LOS ENTREMESES DE CERVANTES COMO DETONADORES DE TURISMO EN LA CIUDAD DE GUANAJUATO
Bosquejo historiográfico desde la prensa de la época
En 1945, el Colegio del Estado se transforma en Universidad de Guanajuato. La ciudad de Guanajuato comenzaba a despertar del letargo de una revolución que le había arrebatado su fortaleza económica y la hacía ver en ruinas (y así la vio Jorge Ibargüengoitia).
El primer Consejo Universitario fue instalado el 16 de mayo de ese año y al frente de ese proceso fue puesto un joven y talentoso intelectual que era abogado: Armando Olivares Carrillo.
Instalaron la imprenta universitaria, ampliaron la oferta académica y la llevaron a más ciudades del estado, contando en la actualidad con unidades académicas y de extensión universitaria en más de 10 municipios, pero lo más sobresaliente fue el despertar cultural.
A lo anterior se sumó otro elemento de modernidad: el 4 de febrero de 1950 iniciaron las obras de construcción del Auditorio de la Universidad, además de las aulas, talleres y dependencias de la Facultad de Ingeniería en el edificio de Lascuráin de Retana. Las obras, junto con el auditorio y otros espacios, fueron ideadas y ejecutadas por el arquitecto Vicente Urquiaga Rojas.

El acontecimiento no era un hecho aislado: estaba inserto en el contexto de una modernización del sistema universitario en el país que tendría como principal referente la colocación en 1950 de la primera piedra de la Ciudad Universitaria para ser la sede principal de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En esa dinámica de hacer de las viejas universidades espacios para nuevos modelos académicos, en 1952 en el rectorado de Antonio Torres Gómez —que había sucedido a Armando Olivares Carrillo— se crearon dos instancias fundamentales de la flamante universidad abajeña: la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato y la Escuela de Arte Dramático, ligada estrechamente a otro espacio académico: la Facultad de Filosofía y Letras, muy vinculada con la UNAM, de donde procedieron los catedráticos fundadores. La mayoría eran españoles exiliados y le dieron un toque crítico e inculcaron un espíritu de gusto por la cultura hispana en la UG.
Si bien la Facultad de Filosofía y Letras habría de iniciar actividades en 1953, su etapa de preparación tuvo fuertes ligas con la Escuela de Arte Dramático y en ese contexto un hidalguense, que ya destacaba en el ámbito académico de la colmena, Enrique Ruelas Espinoza, impulsó un proyecto teatral sin precedentes: aprovechar la arquitectura de la ciudad para escenificar en ellos obras del teatro clásico español. Surgieron así los “entremeses cervantinos”.
A finales de 1952 se iba a realizar la Asamblea Nacional de Rectores en la ciudad de Guanajuato, pero se postergó para el 17 de febrero del siguiente año. Este hecho dio la pauta para una idea estratégica: montar para ellos los Entremeses Cervantinos.
El que la ciudad de Guanajuato fuera sede de la Asamblea no era asunto menor: era la demostración de un estado que entraba a la modernidad inserta en el llamado “Milagro Mexicano” y el referente de una ciudad que emergía de sus ruinas e iba tomando forma ahora como espacio de la cultura, ante una minería que había dejado de ser su gran fortaleza económica.
La prensa de la época consignó la pomposidad de la Asamblea, que fue de relevancia nacional e internacional al acudir embajadores y representantes de Estados Unidos, Italia, Francia e Inglaterra.

