl Hagenbeck fue fundado en 1903, para 1907 la empresa fue vendida a Benjamin Wallace, quien, en 1884, junto a su socio James Anderson, adquirieron un circode donde surgió El Gran Espectáculo de Wallace. Para 1890, sin embargo, la sociedad Wallace-Anderson se fracturó de forma definitiva. Benjamin Wallace compró la participación de su socio en 1890, fundando el Circo BE Wallace.

En 1907, tras adquirir el Espectáculo de Animales Entrenados Carl Hagenbeck y fusionarlo con su circo, su nueva empresa se llamó Circo Hagenbeck-Wallace. La relación de los dos empresarios dejaba mucho que desear, tanto que Carl Hagenbeck presentó una demanda para prohibir el uso de su nombre, un esfuerzo que resultó infructuoso.

Bajo la nomenclatura Hagenbeck-Wallace, el 22 de junio de 1918, alrededor de las 4:00 a.m., la tragedia alcanzó a los modestos hombres de espectáculo y a los animales de circo cerca de Hammond, Indiana. Un maquinista ebrio se quedó dormido e impactó su enorme bestia de acero contra la parte trasera de un tren detenido: el de la empresa Hagenbeck-Wallace. De inmediato, el estallido de las lámparas de queroseno repartió su lengua de fuego por los vagones de madera.

Los daños fueron terribles: 86 personas murieron, todos ellos trabajadores y artistas, además de que más de 100 resultaron heridas. Muchas de las víctimas quedaron irreconocibles. Todos los animales prácticamente murieron. Los testigos narraron escenas atroces, donde gritos humanos y rugidos de bestias sufrientes formaron un coro de dolor. La mayoría de las víctimas, mujeres, hombres y animales, está enterrada en el cementerio Woodlawn de Forest Park, Illinois, en una sección reservada para el descanso de los artistas. Las esculturas de payasos en grupo, de elefantes y osos, entre otros, roban el aliento de quien las ve. Solo cinco víctimas tienen tumbas marcadas; el resto sufrió quemaduras extremas, lo que hizo imposible su identificación.

De forma increíble, la firma Hagenbeck-Wallace sólo canceló dos funciones después de la tragedia. Varios circos de la competencia, incluyendo el Ringling Brothers and Barnum & Bailey, apoyaron con equipo y artistas al Hagenbeck-Wallace.

¿Alguien leyó la novela (que posteriormente se convirtió en película) Agua para elefantes de Sara Gruen? En ella la autora menciona brevemente al Circo Hagenbeck-Wallace.

El Circo en Invierno de Cathy Da, asimismo, se inspiró en la tragedia del coloso. El ficticio Circo Great Porter tiene su sede invernal en Lima, Indiana, que remite a la ciudad natal de la autora, Peru, Indiana. Cathy Da, por cierto, es sobrina nieta de un entrenador de elefantes del Hagenbeck-Wallace.

El dramaturgo y novelista irlandés, Samuel Beckett, tampoco se mostró indiferente a la hecatombe del Hagenbeck-Wallace y lo menciona en el cuento Primer amor.