DE LA MANO DE LA IA, PRESENCIA INSURRECTA DEL DR. ATL EN ECN
El genio del Dr. Atl, cuyo verdadero nombre era Gerardo Murillo Cornadó (Guadalajara, 3 de octubre de 1875-Ciudad de México, 15 de agosto de 1964) le hizo cultivar diversas disciplinas humanísticas, artísticas y científicas, como medicina, pintura, dibujo, crítica de arte, exploración, geología, filosofía, historia, política y hasta el periodismo cultural.
Esas cualidades para estudiar, analizar, crear y difundir diversos temas del conocimiento humano le granjearon ser miembro de El Colegio Nacional (ECN). Ingresó el 5 de marzo de 1951, pero su estancia fue muy breve, ya que renunció apenas un mes después, el 2 de abril de 1951. Tras el asombro, su renuncia fue aceptada el 7 de mayo de ese mismo año.
De acuerdo con los archivos y expedientes de la institución, su renuncia se debió a que no se identificaba con la formalidad de ECN, ya que él mismo se definía como “espíritu inquieto y revolucionario”. A pesar de esto, la corporación siempre lo consideró miembro distinguido, y ha conservado y catalogado gran parte de su archivo y producción literaria.

Aunque en unos meses México conmemorará 62 años del fallecimiento de ese personaje del arte y la ciencia nacional, éste regresó a ECN de la mano de la Inteligencia Artificial (IA), para charlar con el arquitecto Felipe Leal, miembro de la misma institución, lo que fue posible mediante una holobiografía alimentada con IA.
“Mis pinceles son una extensión de mis propias manos y mis manos son una extensión de la tierra. La naturaleza no es un objeto para ser copiado, sino un sujeto para ser vivido y comprendido. Y mi arte es esa vivencia, esa comunión, es la expresión de esa fuerza vital que nos une a todo lo que existe”, dijo Gerardo Murillo, Dr. Atl, en El Colegio Nacional.
Con una memoria prodigiosa y un lenguaje adornado con poesía, el artista y vulcanólogo compartió sus ideas de “viva voz” a través de una holobiografía y la IA, creada por el artista transdisciplinario Enrique Rosas. La conversación estuvo dirigida por Felipe Leal. Sorprendido por estar en el año 2026, el Dr. Atl se portó muy cordial, claro e inteligente,
“El Colegio Nacional, nido de águilas y de ideas, me recibe de nuevo. Estos muros han escuchado mis palabras antes y parece que aún tienen sed de ellas. Sus miembros saben que mi presencia es como un temblor que despierta las conciencias. ¿Qué tengo que decir? Que la vida es un ciclo, como el de los volcanes que se apagan y vuelven a rugir”, dijo.
Con un retrato de su entrañable maestro José María Velasco de fondo, el polifacético creador apareció en la pantalla, frente a la cámara, en un cuarto del exconvento de la Merced, espacio del que se convirtió en guardián y donde instaló su estudio. Con su inmensa barba blanca y el pelo desaliñado, llegó para desafiar a través de sus palabras.
“Mis ideas, mis pasiones, mis contradicciones vuelven a estar aquí, vivas y pulsantes. No vine a agradar, sino a provocar. ¿Están listos para escuchar lo que tengo que decir? ¿O sólo para aplaudir lo que ya saben?”, preguntó la imagen, enriquecida con base en una investigación documental de Rosas, proyecto tecnológico que hizo hablar al Dr. Atl.
El experto en tecnología logró que el autor recordara su propia vida y respondiera varias preguntas del público del siglo XXI. Leal fue el primero en traer al presente las andanzas iniciales del artista: sus viajes a Europa y su regreso al México de la Revolución, donde terminaría apoyando a Venustiano Carranza, y su gran desilusión de la política y el poder.
“Ah, qué tiempos aquellos. Europa me dio método, sí. Me enseñó a mirar con otros ojos, a desmenuzar la luz y la forma; no eran paisajes indomables, como los nuestros, eran domesticados, con viñedos ordenados y castillos que se alzaban como fantasmas de un pasado ya escrito. Mis caminatas allá eran para entender cómo moldear esa naturaleza”.
Regresé a México, “y me involucré con Carranza, con la Revolución. Fui propagandista. Me lancé a la política con comunicaciones periódicas, con manifiestos radicales. Mi idea era organizar a los obreros, a los campesinos, al sector popular. Fui yo quien propuso esa estructura corporativa que luego se volvió tan característica del Estado mexicano”, dijo.
Sobre su cambio de nombre, Gerardo Murillo, por Dr. Atl, recordó que fue durante una travesía en barco en el Océano Atlántico. “El barco estuvo a punto de naufragar. Entre la furia del mar sentí que volvía a nacer. En esa tempestad me encontré con el agua, con su fuerza, y de esa experiencia surgió el nombre Atl: Agua; Dejé atrás a Gerardo Murillo.

El artista también se refirió a su amada Carmen Mondragón. “Ah, Nahui Olin. El torbellino que irrumpió en mi vida como un rayo en cielo despejado. El año de 1921, una fecha grabada a fuego en mi memoria. Yo, un hombre de 45 años curtido por las batallas de la vida y del arte, y ella, una mujer de una sensualidad desbordante y un espíritu libre”.
Otro episodio relevante en la vida de Dr. Atl, sucedió al presenciar el nacimiento del volcán Paricutín. “1943. Un campesino, Dionisio Pulido, arando su tierra y de repente la tierra se abre, exhala humo y nace un volcán. Un volcán nuevo, un bebé volcán. Un gran nacimiento en vivo y en directo. Y yo, vulcanólogo y pintor, ¡no podía perderme eso!”.
Se instaló allí, junto al monstruo que crecía día a día, hora a hora. Fue su cronista y su pintor. “Dibujé sus fumarolas, sus ríos de lava incandescente. Sentí el calor en mi rostro, el temblor de la tierra bajo mis pies. Fue una experiencia radical, una inmersión total en la fuerza de la naturaleza. Tuve una comprensión clara y profunda de la vida y la muerte”.

