LOS PRIMEROS CIEN AÑOS DE JOSÉ ALFREDO JIMÉNEZ

Contextos históricos de la vida, obra y trascendencia del compositor dolorense 

Las nuevas teorías de la historia señalan que toda persona es hija de su tiempo y documentar su paso por la vida es una construcción social de los imaginarios sociales. Los héroes y los personajes ilustres son representaciones construidas por un conglomerado social que les otorga un sentido de protagonistas trascendentes.

Eso aplicaría para una figura emblemática de la cultura mexicana: José Alfredo Jiménez Sandoval. Su existencia fue fruto de su tiempo y su ausencia física (murió en 1973) lo mantuvo no sólo vigente: su figura generó reinterpretaciones y a cada momento, desde que nació —hace 100 años— hasta la fecha, su figura se proyecta más allá de los modelos académicos.

En el presente texto se hace una muy general relatoría de momentos y contextos de la vida de José Alfredo Jiménez y cómo ha trascendido después de su partida. Son 10 bloques para ilustrar 100 años de historia donde la existencia del compositor es el hilo narrativo.

1. El bonito pueblo de Dolores: entre la cristiada y la masonería (1926-1936)

José Alfredo Jiménez Sandival nació el 19 de enero de 1926 en el pueblo de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Hijo del farmacéutico boticario Agustín Jiménez y doña Carmen Sandoval, mujer de arraigado catolicismo.

Fue el segundo de tres hijos —Ignacio, el mayor, y Concepción eran la otra prole— y desde niño mostró talento por la música en un ambiente de cultura campirana. Cuando entró a la primaria se distinguió por cambiar letras de rondas infantiles.

Tenía 10 años cuando su padre murió y la familia emigró a la ciudad de México. El tema tiene, empero, un elemento especial: don Agustín y su hermano eran conocidos masones, públicamente muy críticos al clero y esa condición hizo que, en el contexto de dos guerras cristeras (1926-1929 y 1934-1941), el rechazo social impidiera continuar la vida en Dolores, a lo que se suma que la botica requería de alguien con conocimientos, pues en esa época los boticarios preparaban los medicamentos.

2. En el barrio más humilde: Santa María la Ribera (1937-1947)

Santa María la Ribera fue uno de los primeros asentamientos urbanos planificados fuera del viejo casco histórico de la ciudad de México. Se trazó en 1861 y se convirtió en zona residencial durante el porfiriato, con un plus que luego le haría zona de llegada de fuereños y artistas que no podían o querían estar en el centro de la ciudad: la estación ferroviaria de Buenavista (inaugurada en 1873).

Cuando doña Carmelita y su prole llegaron a la colonia, ya no era residencial. José Alfredo había iniciado su educación primaria en el marco del cardenismo, pero ya no continuó sus estudios debido a que debía trabajar, pues la tienda de abarrotes que su madre había puesto en el barrio, no funcionó.

Junto con Nacho, su hermano mayor, tuvo que empezar a trabajar para mantener el hogar. José Alfredo era un joven de formación urbana, que aspiraba a ser portero de futbol y competía con otro muchacho un poco mayor: Antonio “La Tota” Carbajal, quien fue contratado por el Club España. José Alfredo se desanimó y su amigo, quien luego sería su compadre, lo animó a que mejor se hiciera cantante.

México se reconstruía tras la revolución mexicana. La capital del país concentraba la economía, la educación y la cultura y era la principal beneficiaria del Milagro Mexicano, el resurgimiento económico logrado en el contexto de la segunda guerra mundial. La alianza estratégica con Estados Unidos permitió una mayor industrialización y el desarrollo de las ciudades.

Aunque José Alfredo era un ente urbano, la construcción de la imagen de mexicanidad creada con el cardenismo tenía en la imagen del charro y en la música ranchera los elementos de consumo cultural en la radio y el cine.

Eran las condiciones del canto del macho ranchero y ahí encajaría José Alfredo a su manera.

3. Yo compongo mis canciones pa’ que el pueblo me las cante (1948-1955)

José Alfredo era adolescente cuando entró a trabajar como mesero en el restaurante de antojitos “La Sirena”, que estaba por el rumbo de San Cosme. Ahí se integró a cantar con el grupo “Los Rebeldes”. Anhelaba ser futbolista y competía con su amigo Antonio “La Tota” Carbajal por un puesto titular como portero en un equipo profesional. El segundo fue reclutado por el club España y recomendó al dolorense que aprovechara el talento que tenía como cantante y compositor.

La participación de José Alfredo en “Los Rebeldes” lo llevó a lograr tener en 1948 un espacio la radiodifusora XEX y luego iría a la XEW. En esos espacios buscaba quién le compusiera música  sus canciones. Había empezado a los 17 años de edad con “Ella” y para entonces ya tenía una lista en espera de alguien que creyera en él y las grabara.

A José Alfredo le tocó el auge de la radio musical, la industria discográfica y con ello la época de oro del cine mexicano. Metido, gracias a la radio, en el ambiente musical, en 1950 Andrés Huesca grabó “Yo”, para con ello proyectar al compositor que, más tarde, comenzaría también a grabar sus propias canciones, con un estilo especial, sin la voz educada y de alto nivel de los consagrados como Pedro Infante y Jorge Negrete, pero con un estilo que se enraizó en el gusto popular. 

