BOLÍVAR 14: LA ÚLTIMA CASA DE SANTA ANNA
Uno de los personajes más controvertibles de la historia de México, sin duda, es Antonio López de Santa Anna (Xalapa, 21 de febrero de 1794-Ciudad de México, 21 de junio de 1876). Admirado por muchos y odiado por otros tantos, habitó y falleció en una hermosa mansión de la capital del país, hoy muy bien conservada y convertida en fino restaurante.
Se le admira porque su proceder fue clave en la formación de la nación independiente y soberana que ahora es México; y es odiado porque ocupó la Presidencia de la República en 11 ocasiones diferentes, entre 1833 y 1855. Estratega político, militar, y dictador, su nombre fue Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón.
Murió el 21 de junio de 1876 a la una y media de la madrugada. El acta del Registro Civil localizada en el Archivo General de la Nación hace constar que el aviso fue presentado esa misma tarde por Miguel Tosta, quien declaró que el general había fallecido en la casa de Vergara número 6, hoy Bolívar 14 y consignó como causa de muerte “diarrea crónica”.

La mencionada casa se localiza en la acera oriente de la actual calle de Bolívar número 14, entre 5 de mayo y Tacuba en el Centro Histórico de la Ciudad de México antes fue la calle de Vergara. Portón de madera pesada, patio grande, muchas habitaciones, escaleras, de materiales caros y refinada y sólida herrería, que suben a una planta alta. Todo fino.
Hubo un tiempo que Antonio López de Santa Anna casi era dueño de México. General, caudillo, presidente en varias ocasiones, hombre de fortuna, de haciendas y de honores, conoció el poder hasta sus extremos y también el exilio, el desprestigio y la soledad. La última escena de aquella agitada vida no ocurrió en un palacio ni en un campo de batalla.
Bolívar 14 fue su última casa. Allí llegó el viejo general tras una vida que parece escrita por varios hombres distintos: Ingresó muy joven al ejército virreinal, luego tomó la causa de la Independencia y, convertido en uno de los militares más influyentes del México naciente, participó en las luchas políticas que marcaron las primeras décadas de la República.
Ocupó el centro de la vida pública durante buena parte del siglo XIX. Su nombre quedó asociado a episodios decisivos como la separación de Texas, la guerra contra los Estados Unidos, la pérdida de gran parte del norte del territorio nacional, la Guerra de los Pasteles y la Revolución de Ayutla, la cual terminó por expulsarlo definitivamente del poder.
Pero Santa Anna también fue un personaje de contradicciones extraordinarias, porque él combatió por la República y simpatizó con la monarquía, fue liberal, centralista y hasta conservador según las circunstancias; fue celebrado como héroe y luego bastante odiado por buena parte de sus compatriotas; la política mexicana terminó por darle la espalda.
Después de su caída definitiva en 1855, comenzó un largo peregrinar por el exilio. En 1874 regresó a México, durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, pero el país que encontró ya no era el que había dejado. Estaba enfermo, prácticamente ciego por las cataratas y sin el poder ni la riqueza que había tenido gran parte de su vida.
Una investigación de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla dice: “Sus últimos años fueron los de un hombre ciego y desdichado”. Él, quien había ordenado ejércitos, ocupado la Presidencia y construido alrededor de sí mismo una imagen monárquica, vivía ahora retirado, mientras una nueva generación de mexicanos decidía el rumbo del país.
Tenía 80 años. Su muerte ocurrió apenas unos meses antes del triunfo político de Porfirio Díaz, quien en noviembre de ese mismo año asumió el poder tras la rebelión de Tuxtepec. Santa Anna ya no sería líder de ese nuevo México. Tampoco tuvo un funeral a la altura de la dimensión política que alguna vez alcanzó. Fue sepultado en el Panteón del Tepeyac.

Fue acompañado por pocos amigos, imagen distinta de los grandes cortejos y homenajes que alguna vez rodearon al caudillo. Con los años, Vergara se convirtió en Bolívar y la numeración de la finca cambió. Una placa conserva, sin embargo, la memoria del sitio: “En esta casa murió el general Dn. Antonio López de Sta. Anna, 21 de Junio de 1876”.
Esa esa placa informativa, que corresponde al catálogo de la antigua Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos, no es la única en la entrada de la vieja mansión. Hay otra, colocada recientemente, que señala: “En esta casa murió Antonio López de Santa Anna (1794-1876), once veces Presidente de la República, querido y repudiado”.
En Bolívar 14 no está más el poder de Santa Anna. Queda su memoria y una poderosa ironía de nuestra historia: el hombre que durante décadas casi dominó la vida política de México terminó sus días enfermo, ciego, lejos del poder, y olvidado. Y frente a su portón, la ciudad siguió caminando; Antonio López de Santa Anna, por fin, la dejó de gobernar.

