LA ACADEMIA DE SAN CARLOS VIVE ENTRE LA ALGARABÍA CITADINA
Hoy se pierde entre el incesante comercio y el ir y venir de miles de personas que acuden al Centro Histórico de la Ciudad de México para adquirir, a precios accesibles, los más variados e increíbles productos y servicios. Pero desde 1771, la Academia de San Carlos ha estado allí, de puertas abiertas al arte y a la innovación mundial del intelecto humano.
El sólido edificio se localiza en la calle que la misma institución da nombre, Academia número 22, a unos pasos de los museos José Luis Cuevas y Nacional de las Culturas del Mundo, del Palacio Nacional y de la Catedral Metropolitana. Es decir, en el entrañable antiguo barrio universitario, sitio lleno de saberes, acontecimientos históricos, y leyendas.
Dentro de ese perímetro el comercio ambulante se incrementa en estos días debido a la celebración nacional del “Mes Patrio”. La fachada de la Academia de San Carlos parece que se desvanece, y pierde la atención del transeúnte, entre anuncios luminosos, arengas de los vendedores y productos multicolores, además del aroma de los antojitos callejeros.

Una vez traspasado la gruesa barrera de negociantes fijos y de temporada, y hallado el ángulo adecuado, se puede ver completa la fachada y entrada principal de la Academia. Ya dentro, pareciera que se viajó en el tiempo. Una serie de esculturas da la bienvenida y, a partir de allí, el patio ofrece una gran serie de caminos a las distintas áreas del edificio.
La Academia Nacional de San Carlos (su nombre oficial) es actualmente la sede de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Alberga un galería pública y un patio de esculturas. La academia y sus egresados han desempeñado un papel importante a lo largo de la historia del México independiente.
A través de la Facultad de Arte y Diseño, la máxima casa de estudios del país ha vuelto a dar vida a las Antiguas Galerías del recinto a través de un novedoso proyecto: San Carlos Centro Cultural (SCCC), que ofrece al público en general una plataforma de integración y vinculación entre lenguajes artísticos de épocas pasadas y contemporáneas, sin distingos.
Uno de los objetivos del SCCC es dar a conocer, de manera masiva, el amplio patrimonio artístico universitario concentrado en la Academia de San Carlos y, para lograrlo, ya tiene propuestas en el marco de los procesos de producción de las artes visuales y aplicadas, así como de las diferentes formas en que se manifiestan hoy en la vida artística y cotidiana.
Para conocer el origen de la Academia, debemos remontarnos al siglo XVI, cuando en ese sitio estaba el Real Hospital del Amor de Dios. En 1786 sus enfermos fueron trasladados al Hospital General de San Andrés, por instancias del arzobispo Alonso Núñez de Haro. En 1791, y sin hogar propio por falta de dinero, la Academia de San Carlos se instaló allí.
Esa corporación se fundó por deseo e iniciativa de Carlos III para modernizar la Corona Española según la filosofía de la Ilustración y el estilo neoclásico. Jerónimo Antonio Gil, nombrado grabador mayor de la Casa de Moneda de México, arrancó el proyecto con la Escuela Provisional de Grabado y Dibujo en 1781, y pronto contó con muchos alumnos.
La academia fue fundada en 1783 como Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España. Antes, en 1778 fue una escuela pequeña, fundada por Gerónimo Antonio Gil, quien había llegado ese año para enseñar grabado a los artesanos de la Casa de Moneda. Ante la necesidad de ampliar la escuela, comenzó a pedir ayuda.
Se acercó a la misma Casa de la Moneda y a la Corona. E proyecto se formalizó y el 4 de noviembre de 1785 se inauguró oficialmente, siendo parteaguas en la vida del Virreinato de la Nueva España. Tras la Independencia, en 1821 tuvo dificultades, pero se estabilizó en 1834 con la incorporación de profesores destacados y programas de intercambio.
La inauguración del actual edificio fue en 1791. Ese año, Manuel Tolsá llegó a enseñar escultura y asumir la dirección. Había traído una serie de vaciados en yeso y materiales similares que serían el germen de las colecciones de la Academia. Uno de sus primeros proyectos fue la remodelación del Convento de Santa Inés justo enfrente de la Academia.
Javier Cavallari diseñó parte del edificio de estilo renacentista italiano. Cuatro de los seis medallones de la fachada representan a los fundadores de la Academia: El rey español Carlos III, don José Bernardo Couto (uno de los primeros mecenas), el director Gerónimo Antonio Gil, y Fernando José Manguino (superintendente de la Real Casa de la Moneda).

Los otros dos son de artistas italianos, Miguel Ángel y Rafael. Cavallari también terminó el patio, la sala de conferencias y las galerías de pintura y escultura. En 1913 se cubrió el patio con una cúpula de cristal de estilo Art Nouveau, construida por la empresa parisina L. Lapeyrer; la Academia fue la primera gran escuela de arte y museo de bellas artes en América.
A lo largo del siglo XIX la institución influyó significativamente en el arte nacional, y en 1910, se integró a la Universidad Nacional, liderando movimientos artísticos importantes. A la fecha, la Academia tiene nueva vida con cursos, conferencias, simposios, coloquios, ferias de libro, exposiciones y funciones de danza, música, teatro y performances.
Atractivo aparte representan el archivo, la biblioteca y las colecciones que permanecen entre los muros del edificio. Por otro lado, uno de los atributos históricos de la Facultad de Artes y Diseño es que ha confirmado su vocación de producir, adquirir, conservar y difundir bienes artísticos para gozosa contemplación, y en su caso lectura, del público.