Fue este momento de su vida el que lo unió más al estado de Guanajuato: en marzo de 1953, en el comienzo de una carrera de éxitos, su hermano Nacho, que trabajaba en la refinería de Salamanca, se casó. En la fiesta, realizada en calle Revolución 114 —hoy convertida en un pequeño centro comercial— pidió a José Alfredo que creara una canción al estado de Guanajuato. El compositor le dijo que era momento de disfrutar la fiesta y que luego lo haría.

El 3 de octubre de ese año Nacho —que era diabético— enfermó y se le llevó a la ciudad de México, donde falleció dos días después. Fue sepultado en el panteón Jardín el día 6. Durante el sepelio, doña Carmelita expresó “la vida no vale nada”, frase que José Alfredo tomaría para, en memoria de su hermano, componer “Camino de Guanajuato” a finales de 1953. La cantó en enero de 1954 en la plaza de toros “México”, durante la feria de León. Ese mismo año la grabó junto con la primera versión —con mariachi— del Corrido de Mazatlán.

De esa manera proyectaba al estado que lo vio nacer y a una de las ciudades que más frecuentaba.

4. Las ciudades destruyen las costumbres (1956-1969)

El país se modernizaba a pasos agigantados y la ciudad de México pintaba para megalópolis. Ciudades del interior como Guadalajara, Monterrey, Puebla, Torreón y Ciudad Juárez comenzaban a despuntar en población y urbanización.

El cine y la música diversificaban temas y ritmos, pero el mercado de la música ranchera, a pesar de que habían muerto grandes como Pedro Infante y Jorge Negrete, se mantenía en el consumo popular masivo. José Alfredo fue la presencia ranchera en el alma del México en urbanización. En ese contexto poco después habría de componer “Las ciudades”, una de sus más logradas letras.

5. No alcancé a comprar otros dos corazones (1970-1973)

El amor, el desamor, la tragedia, el canto a estados y ciudades, el machismo y la borrachera eran temas constantes en la expresión musical ranchera. José Alfredo fue durante décadas alcohólico y eso le cobró factura en su salud. Ya había pasado por la radio, por el cine, por las caravanas de artistas que iban de ciudad en ciudad y pueblo en pueblo: llegaba al nuevo fenómeno, el de la televisión.

Telesistema Mexicano se había convertido en Televisa, llegaba la televisión a color y la transmisión por satélite. Consagrado y en una industria creciente que aprovechaba tanto a cantantes principiantes como consagrados.

Ya en la década de 1950 José Alfredo había sido estrella del programa “Noches Tapatías”. El 14 de diciembre de 1969 comenzó la transmisión de “Siempre en Domingo”, con el celayense Raúl Velasco y pronto José Alfredo se convirtió en uno de sus estrellas.

Las intrigas y pasiones de la farándula se daban tanto en el cine como en la todavía joven industria televisiva. A principios de la década de 1960, al magnate televisivo Emilio Azcárraga le bajaron a su novia, la guapísima Arabella Árbenz Villanova, hija del expresidente guatemalteco Juan Jacobo Árbenz. Aunque oficialmente el que hizo la maldad fue un sobrino del “Tigre”, en realidad la seducción corrió a cargo de una compañera de correrías de José Alfredo: una mexicana que nació donde le dio su chingada gana, Chavela Vargas, quien al tener puertas cerradas en México, fue a parar en 1972 a España y ahí dio a conocer de manera intensa canciones vernáculas y especialmente las joséalfredianas.

En los altibajos de su salud, el dolorense decayó y fue en ese espacio donde se despidió del público con “Dos corazones”. Falleció en 23 de noviembre de 1973.

El sepelio del compositor fue un fenómeno mediático de su tiempo. Era el ídolo del pueblo que llenó tiempos y planas. El creador de “canciones para borrachos” se había ido físicamente; el fenómeno de cultura popular que sería visto como propuesta artística de alto nivel, apenas comenzaría.

6. Vámonos, alejados del mundo: la trascendencia de José Alfredo en Europa (1974-1980)

Entre 1970 y 1976, el entonces presidente Luis Echeverría proyectó la imagen de la cultura mexicana por Europa. Estableció un intercambio que daría lugar a la creación del Festival Internacional Cervantino.

La televisión privada mexicana extendía su influencia a América Latina. Sin ser potencia económica, México tenía en lo cultural referencias de todo tipo. Ya había organizado unos juegos olímpicos y un campeonato mundial de fútbol, pero se le identificaba más por su esencia ranchera. El cine y la música del país se extendía por varias zonas del mundo y se convertía en elemento de consumo, con inesperados arraigos en países como Yugoslavia, donde se creó la expresión “Yumex”, que mezclaba elementos culturales de ambos países.

Una de las naciones con las que México tenía mayores vínculos, España, cambió sus condiciones cuando en 1975 falleció el dictador Francisco Franco. Había una generación de jóvenes cantantes que desde su música lo habían confrontado y ahora tenían la libertad para expresarse. 

