PUEBLOS NAYARITAS EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Aunque alejado de los reflectores, porque su trabajo profesional se hace en solitario, y así lo ha realizado prácticamente desde que dejó la adolescencia, el artista visual mexicano Alfredo Martínez Fernández (Ciudad de México, 1972) goza de prestigio en su círculo de acción tanto como entre los amantes de la fotografía. Y ahora, los vuelve a sorprender.

Como artista de la lente, tiene buena memoria. Con motivo de la reciente inscripción de la “Ruta Wixárika por los sitios sagrados a Wirikuta” en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), tuvo una idea, echó ojo a su archivo, y acaba de inaugurar una exposición.

Se presenta en la Galería Abierta del Teatro Ángela Peralta localizado en Polanco, hasta el 30 de octubre del año en curso, y consiste en una selección de 21 imágenes capturadas hace algunos años. Bajo el título de Los originarios, cosmovisión wixarika y náayeri, cientos de personas que por allí transitan diariamente la están admirando con interés.

Las imágenes captadas por el artista visual dan constancia de la cultura y forma de vivir de los pueblos nayaritas.

Las fotografías fueron tomadas en tres sitios sagrados, durante ceremonias de los pueblos wixárika y náayeri. El origen de la exposición está en el interés que Martínez Fernández tiene en los grupos originarios de México, muchos de los cuales han sido registrados por su cámara desde hace tres décadas. ¿Qué busca? “Historias que inician desde abajo”, dice.

Explicó lo anterior al anotar que sus historias gráficas inician en la gente local, cómo es su forma y condiciones de vida, sus necesidades y riqueza cultural. Con esta labor aspira a dejar un documento visual que, con el tiempo, pueda convertirse en patrimonio cultural y archivo histórico. Para lograr su objetivo, se ha ganado la empatía de esas personas.

“El mayor reto que enfrento al  registrar las festividades indígenas, es lograr una empatía con la comunidad por eso, siempre y primeramente, platico mis objetivos de manera abierta, desde el corazón, y una visión de respeto y empatía”, subrayó en entrevista, y eso, añadió, “ha sido suficiente para que abran sus espacios más sagrados”.

¿Cómo surgieron las fotos que integran la exposición en Polanco, Ciudad de México? Él responde: “En 2014 acompañé, por primera vez, a pueblos wixaritari y náayerise en su peregrinación al sitio sagrado Keéyasta (en lengua wixárika) o Huenamuuna (en náayeri), en la costa central de Nayarit. Fue una larga caminata por la sierra, sumamente pesada”.

Partieron del pueblo Rosarito hacia Rosa Morada, descendiendo más de mil metros, hasta un centro ceremonial localizado en un playón del río San Pedro Mezquital, en el fondo de un gran cañón. A ese primer registro se sumó el de dos santuarios más, “La Muuchatena”, en la bocasierra del cañón del río San Pedro Mezquital y “Tatei Haramara”, en la Playa del Rey en San Blas, Nayarit.

Selección de 21 imágenes capturadas hace algunos años, tomadas en tres sitios sagrados, durante ceremonias de los pueblos wixárika y náayeri. 

Con estudios de fotografía en el Centro de Capacitación Kodak de México, el fotógrafo ha publicado en la revista México Desconocido sus imágenes de expediciones, paisaje, arqueología y tradiciones de los pueblos de México. Con esa experiencia detrás de su cámara, montó la exposición de imágenes de gran formato en colores que atrapan.

El recuerdo llegó a su mente para narrar que en el trayecto del río San Pedro Mezquital, desde las sierras más altas de Durango y Zacatecas, hasta las llanuras costeras de Nayarit, hay diversos santuarios milenarios, y lo que allí aconteció le ayudó enormemente para que su de por sí despierta conciencia social madurara aún más y él se uniera a la causa.

“En 2014, grupos indígenas wixaritari, náayerise, o’dam y mexikameh se unieron para defender el río del proyecto hidroeléctrico ‘Las Cruces’, que dejaría sin agua algunos santuarios e inundaría otros. En ese momento, fui llamado por una ONG (organización no gubernamental) para registrar una velación en Keéyasta-Huenamuuna”, dijo emocionado.

“Fue una velación insólita que se hizo simultánea en varios sitios sagrados por diversos grupos. En la exhibición hay imágenes del ritual en Keéyasta- Huenamuuna; es la mayor escultura mueble del México antiguo: una roca enorme, de 20 metros de alto, coronada por un rostro antropomorfo en bajorrelieve, que simboliza el germen del maíz”, abundó.

La “Muuchatena” es otro de los centros ceremoniales de importancia para esos pueblos. Cada 24 de junio festejan el Día de San Juan, entre flores, vestimenta multicolor, música y danza. “En la muestra se aprecian imágenes de esta celebración en la que, en torno al caudal, se intercambian figuras del santo y se le piden o agradecen favores”, subrayó.

Con estudios de fotografía en el Centro de Capacitación Kodak de México, el fotógrafo ha publicado en la revista México Desconocido sus imágenes, experiencia a partir de la cual montó la exposición de imágenes de gran formato en colores que atrapan. 

El tercer santuario es “Tatei Haramara”, en San Blas, uno de los sitios más antiguos de veneración. En “el costumbre” wixárika se cree que cinco generaciones de seres ancestrales emergieron del mar antes de emprender la primera peregrinación a Wirikuta, saliendo al mundo justo en la inmediata playa del Rey. El sitio está vinculado con la fertilidad de la tierra.

De entre las imágenes expuestas, destaca una captada por él mientras flotaba en el mar con su cámara submarina justo cuando una familia de músicos wixáritari tira su ofrenda. “Cuando arrojan el ‘Ojo de Dios’, registré a la abuela enmarcada por el agua, dentro de un triángulo. Es una foto emotiva porque hace poco ella murió”, mencionó con voz triste.

Al fotógrafo no le importa caminar durante días. Una ocasión, en Chiapas, cargó un santo de 75 kilos. Esa es su forma de estrechar lazos y registrar. Ahora, agradece a las familias por su apoyo y permiso para fotografiar la intimidad de sus rituales y por el aprendizaje que le compartieron. Ha pasado ayunos prolongados en esas caminatas. Gajes del oficio.