DE LA PATRIA, AL BENEMÉRITO BENITO JUÁREZ

La Alameda Central de la Ciudad de México es el jardín público más antiguo de este país y todo el Continente Americano. Su diseño y construcción datan de 1592 y, desde tiempos inmemoriales, representa el paseo por excelencia. Nació cuando el Virrey Luis de Velasco quiso dar un espacio de diversión al pueblo.

Entre sus estatuas y monumentos están “La vida y la paz” de Antonio Álvarez Portugal, “Gladiador con espada”, el Monumento a Beethoven y una estatua que honra a Alexander von Humboldt. Además, sus fuentes de Venus, de Mercurio, de Perséfone, y de Neptuno y los Tritones, son una rica experiencia visual.

Sin embargo, lo que más llama la atención dentro del conjunto integrado por el jardín, las obras de arte escultórico y las fuentes de grandes formatos con aguas saltarinas, es el imponente Hemiciclo a Juárez, dedicado al “Benemérito de las Américas”, una de las figuras más importantes de la historia nacional.

El Hemiciclo a Juárez es referente y símbolo en la Alameda Central de la Ciudad de México. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El hemiciclo fue inaugurado el 18 de septiembre de 1910, durante el gobierno del General Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones del Centenario del inicio de la Independencia de México. Su construcción obedeció al interés de ese régimen por ver a Juárez como símbolo de legalidad, orden y modernidad.

El monumento, diseñado por el arquitecto italiano Guillermo Heredia, tiene forma semicircular (hemiciclo), de ahí su nombre. Está construido en mármol blanco de Carrara, importado de Italia, y consta de 12 columnas dóricas que evocan la arquitectura clásica grecorromana; al centro, una estatua de Juárez.

Esa escultura central muestra a Benito Juárez sentado, con una actitud serena y firme, acompañado por dos figuras alegóricas. Una representa a la Patria (México) y la otra simboliza la Ley. Esas figuras entregan a Juárez una corona de laurel, símbolo de victoria y reconocimiento, como lo dispuso don Porfirio.

En el fastuoso conjunto, que se localiza sobre la cara sur de la Alameda, justo sobre la Avenida Juárez, también tiene una inscripción que con enormes letras dice: “Al Benemérito Benito Juárez. La Patria”. El sitio es punto de referencia para turistas, manifestaciones públicas, actos cívicos y encuentros sociales.

El Hemiciclo no sólo honra a Juárez como presidente, también como símbolo de la defensa del Estado laico, de la soberanía nacional frente a la intervención extranjera y de la consolidación de las Leyes de Reforma. Además, es un sitio frecuente para ceremonias cívicas, sobre todo relacionadas con ese personaje.

El Hemiciclo consta de 12 columnas dóricas que evocan la arquitectura clásica grecorromana; y, al centro, una estatua de Juárez. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Quien lo mira con detenimiento se da cuenta que se trata de uno de los pocos monumentos en México construidos totalmente con mármol europeo, y que su estilo neoclásico difiere de otros posteriores, más nacionalistas. Además, ha sido gran escenario de expresiones sociales a lo largo de los siglos XX y XXI.

El Hemiciclo a Benito Juárez no es solo un monumento de mármol, también es una declaración política muy clara del México de finales del siglo XIX. Su construcción está profundamente ligada al contexto del polémico régimen de Porfirio Díaz y a la manera en que el Estado quería narrar la historia nacional.

Como ya quedó claro, se construyó durante el Porfiriato (1876-1911), periodo de relativa estabilidad política, crecimiento económico, y enorme agitación social. Con él se buscaba proyectar a México como país moderno, ordenado y civilizado ante el mundo, de acuerdo con la ideología imperante en esos años.

En ese marco, el gobierno impulsó obras públicas, monumentos y avenidas para embellecer la capital del país (como la Columna de la Independencia con su Victoria Alada arriba), y el Hemiciclo a Juárez encajaba en ese programa, por ser un monumento conmemorativo y, al mismo tiempo, propagandístico.

Aunque Porfirio Díaz fue adversario político de Juárez en el pasado, terminó haciéndolo un símbolo oficial del Estado, pues el Benemérito representaba la República, el Estado laico y la legalidad constitucional. Díaz utilizó su figura para legitimar su propio régimen y consolidar el culto cívico a Benito Juárez.

La estatura de Benito Juárez lo muestra sentado, con una actitud serena y firme, acompañado por las figuras alegóricas de la Patria y la Ley. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Mientras se levantaba el Hemiciclo, la Ciudad de México vivía un proceso de modernización urbana con nuevos paseos, iluminación, tranvías y numerosos espacios públicos al estilo europeo. La Alameda Central era punto de reunión de distintas clases sociales y un espacio simbólico del bienestar y la civilidad.

El diseño neoclásico del Hemiciclo a Juárez está inspirado en la arquitectura grecorromana asociada con república, ley y civilización, mientras el mármol blanco de Carrara representa pureza y eternidad. Benito Juárez aparece como sobria figura heroica y moral, acompañado por alegorías de la patria y la ley.

El Hemiciclo se inauguró prácticamente dos meses antes de que estallara la Revolución Mexicana, y eso lo vuelve especialmente significativo, porque representa el último gran gesto simbólico del Porfiriato. Lo cierto es que el Hemiciclo a Juárez es ejemplo de la modernización urbana de la capital.

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