La música de José Alfredo Jiménez era conocida en España desde la década de 1950 y la Chavela la extendió por el mundillo de cantores “de protesta” de la península. Tras la muerte del compositor, esos jóvenes cantantes “rebeldes” —varios de ellos de militancia o simpatía comunista— se fijaron de manera especial en la obra del guanajuatense. Dos de ellos, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, habrían de hacer que las letras de las canciones del dolorense fueran consideradas como de profunda propuesta poética. 

Es relato conocido en España que, mientras escuchaba “Estoy en el rincón de una cantina”, el filósofo Fernando Savater había dicho que José Alfredo Jiménez era el mejor poeta de México.

7. La revaloración de la obra joséalfrediana en México (1981-1990)

La década de 1980 fue la del surgimiento en México de posturas de revaloración de la cultura popular. Se dio a las películas actuadas por el luchador “El Santo” valor de “cine de culto”, los sectores intelectuales vieron en la historieta o cómic un elemento de arte y dejaba de ser mera diversión barata. Cantantes como Juan Gabriel comenzaron a ser analizados como fenómeno de cultura popular, pero también de reconocida calidad artística (habría de ser el primer cantante de música popular que estuviera en el Palacio de Bellas Artes —1990—). Esta visión amplia de la cultura corrió a cargo de un joven intelectual, que alternaba lo mismo con la farándula que con los espacios culturales, que convivía lo mismo con políticos que con intelectuales, que hacía guiones de historieta y salía como actor secundario en películas: Carlos Monsiváis.

Entre las revaloraciones culturales monsivaisianas, estuvo la de José Alfredo. Poco a poco pasaba a ser visto más allá de fenómeno de cultura de masas y más allá de etiquetas de alcoholismo, cantina y machismo, como un poeta, un hombre de letras.

8. A donde voy hablaré de tu amor como un sueño dorado (1991-2000)

El veto televisivo había pegado duro a una Chavela Vargas que se hundió en la bebida y se le perdió la pista desde mediados de la década de 1970 y hasta finales de la de 1980, cuando Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe la encontraron en estado deplorable en Cuernavaca.

La sacaron del alcoholismo y Chavela fue a parar nuevamente a España, redimensionada por Pedro Almodóvar y reencontrada con los antiguos cantantes “de protesta”, ahora exitosos y reconocidos por la industria musical hispanoparlante. Con Joaquín Sabina como principal impulsor, Chavela terminó por proyectar a José Alfredo —sobre cuyo ataúd había llorado con estridencia— en el viejo continente. José Alfredo era ya mito cultural en España, México y Sudamérica, especialmente Colombia, donde había estado, un país que así como legó a México la cumbia, tomó de éste el mariachi.

9. Porque quieran o no, yo soy su dueño: el amor guanajuatense por José Alfredo (2001-2019)

Pese a la trascendencia internacional y la revaloración nacional de la obra de José Alfredo, el dolorense seguía sin ser profeta de la intelectualidad de su tierra.

En el año 2000, un grupo de entonces jóvenes políticos de izquierda, encabezados por Carlos Navarrete, creó la Comunidad de Amigos de José Alfredo (CAJA), para comenzar a reunirse los 23 de noviembre de cada año a recordar al compositor. Ya para entonces, el arquitecto Javier Senosiain —yerno de José Alfredo—, había remodelado la tumba de José Alfredo para convertirla en un gran sombrero y un sarape que hace memoria del compositor y su obra.

En 2008 la casa donde nació el compositor fue convertida en museo dedicado a él y en 2009 comenzó a realizarse un festival en su honor.

A finales de la década ya había varias obras bibliográficas guanajuatenses sobre vida y creación del dolorense. Empezaba a ser profeta en la intelectualidad de su tierra.

10. Medio siglo sin José Alfredo, medio siglo con la leyenda (2020-2026)

La pandemia de covid 19 hizo más discretos los homenajes a José Alfredo. Las tertulias bohemias de la CAJA y los festivales organizados desde la Casa Museo eran la presencia más constante. Su hija, Paloma Jiménez Gálvez, desde su doctorado en letras analizó la obra y vida de su padre y surgieron más publicaciones que preludiaron el cincuentenario de la muerte del compositor.

El Centenario de su natalicio, empero, fue celebrado institucionalmente en España. La CAJA participó en homenajes en la ciudad de México, el gobierno federal lo recordó en La Mañanera y una programación especial en Canal 22, junto con su familia, a través del Museo, le rindió homenaje.

Semanas después, una Secretaría de Cultura que había estado ausente en el homenaje en Madrid, organizó un remake del homenaje que en 2023 le hiciera el Festival Internacional Cervantino, cuando la Banda de Música del Estado de Guanajuato acompañó a la soprano Olivia Gorra para interpretar canciones poco conocidas del compositor. Ahora, para celebrar el centenario de su natalicio, cantó la soprano guanajuatense Carolina Herrera.

José Alfredo vive (en su creación) y su música sigue (y seguirá) por los siglos de los siglos.

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