ANTES DE QUE LES TOQUE LA LUNA

Una exposición dedicada a todas las niñas que han visto truncados sus sueños a partir del momento que, amparados en los usos y costumbres de algunas comunidades indígenas, sus papás las venden “antes de que les toque la luna” (antes de su primera menstruación), se presenta en la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) en la Ciudad de México.

Los cuadros no hacen una apología a la violencia, más bien, dejan ver lo que sucede, pero desde la candidez e inocencia de estas niñas, justo para que se haga conciencia de lo que está pasando… porque sigue pasando; posiblemente, en estos momentos, en la Sierra de Guerrero, de Oaxaca o Chiapas, están casando a una niña de no más de 12 o 13 años.

Eugenia Marcos, artista plástica, es la autora, investigadora y estratega de la exposición que muestra casos reales y ficticios “de los que se debe hablar, porque la única manera de que las autoridades, algún día, hagan algo, es que la población en su conjunto muestre su indignación, y cuando deje de ser un tabú hablar de la venta de niñas en México”, señaló.

Apenas niñas, acaso adolescentes, son forzadas a casarse o a vivir en unión libre con quienes pagan con vacas, chivos, maíz o frijol. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

“No quiero que me vendas”, suplicó Eloína; “No somos animales, los animales son los que se venden”, dijo una mujer indígena de la Mixteca. Se estima que aproximadamente 300 mil niñas han sido compradas por quienes pueden pagar para convertirlas en esposas, esclavas para la casa o el campo. Y todavía hay quien dice: “Es la excepción, no la regla”.

En la exposición anota que la venta de niñas deriva de delitos como tráfico y explotación sexual de menores. El embarazo es una de las primeras consecuencias de esa práctica. De acuerdo con el INEGI más de 3 mil niñas guerrerenses, entre los 9 y 17 años, parieron en 2021. “El machismo viola los derechos de las mujeres”, dice la diputada Eufrosina Cruz.

La legisladora subrayó que el Senado de la República aprobó una reforma que obliga a “respetar el interés superior de las niñas, niños y adolescentes sin derechos a justificar lo contrario con base en los usos y costumbres de los pueblos originarios”. Es decir, añadió, la legislación mexicana prohíbe terminantemente el matrimonio de menores de 18 años.

A pesar de esa prohibición legal vigente, entre 2010 y 2021 se registraron al menos 153 mil matrimonios infantiles. Los estados más vulnerables son Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Marcos expone el asunto desde la mirada inocente de las niñas, las víctimas. Ella crea conciencia sobre la necesidad de defender a la niñez para que no caiga en esa situación.

La exposición abrió sus puertas en el marco del 8M, se titula Mis niñas vendidas & otros exvotos, de Eugenia Marcos. Se puede conocer en la Celda Contemporánea de la UCSJ, y está integrada por 35 piezas, entre óleos y exvotos, así como de un óleo que representa a Sor Juana Inés de la Cruz en la cocina, como homenaje a ese personaje icónico del país.

Según el Censo 2020 del INEGI, 27 mil 800 adolescentes indígenas de 12 a 17 años estaban casadas o en unión conyugal; de ellas, 1.2% tenía entre 12 y 14 años. En la Montaña de Guerrero, una de las regiones más pobres del país, persisten matrimonios forzados de niñas desde los 12 años, bajo prácticas “tradicionales” de carácter patriarcal.

Mientras tanto, el “Estado de la Población Mundial 2020” del Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas advierte que existen 650 millones de niñas y mujeres que se casaron siendo niñas, además estima que para 2030 se sumarán 150 millones de niñas más. Es por eso que Eugenia Marcos aborda el tema desde una perspectiva simbólica y muy visual.

Exvotos reflejan el sentir de las niñas y adolescentes, así como la drástica transformación que experimentan sus vidas. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Son 15 óleos que relatan casos reales y ficticios de niñas vendidas, acompañados y sus respectivos exvotos como una suerte de continuación del cuadro grande. Casi ninguna de esas historias tiene un final feliz. Además se incluyen 20 obras más de esa vertiente religiosa, que reconocen un beneficio divino. Y el cuadro de Sor Juana, de 100 x 80 centímetros.

Eugenia Marcos: “Mi preocupación por este tema nació tras mi inclusión en el colectivo ‘Voces por ellas’, integrado por pintoras cuya labor se enfoca en hablar, a través del arte, de aquellas mujeres que no tienen voz para expresar las tragedias que las aquejan. Cada mes entregamos una obra plástica en la que abordamos la violencia hacia la mujer”.

Pero, dejó ver, fue el escuchar noticias sobre la venta de niñas para matrimonios forzados como parte de los usos y costumbres de las comunidades indígenas, lo que le generó un impacto muy fuerte, lo que la llevó a investigar en la Internet estas situaciones, y a actuar al respecto. “Así pinté el primer cuadro sobre el tema”. Y siguió pintando y pintando…

Después del primer cuadro decidió que éste necesitaba una pequeña explicación paralela, una especie de extensión de la historia que contaba, en la que se diera respuesta a qué pasa una vez que las casan, qué sigue, y se le ocurrió hacerlo a través los exvotos. “Viví en Chiapas durante 5 años, por cuestiones de trabajo, y allí conocí parte del problema”.

Explicó que se dio cuenta del “tremendo rezago que hay en la educación, y la fuerza y el poder que todavía tienen los usos y costumbres de las comunidades indígenas. Las niñas ya saben qué es lo que les va a pasar debido a estas prácticas patriarcales que atropellan sus derechos al casarlas “antes de que les toque la luna”, siendo todavía niñas pequeñas.

La artista plástica notó que, en muchos casos, no es nada más la violencia de arrebatarles la niñez, algo de por sí imperdonable, sino que desafortunadamente las utilizan como esclavas. “Muchas de ellas se convierten en las trabajadoras domésticas de la suegra; también las hacen trabajar en el campo sin ningún tipo de sueldo, y hasta las prostituyen”.

 Visiblemente conmovida, abundó: “Las maltratan muchísimo, las abandonan, las dejan embarazadas, y las que se atreven a salir de esa situación, son encarceladas, como fue el caso de una chica en Guerrero, cuyo suegro empezó a violarla sistemáticamente cuando el esposo, su hijo, se fue a trabajar Estados Unidos como inmigrante. Vivió un infierno”.

Sor Juana también tuvo a una joven a su servicio, aunque en esos tiempos no era una práctica mal vista. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Ella, añadió a su relato, escapó, pero los mayordomos y todos los jefes de la comunidad (todos hombres, ninguna mujer) la atraparon y la encarcelaron por no cumplir con su parte del contrato, porque el suegro ya había pagado una vaca cuando su hijo se casó con ella. “Se revictimizó a la víctima de una manera muy cruel, verdaderamente horrible”.

La muestra da la bienvenida con el cuadro de Sor Juana en la cocina, acompañado por un exvoto (ficticio) de quien fue su esclava, “parece contradictorio, pero en esa época no estaba mal visto que las monjas con poder socioeconómico, como la ‘Décima Musa’, tuvieran quien las auxiliara en diversas labores”, concluyó. La exposición Mis niñas vendidas & otros exvotos, está abierta hasta el 2 de mayo. Entrada libre para todos.