PUEDE QUE SEA CIERTO, PUEDE QUE NO

Puede que usted lo crea, o puede que no. Pero quienes lo han visto aseguran que es real. Como parte de la modernidad que ha experimentado desde mediados del siglo pasado, el antiguo barrio de Aragón, en el lado nororiente de la Ciudad de México, posee un centro comercial de talla internacional. Se llama Plaza Tepeyac por estar relativamente cerca del Cerro del Tepeyac, es decir, de la Basílica de Guadalupe. Usted decida, atento(a) lector(a).

En la mera cima de uno de los muros más altos de la plaza, reposan tres figuras humanas, a la distancia parecen adolescentes o adultos jóvenes, y en torno a ellos se han desatado historias que oscilan entre lo triste y lo realmente escalofriante. Una de ellas dice que se trata de tres amigos que vivieron cerca de allí en los años de la Revolución, y que fueron obligados a luchar al lado del ejército conservador, pero fueron muertos por los rebeldes.

La voz popular menciona que se trata de los espíritus materializados de esos tres jóvenes, quienes de un día a otro la vida los arrancó de sus actividades de arrieros para vestirlos de soldados. Ninguno de los tres sabía usar armas y eran grandes amigos porque coincidían en su buena educación, noble corazón, entusiasmo, y gran deseo de servir a sus vecinos, algo muy distinto a lo que el gobierno debidamente establecido los obligó a hacer luego.

En la cima de uno de los muros más altos de la plaza reposan tres figuras humanas, a la distancia parecen adolescentes o adultos jóvenes, y en torno a ellos se han desatado historias que oscilan entre lo triste y lo realmente escalofriante. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La historia cuenta que debido a que tenían grandes planes para su futuro, esos tres amigos regresaron para verse en medio de lo que para ellos es el porvenir que no pudieron vivir. Uno soñaba con ser constructor de grandes edificios, otro, ser comerciante de productos de ultramar, y el tercero deseaba bienestar para su familia; la plaza es una construcción muy grande, venden productos importados, y lo que allí venden facilita la vida a muchos.

Otra leyenda que corre por las colonias y barrios aledaños es que se trata de tres albañiles que murieron trágicamente durante la construcción de esa inmensa mole de acero, vidrio y concreto. Mucho se habla de que prácticamente en todas las grandes construcciones se registran accidentes fatales. Consecuentemente, esta versión sostiene que se trata de un homenaje para los trabajadores que perdieron la vida en el transcurso de esa edificación.

Otra creencia es que se trata de una recreación de la icónica fotografía, b/n, tomada el 20 de septiembre de 1932 en el piso 69 del Edificio RCA del Rockefeller Center de Nueva York durante su construcción. La foto se titula “Lunch atop a Skyscraper” (“Almuerzo en lo alto de un rascacielos) y muestra a once trabajadores sentados en una viga de acero, con los pies colgando a 260 metros de altura, sin ningún sistema de seguridad ni arnés.

Algunos testimonios de personas que conocen la Plaza Tepeyac y han mirado hacia arriba para descubrir con asombro esas figuras, son los siguientes: “Cada vez que vengo procuro no hacerlo solo, porque inconscientemente volteo para verlos y siento escalofrío”, “Pensé que eran personas sentadas con la intención de lanzarse al vacío”, “Mi papá trabajó en la construcción de la plaza y dice que sí hubo muertos, creo que tres, o cinco, o más, creo”.

Imágenes de las misteriosas figuras de Plaza Tepeyac y fotografía de la que se presume se tomó la idea. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La parte espeluznante de esta historia es que veladores, policías de guardia y todo tipo de personal de seguridad (cuyos nombres omitimos porque ellos temen ser llamados locos y perder sus empleos) coinciden en asegurar bajo juramento que eventualmente se observan tres figuras en lo alto de la plaza y en ocasiones, cinco. Luego de algún tiempo, más o menos corto, otra vez son tres y luego cinco, así, alternadamente, ¿Son tres o son cinco?

Los escépticos, sin embargo, simplemente comentaron a equisgente que se trata de un adorno de la misma plaza, o que es la versión en bulto de la foto del 20 de septiembre de 1932. Lo cierto es que esas figuras siguen alimentando la desbordada imaginación del público que cada día recorre las tiendas y locales de alimentos de esa plaza comercial que se levanta en el predio donde, dicen, hubo un paredón de fusilamiento en la Revolución.