EL INCENDIO DEL PORTAL BRAVO, PRETEXTO PARA LA “MODERNIDAD” LEONESA
Mientras que la ciudad de Guanajuato comenzaba su reconstrucción luego de la decadencia generada por el colapso de su industria minera, la ciudad de León le apostaba a la que consideraban “modernidad”. Poco valor se le daba en ese momento al legado arquitectónico.
En 1929, un incendio destruyó el mercado Hidalgo —hermoso edificio del siglo XIX— y en su lugar fue erigida una plaza; en 1945 otro siniestro acabó con el portal Bravo, en el lado oriental de la plaza principal, y en su lugar se construyeron edificios de varios pisos, modernos para su tiempo, que dieron la pauta para la construcción de otros, pero a costa de transformar la imagen arquitectónica legada por la historia. Mientras que urbes de la región como Querétaro, San Luis Potosí y Morelia mantenían la imagen antigua de sus centros históricos, en León lo “modernizaban”. La construcción del “eje avenida” —boulevard Adolfo López Mateos— le habría de dar la puntilla.

La tragedia
El incendio en el portal Bravo ocurrió el 27 de abril de 1945. Era conocido como “El portal de Las Palomas”, donde desde los años veinte del siglo XIX se habían instalado múltiples negocios como el célebre comercio “Las Palomas”, “La piquería” (tienda de abarrotes), Mercería Rembez y Bezaury (de los franceses don Ramón Rembez y Ulises Bezaury), la tienda de ropa de Don Joaquín González (una de las personas más ricas de León), los cajones de ropa “El Puerto de Liverpool”, el “Escritorio de la Viuda de Cánovas”, entre otros.
En la esquina estaba el edificio de “La Primavera”, que sobrevivió al siniestro y es el único vestigio antiguo del portal.
De acuerdo con información del Archivo Histórico Municipal, la versión sobre la tragedia es que en la zona se encontraba un estanquillo de madera donde se vendían periódicos, revistas, cigarros y billetes de lotería. Eran las 6 de la mañana de un día que amaneció frío. Varios “papeleritos” encendieron una fogata dentro de la caseta para calentarse. El fuego alcanzó algunos periódicos y rápidamente se salió de control y se extendió a los edificios.
Aunque desde 1930 la ciudad contaba con un cuerpo de bomberos, no se contaba con equipamiento adecuado para un siniestro de esas dimensiones: se dio la alarma, pero ya era demasiado tarde; vecinos y bomberos nada pudieron hacer para salvar todas aquellas mansiones construidas durante los siglos XVIII y XIX, las cuales comenzaron a venirse abajo a las 7:15 de la mañana. “Insuficientes las bombas y escasa el agua”, citan los documentos de la época.
El portal ardió desde la esquina con Madero casi hasta la esquina con 5 de febrero. Los techos de las fincas tenían vigas de madera y eso los destruyó. La cantera quedó como casi único referente. La reconstrucción sería larga y costosa. Los dueños de los negocios perdieron patrimonio: ni ellos ni gobiernos tenían recursos. El incendio del parián había demostrado que tampoco había conciencia plena de conservación o rescate del patrimonio arquitectónico.

Llegó la modernidad
Un año más tarde, don José Pons, empresario de ascendencia francesa, se dio a la tarea de construir el edificio más grande que hasta entonces hubo en la ciudad. La obra concluyó en 1955. Se le llamó “Edificio Pons”. Ahí estarían los almacenes de “Las Fábricas de Francia” y decenas de despachos en los pisos superiores. También llegaría a estar el emblemático Hotel Condesa y en la parte baja estuvo una de las sucursales de la famosas zapatería “Tres hermanos”.
Estos nuevos edificios estuvieron en riesgo el 24 de marzo de 1954, cuando en la calle Madero —a la vuelta— ardió la Droguería Francesa. Debido a que también el siniestro alcanzó a la Tlapalería Francesa, el incendio fue de tal magnitud que debieron acudir bomberos de la región. Esta vez sí hubo cobertura completa, con texto y fotos, gracias a los dos diarios existentes en la ciudad: El Sol de León y Noticias. La destrucción de la finca llevó a reconstruir el negocio acorde a los modelos modernos de su tiempo. De esa manera el centro histórico leonés quedó “campechaneado” con lo antiguo con lo moderno.

La plaza principal cambió su fisonomía no sólo en el portal Bravo: entre la parroquia del Sagrario y el costado izquierdo de la presidencia municipal estaba un antiguo convento franciscano, que fue construido entre los siglos XVI y XVII. Funcionó como seminario y colegio y fue demolido alrededor de 1953 para construir la tienda Woolworth, inaugurada en 1955 con diseño moderno de la época. Tras convertir la plaza en zona peatonal, el edificio fue remodelado más acorde al diseño virreinal. Décadas después cerró Woolworth y el edificio fue convertido en un centro comercial.
Sólo quedó el recuerdo del hermoso patio interior, suplido ahora por locales comerciales.
Estos dos edificios fueron ejemplo para otros similares: una vieja casona ubicada en la calle Pino Suárez esquina con 5 de Febrero, frente al edificio Primavera, fue demolida y en su lugar fue construido el Hotel Real Rex. La obra empezó el 1 de enero de 1955 y finalizó el 12 de diciembre de 1963. Contaba con 96 habitaciones y se convirtió en uno de los cinco edificios más altos de la ciudad. El corte del listón corrió a cargo del gobernador Juan José Torres Landa, y la bendición fue realizada por el R.P. Vicente Zamora.
En sus mejores tiempos, en los salones de fiestas se presentaron artistas de la talla de Olga Breeskin, Armando Manzanero, José Alfredo Jiménez, La India María, Pedro Vargas, Los Dandys y José José.
Le siguieron el Hotel León, ubicado en la calle Madero, entre Emiliano Zapata y 5 de Mayo. Una antigua finca virreinal había sido adaptada como hotel en 1938. La moda de modernidad llevó a su derribo para ser suplida por un emblemático inmueble de estilo Art Déco, que fue inaugurado oficialmente el 12 de diciembre de 1963 también por el gobernador Juan José Torres Landa.

Había llegado una “modernidad” que en 1964 sería refrendada con la inauguración del “eje avenida”, fiel al modelo desarrollista del milagro mexicano, aplicado en la entidad con el Plan Guanajuato impulsado por Torres Landa.
Varias fincas antiguas fueron derruidas para construir cines, comercios y hasta escuelas en el centro de la ciudad. Mientras que ciudades de la región como Morelia, Querétaro y San Luis Potosí mantuvieron y embellecieron sus centros históricos que con el tiempo fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, León quedó con el suyo variopinto, donde lo antiguo fue cada vez más afectado.
La conciencia por preservar el patrimonio arquitectónico apareció prácticamente hasta el siglo XXI y lo más destacado fue el rescate de la Plaza de Gallos. Lo que podía haber sido una integral referencia al León virreinal quedó contaminada por esos edificios “modernos” que surgieron tras el incendio del portal Bravo.
Fuentes
Memoria Leonesa, número 3, órgano de información del Archivo Histórico Municipal de León.
Portal Valle de Señora, a cargo del fotógrafo Armando Ruiz Vera