La ciudad había sido embellecida en sus espacios centrales: Juárez, Pósitos, Sopeña, Cantarranas, Alonso y Plaza de la Paz, aunque sus callejones seguían con casas de adobe con enjarre caído y con pisos que en tiempo de lluvias eran torrentes hacia la cañada.
El encuentro de rectores sirvió para presumir una de las obras arquitectónicas que cambiaban la fisonomía arquitectónica de la ciudad: las escalinatas de su edificio principal en proceso de construcción. Las flamantes escalinatas y parte de la obra fueron inauguradas el 4 de febrero de 1953. Guanajuato comenzaba así su nueva proyección como ciudad universitaria en sí misma.
La Asamblea Nacional de Rectores comenzó el lunes 17 de febrero y concluyó el viernes 20, fue entonces cuando en la Plaza de San Roque se presentaron por vez primera los “Entremeses Cervantinos”, en los que —bajo la dirección de Ruelas— participaron universitarios y gente del pueblo.
Carniceros, obreros, albañiles, políticos y académicos se unieron a unas representaciones que cumplieron importantes papeles en el Guanajuato de ese tiempo: integradores del tejido social y la construcción de la imagen de ciudad de la cultura. Habría un tercer elemento: esa belleza de ciudad, aunque aún no recuperada del todo y con bemoles como su río, que si bien en 1951 había sido parcialmente urbanizado, seguía como drenaje casi al aire libre, así como una limitadísima movilidad.
Para los sectores económicos de la ciudad, fue el momento de mostrarla como destino turístico. La prensa de la época consigna la asistencia de 15 mil personas en esos días. El éxito de los Entremeses llevó a que los clubes de servicio, integrados en gran medida por empresarios de la ciudad, promovieran más representaciones de las obras.
El papel de la prensa
Los principales periódicos de la época eran El Sol de Guanajuato, edición local de El Sol de León; Guanajuato. Diario del Bajío, impreso en Irapuato; y Estado de Guanajuato, un semanario impreso en la capital.

Estado de Guanajuato era el periódico local. Si bien era un medio oficioso, promotor de los gobiernos en turno, era el que publicaba con mayor profusión las noticias locales. Por su carácter de semanario podía publicar los hechos de manera más detallada.
Destacó en sus planas los pormenores de la Asamblea Nacional de Rectores y dio espacio a las fuerzas económicas locales para proponer y exigir políticas que impulsaran la economía de la ciudad, especialmente a favor de hoteles y restaurantes.
Estado de Guanajuato marcó la pauta que siguieron otros periódicos que tenían mayor alcance territorial y económico (la Cadena García Valseca ya tenía periódicos en León, Celaya e Irapuato).
Los Entremeses Cervantinos y la promoción que tuvieron más allá de su carácter cultural fueron parte del arranque de una etapa de fortalecer la construcción de la imagen de ciudad turística. En 1952, el español Luis Buñuel rodó en la ciudad la película Él. La escena de Arturo de Córdova en las escalinatas de la universidad y las tomas desde el mirador de El Pípila.
Lo que luego sería llamado “Edificio Central” fue inaugurado en 1955. Luego vendría la conversión final del viejo drenaje en Calle Subterránea y la universidad comenzaría a ampliar sus espacios culturales, como el cineclub (4 de octubre de 1958) y posteriormente su radioemisora (inaugurada en 1961).

Los Entremeses Cervantinos fueron el despegue para nuevas vocaciones de una ciudad que inspiró a Carlos Fuentes a escribir su novela Las buenas conciencias (1959). Guanajuato comenzó a ser locación para la filmación de películas. Varias de ellas proyectaron la imagen de una ciudad romántica y turística.
Esos entremeses fueron la base para que en 1972 iniciara el Festival Internacional Cervantino. Ese mismo año, Federico “Pichirilo” Curiel filmaba Las momias de Guanajuato, que sería estrenada un año después.
El dar publicidad a un hotel y tener como uno de sus personajes a un guía de turistas marcaba ya la imagen de Guanajuato como destino turístico romántico y universitario en una cinta que se habría de convertir en cine de culto y una de las películas mexicanas más populares de todos los tiempos. Todo empezó con reuniones en la Casa del Venado, que se fueron a la Casa del Conde Rul, el Café de Carmelo y Casa Valadez. Ellos sólo querían hacer teatro, pero hubo quienes hicieron de una iniciativa un proyecto turístico, para bien y para mal de una ciudad que en cada actividad cultural, religiosa, deportiva o política parece explotar por tanta gente que la atiborra.

