LA IGLESIA MÁS PEQUEÑA DEL PAÍS

Tras la Independencia en 1821, y a raíz de la promulgación de las Leyes de Reforma en 1859, la iglesia y el convento de La Merced fueron expropiados y demolidos en 1861. Solamente quedó en pie su imponente claustro. En los terrenos liberados se construyó un gran mercado que sustituyó al espacio céntrico sobrepoblado de El Volador. Se inauguró el 31 de diciembre de 1880.

El Volador había sido una plaza ubicada donde hoy está la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sobre una superficie rectangular de casi 8 mil metros cuadrados. Contaba con uno de los principales puntos de abasto de la Nueva España, y debe su nombre a que allí se llevaba a cabo el Ritual Solar de los Voladores, hoy conocidos genéricamente como los Voladores de Papantla.

Antes, en el siglo XVI, por ese rumbo se construyó la Capilla del Señor de la Humildad, misma que servía como límite de la ciudad colonial. Ese recinto religioso se mantiene en pie hasta hoy, aunque su arquitectura actual data del siglo XVIII. Su ubicación precisa es la Calle Manzanares 32, esquina con Anillo de Circunvalación, en el bullicioso barrio de La Merced en la CDMX.

Tan pequeña como hermosa, tan querida como respetada. Una iglesia única. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La capilla del Señor de la Humildad es una de las siete ermitas que Hernán Cortés ordenó construir tras su llegada a Tenochtitlán para impedir el paso de los demonios al nuevo territorio conquistado. Esta pequeña construcción llama la atención por su tamaño de apenas 9 metros de largo por 4 de ancho, por lo que en su interior sólo caben 24 personas: 12 sentadas y 12 de pie.

Aunque a lo largo de todo el año tienen lugar varias celebraciones, una de las fiestas más esperadas es la del Señor de la Humildad. Hace años, cuando aún vivía el padre Manuel, todos los 6 de agosto se organizaba la fiesta en grande. Había castillos, música, comida, y mariachis, pero lo que más gustaba a quienes asistían era el concurso del palo encebado con muchos premios.

Otro acontecimiento muy especial es la representación del Viacrucis que se ha realizado durante los últimos 25 años con la participación de los niños del barrio. Algunos han crecido y ahora son sus hijos quienes participan en ese drama teatral que evoca la Pasión de Cristo. Cada 7 de diciembre, la Colonia Guanajuatense en la Ciudad de México hace allí su fiesta.

Esa capilla, con todas las formalidades y requisitos para ser considerada iglesia, es la más pequeña en todo el país. En todo México no existe otra de tales dimensiones. A pesar de sus 9 X 4 metros, tiene su propio monasterio, altar principal perfectamente constituido, varios nichos, vitrinas, cúpula, coro, atrio y dos torres campanarios que repican para llamar a los feligreses.

Sus banquitas, altar, cúpula y vitrinas la hacen una iglesia en forma. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El estilo churrigueresco que ostenta, y el hermoso retablo dorado que cubre el fondo de la capilla corresponden a la remodelación que se realizó en el siglo XVIII, y se le añadieron las dos torres campanarios que, de acuerdo con lo explicado por los historiadores de arte y arquitectos consultados, es lo que le tiene granjeado que se le reconozca como iglesia y no como simple ermita.

En su interior nada más caben 6 bancas con cabida para dos personas cada una. Cuenta con una docena de sillas de plástico, apilables, para que un igual número de personas se sienten aunque sea un tanto apretujadas. A pesar de ello, cada misa, cada celebración y cada fiesta, representa un remanso de paz y tranquilidad, alegría y sana convivencia para los habitantes del barrio.

La capilla del Señor de la Humildad es una verdadera ventana al pasado. Aún conserva los retablos con que fue dotada en aquellos años, cuando se le dio el rostro que todavía hoy puede ver y admirar el visitante, ya sea turista, devoto o simple curioso. Al mismo tiempo es hogar de seis monjas de la orden de las Carmelitas de la Santísima Trinidad, quienes la atienden.

Traspasar el umbral de esa iglesia es algo mágico. La Merced se caracteriza por el ruido, el bullicio, sus miles de voces que venden y compran de todo, desde comestibles, ropa y calzado, hasta los más insospechados productos para la salud y la buena suerte. Artículos de ornato y de uso cotidiano son ofrecidos a voz de cuello y mediante altavoces que hasta llegan a aturdir.

Detalles del singular templo, en cuyas paredes ya se anuncia la fiesta de los guanajuatenses avecindados en la Ciudad de México. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Pero dentro todo es silencio, a pesar de sus puertitas abiertas. Las iglesias son silenciosas y ajenas al ruido cotidiano, y la Capilla del Señor de la Humildad no es la excepción. Es una caja de silencio y un refugio del alboroto cotidiano de La Merced. Tal vez por eso sus bancas están ocupadas todo el día. La gente tiene allí, frente a ese Señor, un oasis para meditar y descansar.

A lo largo de su existencia, esta iglesia ha sido identificada por el pueblo de distintas maneras. Una de ellas, “Capilla de Manzanares” por ubicarse en esa calle, y “La capilla de los ladrones”, pues durante el siglo XX carteristas y asaltantes corrían a esconderse allí para no ser capturados por la policía… y aprovechaban para pedir perdón por los pecados y robos cometidos.